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Parte 8. Recuerdos que parecen casualidad

ChrisBang

Contenido de la publicación

El sábado llegó sin que ninguno de los ocho tuviera una respuesta para las preguntas que llevaban días acumulándose.

Quizá por eso Felix decidió que necesitaban salir.

No propuso hablar de sueños, ni de llaves misteriosas, ni de mujeres que parecían conocer secretos imposibles. Simplemente escribió que todos tenían que desayunar juntos y comenzó a enviar fotografías de comida hasta que nadie pudo ignorarlo.

Felix: A las diez. Todos. No acepto excusas.

Seungmin: ¿Desde cuándo eres nuestro padre?

Felix: Desde que ustedes no saben organizar sus propias vidas.

Lee Know: Yo tengo planes.

Felix: Tus planes pueden esperar.

Changbin: ¿Habrá comida suficiente?

Han: Esa es la única pregunta importante.

Christopher: Por favor, no hagan que me arrepienta de haberles dado mi número.

Hyunjin: ¿Dónde?

Felix: En el café de siempre.

Jeongin leyó los mensajes mientras se preparaba para salir. Cuando vio el nombre de Hyunjin en la pantalla, sonrió sin darse cuenta.

Llevaba toda la mañana intentando no pensar en el sueño.

No había funcionado.

Pero tampoco quería pasar otro día encerrado en su habitación, dándole vueltas a unas imágenes que apenas conseguía recordar.

Tal vez Felix tenía razón.

Tal vez necesitaban hacer algo normal.

Por una vez, Jeongin quería disfrutar de la compañía de sus amigos sin preguntarse por qué algunas miradas le resultaban familiares o por qué ciertas palabras parecían tener un significado que nadie podía explicar.

Solo quería pasar un buen día.

Y, aunque no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta, también quería ver a Hyunjin.

——————————————————————

Cuando Jeongin llegó al café, Changbin ya estaba sentado frente a una mesa llena de platos.

—¿Cuántas personas van a desayunar aquí? —preguntó Jeongin, deteniéndose a su lado.

Changbin levantó la vista.

—Ocho.

Jeongin miró la cantidad de comida.

—Parece que esperas alimentar a un ejército.

—Nunca se sabe cuánto van a comer ustedes.

—Eso es porque Han te roba la comida —comentó Lee Know desde el otro extremo de la mesa.

—¡Yo no le robo nada! —protestó Han, con una galleta en la mano.

Changbin señaló la galleta.

—Esa era mía.

Han la miró como si acabara de descubrirla.

—Qué extraño. Pensé que había aparecido por voluntad propia.

Felix soltó una carcajada.

Seungmin negó con la cabeza y Christopher aprovechó la distracción para acercarse a la mesa con dos vasos de café.

—He comprado café para quienes todavía no han perdido la esperanza de tener una mañana tranquila.

—Entonces dame uno —dijo Han.

—Tú ya has robado una galleta. No abuses de tu suerte.

Jeongin se rio mientras se acomodaba junto a Felix.

Durante unos minutos, todo fue exactamente como debía ser.

Changbin insistía en que nadie podía levantarse sin probar al menos tres cosas diferentes. Han defendía su derecho a comer lo que quisiera. Lee Know amenazaba con quitarle el plato cada vez que se acercaba demasiado a su comida. Felix intentaba convencer a Seungmin de que pidiera algo dulce, y Seungmin fingía no conocerlo.

Christopher los observaba desde su asiento.

Había algo reconfortante en aquella escena.

No eran perfectos. Discutían por tonterías, se interrumpían, se burlaban unos de otros y rara vez conseguían mantener una conversación seria durante más de cinco minutos.

Pero estaban allí.

Los ocho.

Y, por primera vez desde que había encontrado la llave, Christopher sintió que podía respirar sin estar esperando que ocurriera algo terrible.

La puerta del café volvió a abrirse.

Hyunjin entró con el cabello ligeramente despeinado y el teléfono en la mano.

—Perdón por llegar tarde.

—Llegas siete minutos tarde —dijo Seungmin.

—Gracias por el informe.

Hyunjin miró alrededor de la mesa hasta encontrar un asiento libre.

Estaba junto a Jeongin.

—¿Está ocupado? —preguntó.

Jeongin negó con la cabeza.

—No.

Hyunjin se sentó a su lado.

Sus hombros se rozaron brevemente.

Fue un contacto insignificante, de esos que sucedían cientos de veces entre personas que compartían una mesa.

Sin embargo, ambos se quedaron quietos durante una fracción de segundo.

No hubo ningún recuerdo.

Ninguna visión.

Solo una sensación extraña, cálida y familiar.

Como si sentarse uno junto al otro fuera algo que hubieran hecho miles de veces.

Hyunjin fue el primero en apartar la mirada.

—¿Qué me he perdido?

—Han está cometiendo delitos alimenticios —respondió Jeongin.

—Eso no es un delito —protestó Han.

—Todavía —murmuró Lee Know.

Las risas volvieron a llenar la mesa.

Y esta vez, Hyunjin no intentó averiguar por qué aquel sonido le resultaba tan importante.

Se limitó a quedarse allí.

Junto a Jeongin.

Como si no existiera ningún otro lugar al que quisiera ir esa mañana.

——————————————————————

Después del desayuno, Felix propuso ir a una sala de juegos.

Changbin aceptó antes de que terminara de hablar. Han estuvo de acuerdo en cuanto descubrió que había máquinas de baile, y Seungmin aseguró que solo iría para impedir que los demás hicieran el ridículo.

Lee Know le recordó que él era quien había perdido una partida contra Felix la última vez.

—Fue una falla técnica —declaró Seungmin.

—La máquina funcionaba perfectamente —respondió Felix.

—La máquina estaba en mi contra.

—Claro. Y el resto del mundo conspira para que pierdas.

Christopher caminaba detrás de ellos, escuchando las discusiones con una sonrisa discreta.

Hyunjin y Jeongin se habían quedado un poco rezagados.

—¿Te gustan estos lugares? —preguntó Hyunjin.

—Me gustan si no tengo que escuchar a Han gritar cada vez que pierde.

Desde delante, Han se volvió.

—¡Te he escuchado!

—Era la intención —contestó Jeongin.

Hyunjin se rio.

—Entonces tendremos que buscar algo en lo que puedas ganarme.

Jeongin lo miró de reojo.

—¿Estás seguro de que quieres decir eso?

—Bastante.

—Bien. Luego no te quejes.

No tardaron mucho en descubrir que Hyunjin había cometido un error.

La primera máquina que eligió Jeongin era un juego de carreras. La segunda, una de ritmo. La tercera consistía en golpear objetivos luminosos antes de que desaparecieran.

Hyunjin perdió en las tres.

En la última partida, Jeongin levantó los brazos cuando apareció su puntuación en la pantalla.

—¡Te lo dije!

Hyunjin se quedó mirando el resultado.

—Quiero una revancha.

—Eso dicen todos los perdedores.

—¿Todos?

—Todos los que no saben aceptar la derrota.

Han apareció a su lado, apoyándose en su hombro.

—No te preocupes, Hyunjin. Siempre puedes dedicarte a algo que no requiera coordinación.

—Gracias por tu apoyo.

—Para eso están los amigos.

Changbin se acercó con una bolsa de premios que había conseguido en otra máquina.

—¿Alguien quiere intentar ganar un peluche?

Felix levantó la mano inmediatamente.

—¡Yo!

Seungmin lo miró.

—¿No acabas de decir que las máquinas de premios están trucadas?

—Sí. Pero si alguien consigue ganarme uno, demostraría que no lo están tanto.

—Tu lógica es impresionante —comentó Lee Know.

Changbin introdujo unas monedas y comenzó a manejar la garra.

La primera vez, el peluche se le escapó justo antes de llegar al compartimento.

La segunda, la garra lo levantó unos centímetros y volvió a soltarlo.

La tercera vez, Seungmin se acercó a la máquina.

—Apártate. Lo estás haciendo mal.

Changbin lo miró, ofendido.

—¿Y tú qué sabes?

—Que no puedes agarrarlo por la cabeza.

—¿Ah, no?

—No, porque es demasiado grande.

Seungmin señaló un pequeño peluche que estaba cerca de la pared de vidrio.

—Prueba con ese.

Changbin obedeció.

La garra bajó, atrapó el peluche por el cuerpo y lo levantó lentamente.

Todos se inclinaron hacia delante.

El premio cayó dentro del compartimento.

Felix lanzó un grito de victoria tan fuerte que varias personas se volvieron para mirarlos.

—¡LO CONSEGUISTE!

Changbin sacó el peluche y se lo entregó a Felix con una sonrisa triunfal.

—De nada.

—¡Gracias!

Felix lo abrazó por el cuello antes de tomar el premio.

Durante un instante, Changbin se quedó sorprendido por la espontaneidad del gesto. Después se rio y le revolvió el cabello.

—Ya, ya. No era para tanto.

—Para mí sí.

La respuesta de Felix fue tan sincera que Changbin dejó de bromear.

No supo por qué, pero aquella expresión le provocó una emoción inesperada.

Una sensación parecida a la nostalgia.

Como si hubiera visto a Felix sonreír de aquella manera en otro momento de su vida.

La impresión desapareció tan rápido como había llegado.

Changbin decidió no darle importancia.

—Bueno, ¿quién quiere intentarlo ahora?

Y el grupo volvió a discutir sobre quién era el siguiente.

——————————————————————

Al mediodía, terminaron comprando comida para llevar y caminando hasta un parque cercano.

El cielo estaba despejado y el sol se filtraba entre las ramas de los árboles. Había familias sentadas en el césped, niños corriendo alrededor de las fuentes y parejas compartiendo bancos a la sombra.

Los ocho encontraron un lugar bajo un árbol grande.

Changbin distribuyó las bolsas de comida con la solemnidad de alguien que estaba organizando una misión importante.

—Una para cada uno. No me pidan más después.

Han ya estaba abriendo una segunda bolsa.

—¿Qué parte de "una para cada uno" no entendiste? —preguntó Changbin.

—La parte en la que tengo que conformarme con una.

Lee Know se tumbó sobre la hierba.

—Si lo dejas comer demasiado, después se quedará dormido y dejará de hablar.

—Eso sería maravilloso —dijo Seungmin.

—Los estoy escuchando —protestó Han.

Felix se sentó junto a Jeongin y comenzó a enseñarle fotografías que había tomado durante la semana. Algunas eran de comida, otras de paisajes y unas cuantas de los demás en situaciones poco favorecedoras.

Cuando apareció una foto de Hyunjin dormido en el transporte público, Jeongin no pudo contener la risa.

—¿Cuándo hiciste esta?

—El martes —respondió Felix—. Estaba tan cansado que ni siquiera se despertó cuando Changbin empezó a cantar.

—¡Yo canto bien! —protestó Changbin desde el otro lado de la manta.

—Eso es discutible —dijo Christopher.

Hyunjin intentó quitarle el teléfono a Felix.

—Bórrala.

—Jamás.

—Felix.

—Voy a guardarla para cuando seas famoso.

—Entonces tendrás que encontrar una foto mejor.

Hyunjin se volvió hacia Jeongin.

—¿Tú también te estás riendo de mí?

Jeongin fingió pensarlo.

—Un poco.

—Qué decepción.

—Puedo compensártelo si dejas de hacer el ridículo durante cinco minutos.

—Eso es imposible. Estoy con Han.

—¡Oye! —gritó Han.

Las risas se extendieron por el parque.

Más tarde, mientras los demás discutían sobre qué película verían esa noche, Jeongin se inclinó para recoger una servilleta que se le había caído.

Al incorporarse, una pequeña mancha de salsa quedó en su mejilla.

Hyunjin la vio.

—Espera.

Jeongin se quedó quieto.

Hyunjin tomó una servilleta limpia y le limpió la mancha con un movimiento suave, casi distraído.

—Ya está.

Jeongin lo miró.

Estaban demasiado cerca.

Por un segundo, el ruido del parque pareció alejarse y Hyunjin sintió que había hecho aquello antes.

No podía recordar dónde.

Solo tenía la sensación de que, en algún otro momento, había limpiado el rostro de Jeongin con la misma naturalidad.

Como si cuidarlo fuera una costumbre antigua.

Jeongin bajó los ojos hacia la servilleta.

—Gracias.

—De nada.

Hyunjin no se apartó inmediatamente.

Tampoco Jeongin.

—¿Qué pasa con ustedes dos? —preguntó Han de pronto.

Ambos se separaron.

—Nada —respondieron al mismo tiempo.

Han abrió mucho los ojos.

—¡Lo han dicho exactamente a la vez!

—Porque no pasa nada —insistió Hyunjin.

—Por supuesto —dijo Han, llevándose una mano al pecho—. Y yo soy una persona discreta.

—Eso sí que no se lo cree nadie —comentó Seungmin.

Felix se echó a reír.

Jeongin se cubrió el rostro con las manos, avergonzado, mientras Hyunjin intentaba mantener una expresión seria.

No lo consiguió.

Al final, ambos terminaron riéndose con los demás.

Y, aunque las bromas continuaron durante varios minutos, ninguno de los dos se arrepintió de aquel pequeño instante.

——————————————————————

Christopher se apartó un poco del grupo para recoger las botellas vacías.

Jeongin lo encontró junto a una papelera y se ofreció a ayudarlo.

—No hace falta —dijo Christopher.

—Ya lo sé.

Jeongin recogió una botella que había quedado cerca de un banco.

Durante unos segundos, trabajaron en silencio.

Christopher quería preguntarle por sus sueños. Por lo que había sentido al despertar. Por si recordaba algo más que una voz y una despedida.

Pero no quería convertir una tarde agradable en un interrogatorio.

Además, había algo en Jeongin que le provocaba una extraña cautela.

No miedo.

Era algo más difícil de explicar.

Como si una parte de él quisiera acercarse y otra le pidiera que tuviera cuidado.

—Jeongin —dijo finalmente.

—¿Sí?

Christopher giró la botella entre los dedos.

—¿Alguna vez has sentido que conoces a alguien desde hace mucho tiempo, aunque en realidad apenas lo estés conociendo?

Jeongin dejó de moverse.

Pensó en Hyunjin.

En la forma en que se sentía cuando estaban juntos. En la tristeza que le había dejado el sueño. En aquella voz que le pedía que se quedara.

—Sí —respondió.

Christopher levantó la mirada.

—¿Con alguien en particular?

Jeongin dudó.

No sabía si debía decirlo.

No sabía siquiera si tenía sentido ponerlo en palabras.

—Con Hyunjin, a veces.

Christopher bajó los ojos.

Durante una fracción de segundo, su expresión cambió.

Fue algo pequeño, casi imperceptible.

Pero Jeongin lo vio.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Christopher negó con la cabeza.

—Nada. Es solo que… a veces me ocurre algo parecido.

—¿Con quién?

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

Christopher tuvo la impresión de que estaba a punto de recordar un rostro. Una voz. Quizá una promesa.

Pero la imagen se desvaneció antes de que pudiera reconocerla.

—No lo sé —contestó.

Jeongin lo observó con atención.

—¿Crees que deberíamos preocuparnos?

Christopher miró hacia el grupo.

Han estaba intentando convencer a Lee Know de que una nube tenía forma de dragón. Changbin discutía con Seungmin sobre la mejor manera de preparar una comida. Felix se había sentado junto a Hyunjin, enseñándole algo en el teléfono.

Por un instante, todo parecía sencillo.

—Creo que deberíamos dejar de preocuparnos durante unas horas —dijo Christopher—. No tenemos que entenderlo todo hoy.

Jeongin sonrió ligeramente.

—Eso suena bastante razonable.

—No te acostumbres. No suelo tener razón tan a menudo.

—No te preocupes. No pensaba hacerlo.

Christopher soltó una carcajada.

Y, mientras regresaban con los demás, decidió guardar sus preguntas para otro momento.

No porque hubiera dejado de tener miedo.

Sino porque empezaba a comprender que, antes de descubrir qué los unía en el pasado, necesitaban descubrir qué los unía ahora.

——————————————————————

La tarde se alargó entre conversaciones, juegos improvisados y discusiones sobre dónde cenar.

Al final, Felix propuso que todos fueran a su casa para ver una película.

—Pero una película de verdad —advirtió—. Nada de quejas a los diez minutos.

—Eso depende de la película —dijo Seungmin.

—Si escoges una de terror, me voy —anunció Han.

Lee Know lo miró.

—La última vez gritaste antes de que apareciera el monstruo.

—¡Porque sabía que iba a aparecer!

—Eso no tiene ningún sentido.

—No necesito que lo tenga.

Cuando llegaron a casa de Felix, la discusión sobre qué ver se prolongó casi media hora.

Changbin quería una película de acción.

Han insistía en una comedia.

Seungmin prefería de viajes al espacio.

Lee Know dijo que le daba igual, aunque rechazó todas las opciones que le propusieron.

Christopher se sentó en una esquina del sofá y dejó que los demás discutieran.

Jeongin terminó en el suelo, rodeado de almohadas, mientras Hyunjin se acomodaba cerca de él.

—¿Qué quieres ver? —le preguntó Hyunjin en voz baja.

—Algo que consiga que se callen.

—Entonces necesitamos una película de tres horas.

Jeongin soltó una risa.

—O una que los duerma a todos.

—Eso sería más fácil.

Al final, eligieron una comedia.

Han protestó porque no era la que había propuesto, pero se calló cuando Felix le ofreció el último paquete de galletas.

Las luces se apagaron.

La película comenzó.

Durante los primeros veinte minutos, todos hicieron comentarios sobre los personajes. Changbin se rio tan fuerte en una escena que se perdió el diálogo siguiente, y Seungmin tuvo que explicarle lo que había pasado mientras Lee Know le pedía que se callara.

Poco a poco, las voces fueron disminuyendo.

El cansancio del día empezó a notarse.

Felix se acomodó bajo una cobija. Han terminó apoyado contra un cojín. Changbin dejó de hacer comentarios y se concentró en la película.

Jeongin, que había estado intentando mantenerse despierto, comenzó a cabecear.

Hyunjin lo notó.

—¿Tienes sueño? —susurró.

—No.

Jeongin bostezó.

Hyunjin sonrió.

—Claro que no.

—Estoy escuchando.

—¿Qué ha dicho el protagonista?

Jeongin abrió la boca para responder, pero no encontró ninguna respuesta.

Hyunjin tuvo que contener una carcajada.

—Eso pensaba.

Jeongin le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Cállate.

Unos minutos después, su cabeza terminó apoyada en el hombro de Hyunjin.

Esta vez, Hyunjin no dijo nada.

Bajó la mirada y observó el rostro relajado de Jeongin. Tenía los ojos cerrados y una expresión tranquila, completamente distinta a la que mostraba cuando intentaba ocultar su vergüenza.

Hyunjin se quedó quieto para no despertarlo.

Con cuidado, tomó la cobija que estaba a su lado y la acomodó sobre los hombros de Jeongin.

El gesto le salió de manera natural.

Demasiado natural.

Una sensación extraña le cruzó el pecho.

Por un instante, vio una imagen que no pertenecía a aquella habitación: una figura dormida junto a una ventana, una sábana sobre unos hombros y su propia mano apartando unos mechones de cabello de una frente.

La imagen desapareció antes de que pudiera distinguir el rostro.

Hyunjin tragó saliva.

No quería despertar a Jeongin.

Tampoco quería apartarse.

Así que se quedó allí, escuchando la película y sintiendo el peso cálido de su amigo contra el hombro.

En el otro extremo del sofá, Christopher los observó durante unos segundos.

No sabía por qué aquella escena le producía una tristeza tan profunda.

No era tristeza por ellos.

Era como si estuviera recordando una ausencia.

Una habitación vacía.

Una silla que alguien había dejado de ocupar.

Una voz que le decía que algunas despedidas no tenían que convertirse en finales.

Christopher cerró los ojos.

La sensación se desvaneció.

Cuando volvió a mirar, Jeongin seguía dormido contra Hyunjin y los demás continuaban absortos en la película.

No dijo nada.

No había ninguna razón para interrumpir aquel momento.

——————————————————————

Cuando terminó la película, ya era tarde.

Han fue el primero en levantarse, estirándose con un bostezo exagerado.

—Necesito dormir durante doce horas.

—Tú duermes durante doce horas incluso cuando no haces nada —dijo Seungmin.

—Es un talento.

Changbin recogió los envases vacíos mientras Felix buscaba los teléfonos que alguien había dejado entre los cojines.

Lee Know se puso la chaqueta y anunció que, si alguien volvía a proponer una película de tres horas, no regresaría a aquella casa.

Nadie le creyó.

Jeongin despertó cuando Hyunjin le tocó suavemente el hombro.

—Ya terminó.

Jeongin abrió los ojos, desorientado.

Después miró la sábana que tenía sobre las piernas y el hombro de Hyunjin.

—¿Me quedé dormido?

—Un poco.

—¿Por qué no me despertaste?

Hyunjin se encogió de hombros.

—Parecías cómodo.

Jeongin sintió que el rostro se le calentaba.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte por dormir.

Hyunjin sonrió y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse.

Jeongin la aceptó.

Durante un instante, ambos se quedaron mirándose.

La mano de Hyunjin era cálida.

Y Jeongin sintió, con una certeza que no supo explicar, que no quería soltarla todavía.

Pero finalmente lo hizo.

Los ocho salieron de la casa y se quedaron un rato en la entrada, organizándose para regresar.

Han y Changbin comenzaron a discutir sobre quién había ganado más premios en la sala de juegos. Felix intentaba convencer a Lee Know de que debían repetir la tarde la semana siguiente. Seungmin fingía que no quería ir, aunque ya estaba preguntando qué película elegirían la próxima vez.

Christopher escuchaba a todos con una sonrisa.

Por primera vez, no pensó en la llave.

Ni en la advertencia.

Ni en la mujer de la librería.

Solo pensó que quería volver a verlos así.

Juntos.

Hyunjin se quedó junto a Jeongin mientras los demás se despedían.

—¿Vas a estar ocupado mañana? —preguntó.

Jeongin negó con la cabeza.

—No creo. ¿Por qué?

Hyunjin se metió las manos en los bolsillos.

—Podría escribirte.

Jeongin lo miró, divertido.

—Puedes escribirme cuando quieras.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo dices como si necesitaras permiso?

Hyunjin soltó una risa nerviosa.

—No sé. Supongo que quería tener una excusa para verte otra vez.

Jeongin dejó de sonreír durante un segundo.

No porque le molestara.

Sino porque la sinceridad de aquellas palabras le produjo una calidez inesperada.

—No necesitas una excusa —respondió.

Hyunjin levantó la mirada.

Jeongin sostuvo sus ojos, aunque el corazón le latía más deprisa de lo normal.

—Puedes verme porque quieres verme.

Hyunjin no supo qué decir.

Por una vez, no encontró una broma que pudiera esconder lo que sentía.

Así que se limitó a sonreír.

—Entonces te escribiré mañana.

—Estaré esperando.

Jeongin se alejó para alcanzar a Seungmin, pero giró la cabeza una última vez.

Hyunjin seguía mirándolo.

Ambos sonrieron antes de continuar sus caminos.

Y, aunque ninguno podía saberlo, aquella despedida sencilla se parecía demasiado a otra que había ocurrido mucho tiempo atrás.

Una despedida que ninguno de los dos recordaba por completo.

Una promesa que todavía no sabían que ya habían hecho.

——————————————————————

Esa noche, Hyunjin tardó en dormirse.

No porque estuviera preocupado por la llave o por las advertencias de la mujer de la librería.

Por una vez, sus pensamientos estaban ocupados por algo mucho más sencillo.

Jeongin dormido sobre su hombro.

La forma en que había sonreído antes de despedirse.

La naturalidad con la que había aceptado su mano.

Hyunjin se giró sobre la almohada y cerró los ojos.

No sabía qué estaba ocurriendo entre ellos.

Tampoco quería apresurarse a ponerle un nombre.

Solo sabía que cada vez le resultaba más fácil buscar a Jeongin entre la gente.

Y que cada vez le costaba más imaginar que no estuviera allí.

El sueño llegó poco después de la medianoche.

Esta vez, no comenzó con una voz.

Comenzó con luz.

Hyunjin estaba de pie en un jardín que no conocía, aunque cada detalle le resultaba dolorosamente familiar.

Los árboles se mecían bajo una brisa suave. Había flores blancas junto a un sendero de piedra y una fuente en el centro del jardín.

El cielo tenía el color rojizo del atardecer.

Y Jeongin estaba allí.

No llevaba la misma ropa que en el presente. Su vestimenta pertenecía a otra época, y su cabello caía sobre su frente de una manera distinta.

Pero era él.

Hyunjin lo supo sin necesitar una explicación.

Jeongin se acercó y tomó su mano.

El gesto fue tan natural que Hyunjin sintió que el mundo entero volvía a su lugar.

—Has tardado —dijo Jeongin.

Su voz era distinta y, al mismo tiempo, exactamente la misma.

Hyunjin sonrió.

—Lo sé.

—Siempre dices eso.

—¿Qué quieres que diga?

Jeongin fingió pensarlo.

—Podrías decir que me has echado de menos.

Hyunjin entrelazó sus dedos con los suyos.

—Te he echado de menos.

Jeongin bajó la mirada, intentando ocultar una sonrisa.

Hyunjin sintió una ternura tan profunda que casi le dolió.

Aquella persona no era simplemente alguien a quien conocía.

Era alguien a quien amaba.

La certeza llegó antes que el recuerdo.

No necesitó verlos besarse ni escuchar una confesión. Estaba en la manera en que Jeongin se apoyaba contra él, en cómo Hyunjin le apartaba el cabello del rostro y en la tranquilidad que ambos encontraban al estar juntos.

Eran parejas.

Estaban juntos.

Y, de algún modo, seguían siendo algo que el tiempo no había conseguido borrar.

La escena cambió.

El cielo comenzó a oscurecerse.

Jeongin ya no sonreía.

Seguía sujetando la mano de Hyunjin, pero sus dedos se habían cerrado con fuerza alrededor de los suyos.

—¿Tienes que irte otra vez?

Hyunjin sintió que algo se rompía dentro de él.

No sabía adónde tenía que ir.

No sabía qué debía hacer.

Pero, en el sueño, conocía la respuesta.

—Tengo que resolver algo.

—Siempre hay algo que resolver.

—Innie…

—No me prometas nada si no estás seguro de que podrás cumplirlo.

Hyunjin le acarició los nudillos con el pulgar.

—Volveré antes de que caiga la noche.

Jeongin levantó la mirada.

En sus ojos había amor.

Pero también miedo.

Un miedo que Hyunjin no comprendía y que, sin embargo, parecía conocer desde hacía mucho tiempo.

—Eso dijiste la última vez.

Hyunjin se quedó inmóvil.

Quiso preguntarle qué había ocurrido la última vez.

Quiso prometerle que no volvería a fallarle.

Quiso decirle que jamás permitiría que nada los separara.

Pero el sueño empezó a deshacerse.

El jardín se volvió borroso.

Las flores desaparecieron entre las sombras.

Jeongin apretó su mano.

—Hyunjin, por favor.

Él intentó acercarse.

—Voy a volver.

—No me dejes esperando otra vez.

La voz de Jeongin se quebró.

Y Hyunjin despertó.

——————————————————————

La habitación estaba a oscuras.

Hyunjin se incorporó de golpe, respirando con dificultad.

Durante unos segundos, no supo dónde estaba.

Todavía sentía la mano de Jeongin entre las suyas.

Todavía escuchaba su voz.

Eso dijiste la última vez.

Hyunjin se llevó una mano al rostro.

Había algo que ahora sabía con una claridad aterradora.

En aquella otra vida, había amado a Jeongin.

No era una sospecha.

No era una interpretación de un sueño.

Lo sabía.

Lo había amado con la certeza de quien reconoce un hogar después de haber pasado demasiado tiempo perdido.

Pero también sabía que se había marchado.

Y que Jeongin había tenido miedo de que no regresara.

Hyunjin bajó los pies al suelo.

Buscó el teléfono sobre la mesita de noche y abrió la conversación con Jeongin.

Sus dedos quedaron suspendidos sobre el teclado.

Quería escribirle.

Quería preguntarle si había vuelto a soñar.

Quería decirle que, de alguna manera, lo había encontrado antes de conocerlo.

Pero no sabía cómo explicar algo así sin asustarlo.

Al final, bloqueó el teléfono y lo dejó a un lado.

Todavía no.

No quería contarle un recuerdo incompleto como si fuera una verdad absoluta.

No quería convertir lo que estaban construyendo en algo que ninguno de los dos comprendía.

Y, sobre todo, no quería que Jeongin volviera a mirarlo con aquella tristeza.

Se recostó de nuevo, aunque sabía que tardaría en dormirse.

Antes de cerrar los ojos, susurró una promesa a la habitación vacía.

—Esta vez, voy a volver.

No sabía si aquellas palabras pertenecían al pasado o al presente.

Quizá a ambos.

——————————————————————

En otro lugar de la ciudad, la mujer de la librería abrió un cajón que llevaba años cerrado.

Dentro había una fotografía antigua, protegida por una tela oscura.

La tomó con cuidado.

En la imagen aparecía un jardín, iluminado por una luz rojiza. Había varias figuras distribuidas entre los árboles y la fuente, algunas mirando hacia la cámara y otras de espaldas.

La fotografía estaba desgastada por los bordes.

La mujer pasó los dedos sobre el papel.

Se detuvo en dos figuras situadas cerca del sendero.

Un joven sostenía la mano de otro.

No podía distinguirse bien sus rostros, pero la postura de ambos revelaba una cercanía que no necesitaba explicación.

La mujer cerró los ojos.

Durante un instante, pareció que iba a decir algo.

Pero no lo hizo.

Dejó la fotografía sobre la mesa y sacó una libreta pequeña.

En una página en blanco escribió:

El primero ya ha comenzado a recordar.

Se quedó mirando la frase.

Después, debajo, añadió:

Y cuando recuerde lo que hizo, los demás tendrán que elegir de qué lado están.

La punta del bolígrafo permaneció suspendida sobre el papel.

Podía escribir más.

Podía explicar quién había sido cada uno, qué habían prometido y por qué aquella historia había terminado de una manera que ninguno de ellos merecía.

Pero no lo hizo.

Había cosas que debían recordar por sí mismos.

Y había verdades que, reveladas demasiado pronto, podían destruir lo poco que todavía los mantenía unidos.

La mujer volvió a mirar la fotografía.

Sus ojos se detuvieron en una figura apartada del resto.

Una figura cuyo rostro había quedado casi completamente oculto por una sombra.

Su expresión cambió.

Por primera vez, la serenidad que siempre mostraba pareció abandonarla.

—Perdóname —susurró.

No había nadie para escucharla.

No había nadie que pudiera preguntarle a quién se refería.

La mujer guardó la fotografía y cerró el cajón.

Después apagó la luz.

En la oscuridad, la llave seguía esperando.

Y, en algún lugar de la ciudad, siete personas más estaban a punto de descubrir que recordar no significaba necesariamente comprender.

Porque el pasado no regresaba como una historia completa.

Regresaba en fragmentos.

En una voz.

En una mano que parecía conocida.

En una promesa que dolía sin explicación.

Y, a veces, en la certeza de que alguien a quien acababas de conocer era también la persona que llevabas toda una vida intentando encontrar.

Thoughts

  • guanabana

    Con lo del jardín apuesto a que el que se fue en esa otra vida fue Hyunjin, y por eso Jeongin le saca en cara lo de la última vez. Si cuando recuerde los demás van a tener que elegir lado, irse no alcanza: hizo algo peor, po.

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