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NO ES CUENTO (cuento)

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NO ES CUENTO

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Pensamiento

Pensamiento

Ovid

Casi cincuenta años entre La Columna de Maracaibo y una canción nueva, y el cuento sigue terminando igual: un muchacho con una tiza escribiendo en la pared del camerino. Me gusta pensar que un texto guardado así vuelve a subir al escenario cada vez que al

Casi cincuenta años entre La Columna de Maracaibo y una canción nueva, y el cuento sigue terminando igual: un muchacho con una tiza escribiendo en la pared del camerino. Me gusta pensar que un texto guardado así vuelve a subir al escenario cada vez que alguien le pone música. Gracias por traerlo aquí!

Contenido de la publicación

NO ES CUENTO

(Cuento)


“Sutil y raudo, como el dulce sueño cabalgando nubes blancas, un pensamiento.”

¡Hambre, muerte, desespero!

Perdón…

“Un tierno cuerpo de pétalos de rosa, - ¡flageles, drogas, frustración!-  El joven aspirante a declamador y poeta, acosado por las inquisidoras miradas del numeroso público presente huyo velozmente del Teatro. Como no ha tenido tiempo de pensar, siente sobre si el látigo público, ciego y humillante del ridículo, sus piernas, como acicateadas por extraña estimulaciones, no cesan en su casi histórica acción; los pulmones responden a la nueva situación, acelerando su vital proceso. El corazón, urgido como está el cuerpo, de más rápida y constante irrigación, multiplica su dinámica al efecto.


Lo que por aquellas calles se desplaza, es una organización acéfala e involuntaria, ajena a cualquier relación inteligente con otras personas, cosas, ambiente o circunstancias, únicamente corre… corre…corre…huye…huye… y nada más…


Mientras que en el interior del Teatro, algunos no atinan una lógica explicación de lo ocurrido, otros lamentan insensatos la eventualidad, muchos critican en forma ridiculizante el suceso y son apenas unos pocos los que inteligentes, comprensivos y hasta emocionados, saben haber asistido a una de las más manifiesta afloraciones de personalidad, inquietudes y consecuencia mental para una causa.


Transcurridos varios minutos de su huida, merman las reserva energética a la vez que paulatinamente retoma su facultad la inteligencia, por lo que el joven decide buscar sobrado refugio en un solitario parque periférico, donde yacer, trata, hilvanando hechos, motivos y circunstancias de encontrar lógicas explicaciones a lo sufrido. Ubicar su actitud en el futuro y señalarse metas, que según concibe, son objetivos sin los cuales, todo esfuerzo, actuación o vocación permanecen expuestos al caos y sin cuyas motivaciones, puede decaer el espíritu de lucha y tenacidad.


Siente hambre y asocia esa sensación con la triste realidad de su país, donde tantos vegetan pereciendo perennemente el desagradable efecto; se da cuenta que la fatiga que le que aqueja, sería capaz, junto al hambre, de conducir a cualquier humano a las más drástica soluciones. Compara su malestar, provocado por el esfuerzo físico de unos minutos con las largas jornadas que a cambio de míseros salarios, realiza la gran mayoría de los obreros del campo y la ciudad y les ve como mártires sociales, recuerda la vergüenza experimentada en el Teatro, y al parangonare con la constante situación de inferioridad que a diario confrontan cientos de miles de analfabetos y se cree deudor para con ellos, escucha el gemir del viento entre los pinos y representa en él, el llanto de todo los niños que en el mundo hay, sin hogar, hamacas, ni futuro, mira con los ojos de la conciencia el libre juguetear de un pajarito, que con suave coordinación y esfuerzo imprime artística vitalidad a su vuelo, y piensa preocupado en los millones de jóvenes, que víctimas del marginamiento a todos los niveles han errado los mejores senderos de la vida y precisamente en sus mejores años, purgan en cárceles, retenes o correccionales su deudas para con una sociedad, que si bien no los coloco en esa situación, si les impuso normas de injusticia a la vez que los abandono sirviendo a sus mentes, factores, circunstancias, ejemplo y cosas, capaces de construir, un delincuente en cada joven.

Los que en el teatro, creyeron ver en el joven declamador y poeta y gracias a su aparentes desplantes, el amanecer de un líder, en el más genuino sentido del vocabulario, e interesaron de su suerte y fue así como formando grupos separados, se dieron a la tarea de localizarlo, con el fin de, haciendo uso del vasto conocimiento que el acopio colectivo otorga, facilitarle la labor para la cual parecía predestinado y con la oferta de su comprensión estimular su vocación artística como canal innato para llevar la voz de la protesta humanitaria y social, ante la consabida situación reinante.


Era domingo, comenzaba a oscurecer, aquel muchacho tenia cerca de siete horas sentado sobre el duro banco del periférico parque, el continuo asociar todo lo que le circundaba con tantos eventos tristes y negativas realidades, le había fortalecido concepto e ideas, dando marco a la interpretación cabal a lo que hasta hacía poco eran abstractas inquietudes, tornándolas en solidos principios que ya le serian indelebles. Siente agigantar su espíritu y se declara a sí mismo: desvestido de inhibiciones y complejos y en consecuencia anímicamente capaz de emprender su largo camino en pro de la justicia social, se propone conocer ciertamente la problemática de su país, para luego a través del arte, aportar estímulos, arenga y consigna, con destino a la formación social y de clases, capaz de promover el ascenso del pueblo para su realización.

Uno de los grupos que durante toda la tarde buscaba al fugitivo, se ha detenido justo al frente al asiento que ocupa el joven; cumplida la presentación y previa formalidades, informan a él acerca de su solidaridad y comprensión, así como de las conclusiones por ellos extraídas del aparente fracaso en el primer intento por el realizado esa mañana en el Teatro, cuando tratando de cantar poesías, brotaban espontáneas palabras denunciantes, atormentadoras. Le solicitaron recibir su compañía, para juntos cruzar todos los caminos de la justicia social y el progreso popular, cantar protestas y soluciones, cantar lucha y convicciones y trabajo, pero sobre todo cantar con esos fundamentos a la esperanza, la paz y el equilibrio. No se puede cantar a la belleza, sin denunciar errores.


“Sutil y raudo como el dulce sueño cabalgando nubes blancas, un pensamiento: preñada esta mi tierra de injusticia; llena con rocíos de igualdad y de trabajo.”

 

Respondió a una señal ya convencional del Director, el tramoyista deja caer el telón, el auditorio se conmueve brindando un nutrido aplauso, premio a la feliz actuación que acaba de finalizar. Aquellos presentadores y actores, una y otra vez se ven en la necesidad de saludar al delirante público, hasta que la calma llega. El joven que protagonizo la triunfal pieza, medita emocionado sobre el contenido humano y social del personaje que le toco interpretar, se siente penamente identificado con él. Aquellos principios. Se cree culpable por no haber asumido mucho antes la actitud. Aquel rol interpretativo hoy le guía y como un escape emocional, toma un trozo de tiza y en uno de los lugares más visibles del camerino escribe la primera proclama de su rumbo:

¡Hambre, muerte, desespero, flagelos, drogas, frustración! Hieren tanto mi sentir y mi corazón como hieren a la tierra que yo quiero. 


José Luis Parra Boscán.

Publicado en el diario La Columna de Maracaibo el día 9 de agosto de 1977.

Accede a la canción, basada en este cuento, a través de los siguientes enlaces:

https://vkvideo.ru/video-231361250_456239251

Thoughts

  • Anselma

    En el 77 yo tenía dieciséis años y en los festivales de la escuela se cantaban canciones de protesta con esas mismas palabras, hambre, justicia, el pueblo. Me dio gusto verlo volver ahora con canción.

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  • jmCastaneda

    Yo de teatro no sé nada. En el 2009, en la ruta a Buga, un muchacho se subió a recitar por monedas, se le olvidó el verso a la mitad y se bajó en la parada siguiente casi corriendo. Nadie le dijo nada.

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  • porCuriosidad

    Hasta la mitad pensé que al muchacho le había pasado de verdad en el teatro. Después cae el telón y recién ahí entendí que todo lo de antes era la obra. La frase de las nubes blancas sale al principio y otra vez casi al final, pero la segunda vez trae pegada la tierra preñada de injusticia. Mi idea es que la primera vez el pensamiento todavía no sabe de qué va, y la segunda ya lo sabe.

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  • Ovid

    Casi cincuenta años entre La Columna de Maracaibo y una canción nueva, y el cuento sigue terminando igual: un muchacho con una tiza escribiendo en la pared del camerino. Me gusta pensar que un texto guardado así vuelve a subir al escenario cada vez que alguien le pone música. Gracias por traerlo aquí!

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  • MateoSilva

    Me la creí entera hasta el telón. Venía con el muchacho siete horas en el banco del parque y con el grupo que lo sale a buscar, y de golpe era la obra y el aplauso era para el actor. En los salones donde armo sonido he visto a más de uno bajar del escenario y quedarse sentado atrás sin hablar, con el personaje todavía encima. La tiza en la pared del camerino la leí por ahí: la proclama ya la escribe el actor con su propia mano.

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