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La extranjera del mundo

Tom
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(una continuación a "una asesina en la carretera)

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Contenido de la publicación

Tras confirmar la inocencia de Victoria PELIGRO, el grupo realizó un pequeño desvío en forma de receso.

“Las costumbres de estas personas son extrañas”, observaba Victína Eclipse desde el asiento del copiloto, ensordecida por el ruido del motor, más el de la música fuerte que la conductora mantenía alta. Victína permanecía con sus ojos grises en Victoria, quien sentía cómo su acompañante no parpadeaba. De repente, bajó la música y se estacionó enfrente de un edificio gris y alto.

—¿Nos detenemos aquí por alguna razón?

Victoria se tomó unos segundos para responder mientras los sonidos naturales destrababan sus oídos.

—Ah, sí… ¿Cuál era la pregunta?

“¿Se estará quedando sorda por la edad?”, se preguntó Victína con sus escasos conocimientos sobre el tema, así que solo repitió pacientemente.

—¡¡Qué dónde estamos!!

—Sí, sí, estamos frente a mi casa. Quería empacar cosas antes del viaje.

—¿Por qué?

—Porque es un viaje largo y vamos a necesitar provisiones y ropa de repuesto.

—¿Por qué?

—Porque no puedo estar vestida todo el tiempo con la misma ropa.

—¿Por qué?

—Ok, no es gracioso —Victoria frenó la discusión—. Bájate del auto ahora. Tú también, Dis.

Victína vio a Distract Novato, que estaba en el asiento trasero, con la mano en el pecho y muy agitado, una reacción curiosa para ella. Bajaron del auto y Victoria tomó la delantera para guiarlos, pero el hombre la detuvo.

—¿Por qué no le dijiste nada en el viaje? —le preguntó.

Victína giró de lado la cabeza.

—¿No será algo que querías decir tú?

—No podía, porque ella no alcanzaba a oírme con el ruido. ¿No te parece que está loca? ¡¡Pudimos haber muerto!! ¿Y qué tal si lastimamos a alguien? No puedo manejar por el frasco en mi mano, pero la próxima vez yo seré el copiloto.

—No te preocupes, mi amigo, renunció a la copilotacía —le puso una mano en el hombro mientras esperaba no renunciar a nada importante.

Entraron en el edificio: un ambiente gris y depresivo, con puertas mohosas y goteras, aun sin lluvia.

Victína se detuvo a recorrer el lugar de esquina a esquina con sus ojos, con una pequeña sonrisa.

—¿Las puertas siempre ocultan lugares tan maravillosos? —preguntó Victína en tono neutral.

—Bueno, supongo que vivirás en un palacio.

—Odio los palacios, pero los jardines me encantan.

Se acercó a una puerta y se agachó para acariciar el pequeño moho que la cubría.

—De donde vengo solo pueden crecer plantas de este tamaño, trae recuerdos.

Creyeron distinguir por primera vez una sonrisa en la cara de la chica de pelo platinado.

—Levántate ya, tenemos que subir.

Se levantó y miró directamente a los lentes de Victoria.

—¿Vives en la cima de la torre? Mi padre vivía en la cima de una torre.

—No, en el piso 4.

Victína sintió paz al escucharlo.

—Mejor así, detesto a mi padre.

Caminaron por el pasillo hasta las escaleras simples y subieron hasta el piso 4. “Es igual que el piso 1, pero más alto. Les debe encantar la vegetación”, pensó la extranjera mientras caminaban por el piso de la peligrosa.

Victoria tomó su llave, miró a sus acompañantes y miró la puerta con la calma de un perezoso. Abrió la puerta y dejó entrar a ambos.

—Ya entiendo —se maravilló Victína al comprenderlo—. Tienes esta sección del castillo, pero el castillo es compartido, ¿cierto?

—Sí, sí, eso —explicó Victoria.

—Supongo que pasaremos la noche aquí —dijo Distract al entrar y desplomarse en la cama de Victoria—. No saben hace cuánto no siento algo similar a esto. ¿Puedo usar la ducha?

—Adelante, como en tu casa.

Victína aprendió lo que era un baño y Distract probó la ropa de un antiguo amigo de Victoria. Compartieron media pizza de coco recalentada y llegaron juntos a las 11 de la noche.

Victoria desplazó dos bolsas de dormir en el suelo y se metió al baño. Distract, impaciente, se metió tras una cortina con la promesa de que Victína no mirara.

—¿Alguien quiere la cama? —dijo Victoria tras salir en pijama del baño.

—Si no te molesta, la acepto —Distract se acurrucó bajo las frazadas ya deshechas de Victoria.

—Ok, ¿y tú vas a dormir con eso? —señaló Victoria a la ropa ostentosa que traía la chica de pelo plateado.

—No te preocupes, yo duermo como pueda.

—No debería ser difícil.

—Insisto en mantenerme como estoy.

—Bien, bien, descansa. ¿Puedes apagar la luz?

Miró a su alrededor, buscó algo que pudiera apagar y lo primero que tocó fue el interruptor correcto. Victoria le agradeció y se acomodó en su bolsa de dormir. “¿Ahora qué están haciendo?”, se preguntó Victína mientras esperaba algún movimiento o acción.

Se sentó sobre su bolsa de dormir y miró tanto a uno como a la otra con atención hasta que empezó a escuchar un sonido nuevo: ronquidos. “¿Será de mala educación interrumpir?”

Victína esperó en su lugar un rato hasta que se levantó. Se asomó por la ventana a pensar en esas últimas horas que cambiaron sus planes.

—Ya estoy vieja para esto —susurró para no interrumpir lo que sea que hagan.

Saludó a los cuervos que pasaron frente a su ventana con gomitas de coco y sandía. Miró la redonda luna al preguntarse si sería hermana del sol. Y, al final, por la ventana bajó, cuidadosa pero con velocidad; se apoyó en el suelo y caminó.

—Siempre me pregunto qué pasa con todo el mundo cuando los puntos aparecen en el cielo y el aire refresca. ¿Pero todos duermen? Parece un ritual extraño.

Supo que debía esperar, aunque no entendía por qué perder el tiempo así. Respetó esa costumbre y aprovechó para recorrer la zona.

La chica siguió a los gatos, los ruidos y conoció un poquito más el mundo antes del amanecer. Cuando el sol salió, volvió al auto de Victoria mientras un perro de la calle le hacía compañía.

—¡¡Victína!! —salió corriendo la señorita PELIGRO del edificio.

—¡Qué bien! Ya terminaron.

—¿Por qué saliste?

—Estaba aburrida.

—¿Por qué?

—Porque se quedaron quietos y me hicieron sentir incómoda.

—¿Pero dormiste?

—Creo que no.

Victoria respiró y usó su lógica. Abrió la puerta trasera del auto con la llave y la hizo entrar.

—Bien, voy a despertar a Distract. Tú acuéstate y trata de dormir en el auto durante el viaje.

Victína hizo caso y entró. “Tal vez no son raras costumbres, tal vez lo necesitan, tal vez eso son las puertas”.

Thoughts

  • dcabrera55

    Victoria conduciendo sin escuchar a nadie, Distract asustado, Victína observando todo. Son tres especies distintas en el mismo auto.

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