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Narraciones de un pueblo inmerso en la guerra ( Ramos de flores)

Padahi

Contenido de la publicación

                                                Ramos de flores

Ando por el camino empedrado que lleva al viejo cementerio de la vieja capilla de nuestro amado, San Juan Bosco. Uno de los edificios religiosos más antiguos de nuestra comarca isleña, y, el único con un cementerio para los pobres, llevaba mis manos dentro de los bolsillos de la vieja campera, hace frio, y si bien el sol esta alto y da algo de calor, el viento pega fuerte, además de traer el olor del mar, trae algunas nubes que, para mí, a ojo, viajan a mil y tantos de kilómetros por hora, se mueven rápido. Algo de agua se me escurre de la nariz por las ráfagas, siento el rostro frio, pero el viejo camperon me cubre perfectamente, mientras voy haciendo el paso. En mi cabeza retumba las palabras de mi padre

-¿Para qué queres ir?-

Yo no le respondía, el insiste nuevamente

-¿Te pregunte que para que mierda queres ir?-

Mi madre me enseño el respeto, y siempre me aconsejaba

-Si no tenes nada positivo que responder, solo quédate callado-

Cuando este se aburría de que yo no le respondiera, se acercaba y me daba vuelta la cara de un cachetazo, yo, solo me quedaba quieto, apretando los puños cuyos brazos caían a los lados del cuerpo, sin decir ni maldecir ni quejarme por la vida que me tocó vivir, mi padre, al fin me decía

–¡Ándate a la mierda!-

Y seguía bebiendo, sosteniendo una foto de su esposa, yo solo salía y comenzaba a ir, paso a pasito, por el viejo camino empedrado que lleva a la vieja iglesia de San Juan Bosco. Cuando llego a lo de doña Mercedes, me quedo un rato esperando a ver si la encontraba en el jardín, arreglando su colección de margaritas, raramente, no estaba, imagine que estaría somnolientamente pegada a la estufa de leña, el frio para una nonagenaria no suele ser amigable para los huesos, veo humo de la chimenea, pero no me atrevo a golpear la puerta y perturbar su tranquila media tarde, luego de un rato, vuelvo a seguir mi camino, no alcanzo a dar más que unos pasos cuando oigo que alguien grita mi nombre, giro hacia la dirección de donde calculo puede llegar el sonido, es Mercedes, venía a pasito rápido, no daba zancadas largas, pero venia ligera, algo en su andar, me recordó a las mujeres japonesas o chinas de pies pequeños, que parecían flotar al caminar

-¿Necesita algo Mercedes?-

-¡¡¡Siiiiii!!!- espérame-

Cuando estuvo a poca distancia me pregunto si iba al cementerio, le respondí que sí, ella mira mis manos y se percata que no llevaba nada, sus ojos se cruzan con los míos

-Y porque no le llevas algunas margaritas-

Me dijo

-No quería molestar Mercedes-

Respondí, sintiéndome culpable por alguna extraña e inexplicable razón.

-Nada de molestias, veni, ármate dos ramos. Una para vos y otro para…. Otro para…

-No se preocupe, pero usted me va ayudar a escoger las flores-

-De acuerdo-

Me respondió, con una sonrisa que, si bien no es bella, por la falta de algunas piezas dentarias, es hermosa por su sinceridad, yo delante ella detrás, señalando con el dedo que flores cortar, al cabo de un rato armamos dos hermosos ramos de margaritas. De su delantal saca un pedazo de hilo, color rosa, midió mitad y mitad y corto, mientras sostengo el manojo de plantas, ella los ata con suma delicadeza, cuando hubo de terminar el metódico trabajo, se queda observando la gran obra de arte

-Ya está muchacho, cuando regreses, pásate un ratito, y nos tomamos un té con biscochos dulces… ¿Está bien?-

-Me parece perfecto-

Espere unos minutos mientras Mercedes va a pasitos rápido, al llegar, se detiene en el umbral y levanta el pulgar, yo le respondo, la puerta se cierra y solo queda la fachada de la vieja casa, con la vieja chimenea humeando. Ahora el frio es más intenso. Falta nada para llegar, cuando me percato que suena la sirena, eso no es bueno, pero ya no tenía tiempo de correr, de volver a casa, solo rezar para que nada explotara cerca, a los lejos, venían los primeros bombarderos, los veo, estarán a nada de distancia, llego con lo justo, primero visito la tumba de María Ester, le dejo el ramillete

Un presente que lo manda tu mami

Sigo camino, escucho más cerca los motores, los tengo sobre mi cabeza, me arrodillo, dejo el presente en la tumba de mi madre

- Lo siento Mamá, tendría que haber sido valiente, pero ahora, estaremos los dos, juntos

Cuando pensé que ya estaba todo perdido, nuestras defensas le dan de lleno al primer avión, este pierde altitud y cae de bruces, pasando la primera colina, el primer acantilado y se pierde en las costas y fuera de mi vista

Thoughts

  • hornerito4

    Uy no, parce, la sirena.

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  • Ovid

    Las margaritas de doña Mercedes, atadas con el hilo rosa del delantal, en medio de un padre que pega y de una sirena: una señora de noventa años que no deja que nadie vaya al cementerio con las manos vacías. Me quedé con el té con biscochos pendiente, porque es lo único del relato que mira hacia mañana. Gracias por compartirlo aquí.

    Permalink
  • MIRTONA

    El papá con la foto de la esposa en la mano, pegándole al hijo. Ese hombre lo culpa de la muerte de la mamá, mija, apuesto.

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