Cierto día, y después de haber dormido una reconfortante siesta, se apareció por mi ventana una mujer con los ojos grandes y ojerosos.
─ ¿Me prestas tu sueño? ─preguntó.
Como yo ya lo había usado, y considerando que durante la noche no dormiría (pues trabajo como sereno), no tuve inconvenientes en hacerlo. Eso sí, le pedí que me lo devolviese antes del mediodía, pues lo iba a necesitar para dormir mi siesta reparadora.
─ ¡Por supuesto! ¿Por quién me has tomado, por una ladrona? ─contestó ofuscada. Mi intención no era ofender a nadie.
Pero mi confianza fue violentada otra vez y a la desagradecida mujer no la vi más.
No te asustes, por lo tanto, lector que me lees, si un día aparezco por tu ventana, con mis ojos grandes y ojerosos y te pregunto: «¿Me prestas tu sueño?» Sé generoso y recuerda que yo también necesito dormir...