Capítulo 11— El escondite
Una noche escucharon algo distinto.
Pasos.
Muchos pasos.
Un guardia dijo una palabra que ya conocían.
La habían escuchado muchas veces
—Traslado.
El galpón quedó en silencio.
Graciela sintió algo frío en el pecho.
No sabía por qué.
Pero tuvo la certeza de que algo, le iba a suceder.
Esa noche sacó la libreta.
Pasó las páginas lentamente.
Había muchos nombres.
Más de los que podía recordar.
También estaba su historia
Aquella que era parecida a la de muchos.
Miró a su alrededor.
Las sombras de las personas dormidas.
Las respiraciones cansadas.
Sabía que no podía tener el cuaderno con ella.
Si encontraban el cuaderno, seria destruido
No podía permitir eso.
Buscó entre su ropa.
Arrancó un pedazo del forro de su saco.
Envolvió el cuaderno con cuidado.
Se fijo que estuviera bien envuelto
Tratando de no hacer ruido
De no llamar la atención
Se acercó a las chapas y maderas
Que ejercían como techo
Entre ellas había un pequeño hueco
Que era perfecto para lo que quería hacer
Metió el paquete ahí
Lo empujó hasta que quedó escondido.
Volvió a su lugar.
Tratando de no hacer ruido
Se sentó y espero que su presentimiento se hiciera realidad
Como siempre lo hacia.
Antes de permitirse cerrar los ojos
Rezo por última vez
Le pidió dios que cuide de su madre si no llegaba a volver
Que no la dejara sola
Que si moría le ayudara a pasar el duelo rápido
No quería que su madre sufriera.
También le reclamo
¿porque ella?
¿Por qué tenía que sufrir todo esto?
Este era el plan que él tenía para ella
Esto era lo que estaba destinada a hacer
Una pregunta que la carcomía
Pero nunca tendría respuestas
Porque ni dios ni ellos le contestarían.