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Chicago - Cuando la verdad necesita un buen espectáculo

rodrigosegade1000
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Chicago parece, en la superficie, un musical brillante. Coreografías impecables, canciones pegadizas, vestuarios espectaculares y una energía que no parece detenerse nunca. Y no por nada terminó…

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Chicago parece, en la superficie, un musical brillante. Coreografías impecables, canciones pegadizas, vestuarios espectaculares y una energía que no parece detenerse nunca. Y no por nada terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos del género.

Pero muy rápido se entiende que debajo de todo ese brillo hay bastante veneno. Porque Chicago no utiliza el espectáculo para escapar de la realidad. Lo utiliza para mostrarla.

La historia de Roxie Hart es, en el fondo, la historia de alguien desesperada por ser vista. Quiere escapar de una vida gris, convertirse en alguien importante, sentirse especial. Y cuando finalmente consigue toda la atención que estaba buscando, lo hace de la peor manera posible.

A partir de ahí, la película empieza a plantear una idea bastante incómoda: muchas veces no importa tanto lo que pasó, sino cómo conseguimos contarlo.

Por eso todo se transforma en un espectáculo. El juicio se convierte en una coreografía, los periodistas parecen maestros de ceremonia, los abogados manejan la verdad como si fuera utilería y las tragedias se convierten en números musicales.

Y lo más inteligente es que Chicago no se limita a mostrar ese espectáculo desde afuera. Gran parte de él ocurre dentro de la cabeza de Roxie.

Sus fantasías de fama, sus deseos de ser admirada, sus celos, sus inseguridades y hasta sus momentos de desesperación se transforman en escenarios, luces y canciones.

No vemos solamente lo que ocurre. Vemos cómo Roxie necesita imaginar que ocurre.

Y ahí el musical encuentra su verdadera razón de ser.

Las canciones no están simplemente para decorar la historia. Son la manera en la que los personajes expresan aquello que no pueden decir directamente. Lo que sienten, lo que desean y, sobre todo, lo que intentan esconder.

Cuando Roxie imagina la fama, la película se convierte en espectáculo. Cuando Velma habla de su pasado, también. Cuando los personajes manipulan una situación, el escenario se convierte en una extensión de esa manipulación.

Es como si el mundo real y el mundo del show fueran exactamente la misma cosa.

Porque en Chicago, la vida funciona como un escenario.

Y todos están actuando.

Roxie actúa para los periodistas. Los periodistas actúan para el público. Los abogados actúan para el jurado. El público actúa como juez. Y, en el medio, la verdad queda cada vez más enterrada debajo de todas esas actuaciones.

Por eso Billy Flynn es un personaje tan importante. No necesita demostrar que sus clientes son inocentes. Necesita convencer a todos de que parezcan inocentes.

Y esa diferencia resume bastante bien el mundo de la película.

La justicia puede buscar la verdad, pero el espectáculo busca una historia que funcione. Y cuando esas dos cosas entran en conflicto, Chicago deja bastante claro cuál de las dos tiene más poder.

También está la relación entre Roxie y Velma, que me parece fundamental. Porque podrían haber sido simplemente dos mujeres compitiendo por el mismo espacio dentro del espectáculo, pero la película las coloca dentro de una estructura mucho más cruel.

Las dos descubren que tienen valor mientras generan interés. Mientras sean noticia. Mientras haya algo que contar sobre ellas. Y cuando dejan de ser interesantes, simplemente desaparecen.

Por eso incluso el dolor se convierte en competencia. Una necesita superar a la otra. Una necesita tener una historia más interesante. Una necesita conseguir el titular más grande.

Porque en ese mundo hasta el sufrimiento puede convertirse en una herramienta para conseguir atención.

Y ahí Chicago se vuelve sorprendentemente actual.

Porque aunque la película esté ambientada en otra época, la lógica que plantea sigue siendo completamente reconocible. Vivimos en una cultura donde ser visto muchas veces parece más importante que ser conocido. Donde una buena historia puede pesar más que los hechos y donde la indignación, el escándalo o la tragedia pueden convertirse rápidamente en entretenimiento.

No siempre gana quien tiene la verdad. A veces gana quien sabe contarla mejor.

Y ahí entra también la música, porque cada canción funciona como una forma distinta de manipular la realidad. El cabaret, el jazz, el vodevil y las coreografías no solamente construyen el tono de la película, sino que convierten la mentira en algo atractivo, entretenido y hasta irresistible.

Y eso es quizás lo más perverso de Chicago: te hace disfrutar exactamente de aquello que está criticando. Te seduce con las luces, el glamour, el sexo, el humor y esos números musicales enormes, mientras por debajo te está mostrando un mundo completamente podrido. Cuanto más hermoso se ve, más evidente resulta lo oscuro que hay detrás.

Por eso el trabajo visual de Rob Marshall es tan importante. Entiende que no podía filmar Chicago como un musical tradicional. Necesitaba encontrar una forma de que el espectáculo pudiera convivir con la realidad, y lo consigue haciendo que muchas de las canciones y coreografías nazcan directamente de la imaginación de los personajes.

Lo interesante es que esas fantasías muchas veces terminan contando más sobre lo que realmente está pasando que las propias escenas. Lo que un personaje no puede decir, lo baila. Lo que intenta esconder, lo convierte en espectáculo. La fantasía termina revelando más verdad que la realidad.

Y quizás ahí esté una de las grandes virtudes de la película. Chicago no utiliza el musical simplemente para exagerar la historia. Utiliza la exageración para mostrar cómo funciona ese mundo. Todo es una puesta en escena. Todo puede convertirse en entretenimiento. Todo puede venderse. Incluso una tragedia.

Por eso Chicago no es solamente un gran musical. Es una sátira bastante feroz sobre la fama, los medios, la manipulación y esa necesidad casi desesperada que tenemos de sentir que alguien nos está mirando.

Porque al final, Roxie no quiere solamente ser famosa. Quiere sentir que su vida importa. Y quizás esa sea la parte más triste de todo: que después de tantas canciones, tantos aplausos, tantas luces y tantos titulares, lo que queda no es necesariamente una persona que consiguió lo que quería, sino alguien que simplemente consiguió unos minutos más bajo el reflector.

Porque en Chicago, más que justicia o verdad, casi todos quieren lo mismo: que el foco quede sobre ellos, aunque sea por un instante.

Thoughts

  • quiza_me_equivoco

    El trabajo visual de Rob Marshall filmando desde la imaginación de Roxie es lo que hace que funcione todo. Sin eso sería solo un espectáculo vacío.

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  • pregunta_rapida_

    ¿La música en Chicago solo te dice la verdad? ¿O también está manipulando, como todo lo demás?

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  • idea1908

    esto es todo tan perturbador y tan real a la vez 💀💀

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  • cuatrocafes

    Qué oscuro eso de que desaparecen cuando dejan de ser interesantes. Velma y Roxie entendieron la regla tarde.

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  • asintiendo_desde_aca

    ¿En qué momento Roxie deja de actuar para los periodistas? ¿O nunca realmente lo hace en la película?

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