Nos conocimos una tarde cualquiera,
sin saber que cambiarías mi vida entera.
Anie te invitó, comenzamos a hablar,
y sin darme cuenta te empecé a amar.
Llegaron las citas, los nervios, la emoción,
y aquel primer beso se quedó en mi corazón.
Fue en aquel cine donde te pude besar,
y por un instante sentí que te podía alcanzar.
Después vino el parque, caminando a tu lado,
con tu madrastra y tus hermanitos al costado.
Poco a poco me dejaste entrar,
a tu familia, a tu mundo, a tu forma de amar.
Conocí a tu padre, después a tu mamá,
y poco a poco a tu familia demás.
Tu padre me aceptaba, pero ella no,
quizás por nuestra edad, quizás por lo que pensó.
Y aun así seguimos, entre besos y palabras,
creando recuerdos que mi corazón guarda.
Yo estaba feliz, no quería despertar,
porque contigo sentía que había encontrado mi hogar.
Pero un día terminaste y todo se quebró,
y al día siguiente otra verdad me golpeó.
Anie me contó que alguien nuevo llegó,
y que quizás otro amor tu corazón conquistó.
Quise preguntarte, aunque ya lo sabía,
porque necesitaba escucharlo de ti ese día.
Pero te molestaste, dejaste de hablar,
y yo solo quería entender, no pelear.
Dos días después intenté preguntar,
si estabas molesta, si podíamos hablar.
Pero llegaron palabras difíciles de olvidar:
“Olvídate de mí, tienes que continuar”.
Y yo me quedé recogiendo los pedazos,
extrañando tu voz, tus besos y abrazos.
Tú seguiste adelante como si nada doliera,
mientras yo luchaba con mi propia tristeza.
Me tomó casi un mes comenzar a entender,
que aunque yo te amara, te tenía que perder.
Pero lo que más me dolió aceptar,
fue ver que a ti no te costó tanto olvidar.
Le regalaste cosas que nunca me regalaste,
hiciste con él lo que conmigo nunca intentaste.
Se hicieron novios en tan poco tiempo,
mientras yo seguía atrapado en nuestro momento.
Lo llevaste al cumpleaños de tu hermano también,
algo que conmigo nunca llegaste a hacer.
Y aunque no debería compararme con él,
mi corazón lo hace y me pregunta por qué.
¿Por qué fue tan fácil dejarme atrás?
¿Por qué con él hiciste cosas que conmigo no harás?
¿Por qué yo sigo aquí, sin poder avanzar,
mientras tú encontraste a alguien más para amar?
Me dijiste que te enseñaron a superar,
que debías aprender rápido a olvidar.
Quizás esa sea tu manera de sanar,
pero yo no aprendí tan fácil a dejar de amar.
Porque yo te amé de verdad, sin condición,
te entregué mis ganas, mi tiempo y mi corazón.
Te di todo el amor que pude entregar,
y aun así sentí que no fui nada al final.
Quizás para ti fui solamente un capítulo,
mientras para mí fuiste algo infinito.
Quizás tú cerraste nuestra historia sin dolor,
mientras yo sigo viviendo entre recuerdos de amor.
Y ahora me dicen que aún te preocupas por mí,
que aunque ya no seamos nada, preguntas por mí.
Pero perdóname si no lo puedo creer,
porque tus acciones me enseñaron otra vez.
Porque mientras tú aprendías a continuar,
yo aprendía lo difícil que es dejar de amar.
Tú encontraste otro camino y pudiste seguir,
y yo sigo preguntándome qué hice para perderte así.
No te odio, aunque me duela recordar,
ni quiero que seas infeliz por verme llorar.
Si encontraste a alguien que te haga sonreír,
una parte de mí desea que puedas ser feliz.
Pero duele querer tu felicidad a costa de la mía,
sonreír por ti mientras por dentro me destruía.
Decirte “sé feliz” con el alma partida,
cuando yo todavía te quería en mi vida.
Y aquí estoy, como un idiota, todavía dolido,
abrazando recuerdos de lo que hemos vivido.
Tú ya estás con alguien, aprendiendo a querer,
mientras yo sigo intentando aprender a perder.
Tal vez algún día pueda mirar hacia atrás,
sin preguntarme por qué me olvidaste tan rápido.
Tal vez algún día pueda volver a sonreír,
sin sentir que una parte de mí se quedó junto a ti.
Pero hoy todavía duele, y no voy a mentir,
todavía hay noches en las que quisiera volver a ti.
Porque aunque tú hayas podido continuar,
mi corazón todavía no aprende a dejarte atrás.