El amor encerrado en su habitación, pensaba
Y sentía en sus labios
ese sabor amargo de la despedida,
ese bebedizo de la traición,
esa mirada cortante del desamparo.
El amor, vestido de magia repentina,
solo esperaba, sin perder la esperanza,
que ese otro volviera
con un traje de su misma época
y le explicara por qué se había ido.
El amor, cansado de luchar por sí mismo,
De poner todas sus fuerzas en el desamor,
Fue levantado por esa que se hacía llamar traición.
Y sonrió, diciendo:
Era yo mismo quien esperaba detrás de esa puerta.
Me ilusioné creyendo que era otro,
pero era mi propia voz, sonriente, amante,
negando que era el amor.
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