El humo
llena la habitación.
Pero nunca
llena el vacío;
Este mismo vacío mío.
—¿Tiene nombre? —preguntó.
—Me temo que sí —respondí.
Pero aprendí que
todo lo que perdí
no se debe de nombrar.
Asintió y lo olvidó.
Pero yo, que no
olvidé esa fría
habitación,
me entumecí en el
dolor de esa
misma sensación.
Espesa como
la sangre;
Silenciosa como
mi voz.
Dolorosa como
la nieve quemando
todo a su alrededor.
Ella recomendó
que siga adelante.
Pero delante de mí
hay una puerta
que es trasera.
Desesperada,
busco otra puerta
para salir.
Pero muy dentro
estoy y la única
puerta es trasera.