Oracle es la cucaracha de la tecnología empresarial. Odiada por todos, usada por todos, e imposible de matar, porque lo que hace funcionar es demasiado importante para apagarlo y demasiado caro de reemplazar para demasiadas empresas que odian todas sus decisiones anteriores. Al menos su decisión de base de datos. A Oracle no la elegís. La heredás, como heredás una hipoteca o una enfermedad crónica, y después te pasás la siguiente década explicándole ese renglón del presupuesto a un director financiero que no para de preguntar por qué la base de datos cuesta más que el edificio.
El verdadero producto no es la base de datos. El producto es la auditoría. En algún lugar de una oficina de Redwood Shores hay un equipo cuyo trabajo entero es el simpático control de cumplimiento, el correo alegre que dice notamos que tenés once núcleos con licencia pero cuarenta en producción, y te gustaría conversarlo con un buen bife de por medio. Para el postre ya es una factura de siete cifras. La base de datos es el rehén. Ventas es la nota de rescate, entregada en el campo de golf, por un hombre de medio cierre que no escribe una consulta en persona desde el segundo Bush, y eso fue solo durante su inducción, para ver de qué se trataba todo el asunto.
Después está el cementerio. Oracle compra buenas empresas como un desguace compra autos, no para manejarlos, para desarmarlos. Sun entró viva y salió como una nota al pie sobre licencias y una demanda. ¡Sun! La empresa que creó Java es una cáscara de lo que fue. Toda la estrategia es adquisición como taxidermia. Compran algo que la gente amaba, despiden a la gente que lo hacía adorable, suben el precio y después, solo para que a nadie le quede duda de quiénes son, se van a juicio por la marca registrada de JavaScript, una palabra que no inventaron y una cosa que no les pertenece, porque el fundador financia una isla y las islas tienen sus gastos de mantenimiento.
Y el de toda la vida. Veintidós años adentro, con el plan dental completamente consolidado y al que trata como un secuestro al revés, actualizó su currículum por última vez cuando Friends todavía estrenaba episodios. No está orgulloso de trabajar acá y tampoco está avergonzado. Encontró algo mejor que el orgullo: encontró un sueldo que llega el día primero y el quince con la puntualidad de una marea. Ningún ingeniero menor de treinta soñó jamás con este lugar. Él dejó de soñar más o menos en la misma época y duerme de maravilla.
La base de datos está bien. No mucho mejor que las de código abierto. PostgreSQL, eso sí, es la mejor y es gratis. De precio y de demandas.