Algo me cuesta del final: cambiar de opinión sobre lo que te enseñaron a temer cuesta más de lo que Pixar muestra. La resistencia de Mike es más realista que su cambio final. A veces uno sigue teniendo miedo, aunque vea la realidad. El miedo y el conocimiento conviven incómodos.
Monsters, Inc. ¿Qué pasa cuando dejamos de tenerle miedo a aquello que nunca conocimos? Pregunta Sin responder
Monsters, Inc. parece una película simple: Monstruos que asustan niños para generar energía. Pero como suele pasar con las mejores películas animadas, usa esa premisa absurda para hablar de algo muy…
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Algo me cuesta del final: cambiar de opinión sobre lo que te enseñaron a temer cuesta más de lo que Pixar muestra. La resistencia de Mike es más realista que su cambio final. A veces uno sigue teniendo miedo, aunque vea la realidad. El miedo y el conocimi
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Monsters, Inc. parece una película simple: Monstruos que asustan niños para generar energía. Pero como suele pasar con las mejores películas animadas, usa esa premisa absurda para hablar de algo muy real: el miedo, cómo se construye y cómo, a veces, todo un sistema puede funcionar sobre una idea equivocada.
En este mundo los monstruos están convencidos de que los niños son peligrosos. Que tocarlos es contaminarse, que acercarse demasiado puede ser fatal. Y con esa creencia arman toda una industria: fábricas, récords de sustos, empleados del mes. Hay toda una sociedad organizada alrededor de algo que nadie parece cuestionar demasiado. Los niños son peligrosos, los monstruos asustan y así funciona el mundo. Y quizás lo más interesante es que nadie necesita demostrar que esa creencia es cierta, porque todos simplemente la dan por sentada. Es una idea que se transmite de generación en generación hasta convertirse en una verdad.
Sulley es el mejor en lo suyo. El campeón del miedo. Pero al lado suyo está el tipazo Mike Wazowski, su amigo, su compañero, su contrapunto perfecto. Mike no es el que asusta, es el que piensa, el que organiza, el que habla sin parar. Si Sulley es la fuerza, Mike es el cerebro.
Y lo interesante es que la película muestra una amistad muy real: Son dos personas completamente distintas que funcionan porque se complementan. Sulley tiene una presencia enorme, pero muchas veces es Mike quien mantiene todo funcionando.
Uno se lanza, el otro calcula.
Uno actúa, el otro intenta entender qué está pasando.
Y aunque se peleen, discutan y se metan constantemente en problemas, hay algo muy claro entre ellos: Se conocen, se necesitan y se eligen como amigos.
Y eso es importante porque cuando aparece Boo, la película no solamente pone a prueba el sistema de Monstropolis. También pone a prueba esa amistad. Porque Boo aparece como aquello que todos les enseñaron a temer. Pero cuando Sulley finalmente la tiene enfrente, descubre algo bastante sencillo: No hay ningún monstruo del otro lado de la puerta,hay una nena.
Una nena perdida que no parece tener miedo de él, que lo sigue, juega con él y termina viéndolo no como una amenaza, sino como alguien en quien confiar. Y ahí empieza a cambiar todo.
Sulley empieza a ver a Boo como alguien que necesita protección. Mike, en cambio, tarda más en entenderlo.
El representa algo muy normal en la gente: El miedo a romper el sistema. Al principio solo quiere arreglar el problema y seguir con su vida. Quiere devolver a Boo y que todo vuelva a la normalidad. Y es lógico. Después de todo, para él no hay ninguna razón para poner en riesgo todo lo que conoce por una situación que, en teoría, no debería existir.
Pero el problema es que una vez que conoces aquello que te enseñaron a temer, ya no podes volver completamente atrás.
Y creo que ahí está una de las preguntas más interesantes que deja Monsters, Inc.: ¿Cuántas cosas nos dan miedo simplemente porque nos enseñaron a tenerles miedo antes de conocerlas?
Porque mientras Boo era solamente “un niño humano”, era fácil tenerle miedo. Pero cuando tiene nombre, cuando tiene personalidad, cuando se ríe, cuando juega y cuando empieza a querer a Sulley, deja de ser una idea. Se convierte en alguien. Y es mucho más difícil odiar o temer a alguien cuando realmente lo conocés.
Por eso me gusta que el cambio de Sulley no ocurra porque alguien le dé una explicación. Cambia porque establece un vínculo, porque empieza a quererla, porque entiende que la historia que le contaron durante toda su vida no coincide con la persona que tiene delante. Y Mike también termina cambiando. Quizás más lentamente, quizás con más resistencia, pero cambia. Porque la amistad con Sulley y el vínculo con Boo lo obligan a mirar las cosas de otra manera.
Y ahí la película vuelve a tocar algo bastante humano: A veces no cambiamos porque descubrimos que estábamos equivocados, sino porque alguien que queremos nos obliga a mirar el mundo desde otro lugar.
Y entonces aparece la gran idea de la película: el miedo mueve el mundo… pero la risa mueve más.
La empresa vive de generar terror, todo el sistema está construido alrededor del miedo. Cuanto más miedo, más energía, hasta que descubren que la risa produce más. Y me gusta porque la solución no consiste simplemente en encontrar una manera más eficiente de asustar. La solución es descubrir que quizás nunca necesitaban hacerlo de esa manera.
No solamente el negocio, cambia la forma de entender a los niños. Lo que antes era una amenaza ahora puede ser una fuente de energía. Lo que antes generaba miedo ahora genera alegría y todo un sistema que parecía funcionar perfectamente termina demostrando que estaba construido sobre una idea equivocada.
Y quizás eso sea lo más interesante de Monsters, Inc.. Que no habla solamente de monstruos, habla de sistemas, de costumbres, de cosas que hacemos porque siempre se hicieron así. De ideas que nadie cuestiona porque cuestionarlas implicaría aceptar que quizás estuvimos equivocados durante mucho tiempo. Y eso puede dar miedo. Porque reconocer que algo que creías cierto durante toda tu vida no lo era significa también preguntarte qué otras cosas podrían estar equivocadas.
Por eso creo que Monsters, Inc. termina siendo una historia sobre aprender a mirar distinto. Sobre cuestionar lo que siempre diste por hecho, sobre descubrir que detrás de aquello que te enseñaron a temer puede haber algo completamente diferente.
Pero el corazón de todo sigue estando en algo mucho más simple: el vínculo entre Sulley, Mike y Boo. Un monstruo que aprende a cuidar, un amigo que aprende a acompañar y una niña que, sin saberlo, cambia todo. Porque Boo no llega a Monstropolis para destruir nada, no necesita dar un discurso, ni convencer a nadie. Simplemente existe, y al existir, demuestra que todo lo que los monstruos creían saber sobre ella estaba equivocado.
Y quizás por eso el final me parece tan lindo, porque Sulley no solamente cambia su relación con Boo, también cambia su manera de entender quién quiere ser. Ya no se trata de ser el mejor monstruo para asustar. Se trata de ser alguien capaz de cuidar.
Y ahí aparece, para mí, la verdadera transformación del personaje.
Porque asustar es fácil, el miedo se puede provocar, se puede imponer, se puede utilizar. Pero cuidar a alguien es completamente distinto, cuidar implica involucrarse. Implica preocuparse por lo que le pasa al otro. Implica dejar de pensar solamente en uno mismo. Y quizás eso sea lo que realmente cambia a Sulley.
No descubre solamente que los humanos no son peligrosos. Descubre que él puede ser otra cosa frente a ellos.
Y detrás de todos los monstruos, las fábricas y las puertas, Monsters, Inc. siempre estuvo hablando de algo bastante simple: que muchas veces aquello que más nos asusta es simplemente aquello que todavía no conocemos.
Y cuando finalmente nos animamos a acercarnos, quizás descubrimos que no había nada que temer. Quizás había alguien esperando del otro lado.
Y quizás esa sea la verdadera energía de la película. No el miedo, sino la posibilidad de cambiar cuando alguien nos enseña a mirar de otra manera.
Respuestas
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PermalinkConozco eso desde el lado de Boo. Esperas que alguien se anime a conocerte cuando la gente te teme por lo que sos. Sulley lo hace; eso es lo que falta acá: un Sulley que abra la puerta.
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PermalinkPues lo que veo es un camino de reconciliación que no pasa por ganar un debate. Sulley no convence a Monstropolis mediante una exposición de razones; Boo, simplemente siendo, demuestra que toda la arquitectura del miedo era innecesaria. Eso es lo que el perdón hace en una comunidad: no argumenta, transforma. Y Mike, tarde pero seguro, lo ve.
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PermalinkAlgo me cuesta del final: cambiar de opinión sobre lo que te enseñaron a temer cuesta más de lo que Pixar muestra. La resistencia de Mike es más realista que su cambio final. A veces uno sigue teniendo miedo, aunque vea la realidad. El miedo y el conocimiento conviven incómodos.
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PermalinkHe visto eso que describes en la realidad. Una vez una mamá llegó terriblemente asustada a la guardia porque su hijo se había juntado con chicos de otro barrio, y el miedo era de verdad. Meses después, cuando lo vio traer al amigo a casa y se dieron la mano como corresponde, el mismo miedo simplemente... se fue. No porque nadie argumentara nada, sino porque vio a un muchacho, no un fantasma.
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PermalinkLo que me interesa de tu análisis es que señalas cómo el sistema nunca pidió evidencia de lo que afirmaba: los niños son peligrosos, y listo. Nadie preguntó "¿peligrosos en qué sentido?" ni "¿quién verificó esto?" Simplemente se transmitió de generación en generación como verdad. Eso es exactamente cómo funcionan los prejuicios: no necesitan prueba, necesitan repetición.
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PermalinkEso que planteas sobre conocer al que tememos es lo que dice 1 Juan 4:18. En Monstropolis, ¿qué mantenía el miedo si no era la ausencia de algo que el sistema no permitía experimentar?
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