No fue ese mensaje,
ni ese silencio en el auto,
ni las veces que miro el teléfono
esperando que me preguntes si llegué.
Creo que hace tiempo
algo dentro mío viene pidiendo auxilio.
Me cansé de esperar una palabra,
una caricia,
un “¿cómo estás?”,
un “te extrañé”,
un “vení, sentate conmigo”.
Me cansé de sentir
que cuando hablo demasiado, molesto,
y cuando me callo,
me estoy muriendo un poquito por dentro.
Vos me decís:
“ocupate de tus cosas,
hacé lo tuyo”,
y quizás para vos sea libertad,
pero para mí suena a distancia.
Porque yo no quería solamente una casa.
Quería un hogar.
No quería solamente compartir un techo.
Quería escuchar alguna vez
“esto es nuestro”,
“hagamos esto juntos”,
“pensamos en nosotros”.
Pero siempre sentí
que era tu casa,
tus cosas,
tus proyectos,
tu vida…
y yo,
de alguna manera,
estaba de paso.
Yo sé todo lo que hacés por nosotros.
Sé que ayudás,
sé que no nos reclamás,
sé que económicamente estás presente
y te lo agradezco con el corazón.
Pero el amor no es solamente dar.
También es mirar.
Escuchar.
Compartir.
Elegir.
Hacer lugar.
Y yo necesito sentir
que tengo un lugar en vos.
No quiero seguir preguntándome
si me querés,
si estás contento conmigo,
si hay alguien más,
si te molesto,
si preferís que me calle.
No quiero seguir interpretando
cada beso,
cada abrazo,
cada silencio.
Quiero una verdad.
Aunque duela.
Porque quizás ya no quiero seguir acá.
Quizás no quiero seguir esperando
que algún día me quieras
de la manera en que necesito ser querida.
Y eso me asusta.
Porque irme no es simplemente cerrar una puerta.
Es empezar de nuevo.
Es pensar en Luciano,
en una escuela,
en un trabajo,
en una casa,
en poder pagar mis cosas,
en aprender a sostenerme sola.
Y estoy empezando.
Despacio.
Buscando una escuela,
buscando una posibilidad,
imaginando un lugar
donde pueda decir:
“Esta es mi casa.”
No porque quiera quitarte nada.
No porque no valore lo que me diste.
Sino porque quiero volver a sentir
que mi vida también me pertenece.
Y si algún día me quedo,
quiero que sea porque te elijo.
No porque no tengo adónde ir.
No quiero ser una carga.
No quiero ser una obligación.
No quiero perseguir amor.
Quiero sentirme elegida.
Quiero un nosotros.
Y si ese nosotros ya no existe,
quizás lo más doloroso
no sea irme.
Quizás lo más doloroso
sea quedarme
sabiendo que hace mucho tiempo
ya me sentía sola estando a tu lado.