He visto versiones de esto las suficientes veces como para que me dé vergüenza ajena cuando veo a otro junior haciéndolo. Un mánager nos pide hacer algo irritante. Uno de los ingenieros, a menudo junior, se rebela con alguna queja, algún chiste, algún mensaje de Slack... Le canta las cuarenta y todo el que lo vio sabe exactamente lo que piensa del jefe en cuestión. Pero al final no acaban convirtiéndose en los héroes, los rebeldes que creían ser. Reciben silencio, reciben un silencio frío, cuidadoso y deliberado.
Lo que se estaba exhibiendo no era valentía ni claridad moral. Era libertad respecto a las ataduras que todos los demás en la sala seguían cargando. Los compañeros tienen una hipoteca, un estatus migratorio atado a la empresa, hijos en el colegio, pocos ahorros, o simplemente menos opciones creíbles de salida. Vieron a otro demostrar una tolerancia al riesgo que ellos mismos no se podían permitir. No están contentos, simplemente les acaban de recordar que otro PUEDE hacer lo que ellos no pueden, y sienten envidia y algo de resentimiento. Bueno, no ellos, sino nosotros. Yo me he sentido así muchas veces, sobre todo después de mi primera hipote
El reproche público establece una comparación, lo pretenda o no quien habla. Una persona demuestra que este asunto le importa lo suficiente como para actuar en público. Todos los demás se convierten en el término de comparación, los que no son lo bastante valientes. O les importaba menos, o les importaba igual y no podían permitirse el mismo gesto. Ninguna de las dos posibilidades resulta halagadora
Esto no es una defensa de los malos jefes. La crítica puede ser acertada y, honestamente, merecida. Algunos mánagers son extremadamente tontos y se les debería cantar las cuarenta, aunque probablemente no en una bronca pública. Mi punto es que no deberías esperar reconocimiento por tu heroísmo. Si lo hiciste, fue por ti y por lo que sentías que era correcto. Lo que advierto es que no deberías esperar que tu confrontación pública se tome como solidaridad cuando en realidad es un acto moral personal representado delante de compañeros que no comparten el mismo margen de riesgo. El verdadero coraje en el trabajo suele ser menos cinematográfico que eso. Se parece más a riesgo compartido, documentación, coordinación repetida y gente que se queda en la pelea el tiempo suficiente como para cambiar las condiciones bajo las que todos los demás todavía tienen que vivir.
Hay excepciones. A veces un acto público es lo que les dice a los demás que no están solos, y a veces esa visibilidad ayuda a que se forme una respuesta colectiva. Pero incluso en esos casos, la confrontación importa porque crea palanca para algo organizado después, no porque el clip en sí fuera la victoria.
La persona con más probabilidades de confrontar en público suele ser también la que más capaz es de irse poco después. Soltar la bronca y largarse. Los compañeros que no podían permitirse actuar siguen en los mismos puestos, bajo la misma dirección, con las mismas ataduras, y la confrontación a menudo ha vuelto la sala un poco más difícil de habitar: la dirección se pone más a la defensiva, todos saben que alguien estuvo dispuesto a quejarse de ello y ahora toca mantener al resto aún más a raya.
Sí, ayer vi a otro ingeniero estallar contra su mánager. Y seguramente veré a otro dentro de un par de meses. Y sí, son impopulares. Imagínate.