Leí todo y, sinceramente, me parece muy triste todo lo que tuviste que vivir. A veces la vida nos quita personas, oportunidades y momentos que significaban mucho para nosotros, pero eso no significa que seamos menos que los demás. Espero que algún día puedas volver a sonreír como antes y que no dejes de luchar por tus sueños, porque un fracaso no define quién eres ni todo lo que puedes llegar a lograr. Y recuerda que no tienes que ser perfecto para merecer cosas bonitas.
Mis Días Oscuros
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Leí todo y, sinceramente, me parece muy triste todo lo que tuviste que vivir. A veces la vida nos quita personas, oportunidades y momentos que significaban mucho para nosotros, pero eso no significa que seamos menos que los demás. Espero que algún día pue
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Mis Días Oscuros
Desde pequeño yo siempre solía mostrar una sonrisa muy linda. No lo digo yo, me lo decía mi abuela Sofía. Ella siempre me daba consejos sobre la vida y sobre cómo debía vivirla. Entonces llegó el momento de que ella se fuera de mi lado; me tocó estar sin mi querida abuela Sofía. Yo la amaba mucho y ella también me amaba a mí. Cuando me acariciaba, sentía el amor verdadero de alguien que ahora me dejó sin su presencia. Ya no tengo sus abrazos. Llevo mis últimos siete años sin ella, sin su amor y sin su compañía.
Tiempo después vi fallecer a mi abuelo, lo cual me partió el corazón; no solo a mí, sino también a mis padres y a toda mi familia. En ese momento éramos una unión que, con el tiempo, lamentablemente se rompió. A veces yo era el engreído de la familia solo por mi abuela Sofía, pero ella se me fue al cielo. Sin embargo, siempre vivirá en mi corazón. Aunque no la pueda ver ni sentir, vive en mí.
Me tocó ver partir a mi abuela Sofía y viví un año entero sufriendo su ausencia. Cuando estaba con ella jugaba al fútbol y nunca lo dejé. Al irse ella, empecé a jugar como nunca, como si no hubiera un final. Jugaba con todo y me di cuenta de que tenía talento; eso mismo dijeron mi papá, mi abuelo y mi familia cuando me vieron jugar. Un día empecé a amar el fútbol más que a nada; aprendí trucos con mi papá y mi hermano.
Un día, en mi entrenamiento, el profesor me dijo: «Hola, hijo. Mañana te vas a ir a probar a la César Vallejo». Esa academia era algo grande, donde todos querían estar e intentaban llegar, pero muy pocos lo lograban. Llegó el día y no sé qué pasó, pero creo que fueron los nervios. Todo era muy confuso para mí; me sentí menos que los demás y me dije a mí mismo que ellos jugaban mejor que yo. Me desanimé mucho, los nervios me ganaron y no pude entrar porque no estaba preparado mentalmente. No le echo la culpa a nadie; me culpé a mí mismo por no ser tan maduro y por tener pensamientos de perdedor. Me pregunté si era un idiota por haber fracasado en una gran oportunidad donde hubiese llegado lejos. Mi papá quedó decepcionado, mi mamá e hermana igual, toda mi familia. Nadie me dijo: «Hijo, estás muy pequeño, vas a tener más oportunidades». A veces esas oportunidades no llegan y solo te toca aceptar que nunca podrás llegar a donde quisiste. Pensaba si mi abuela Sofía me hubiera dicho lo mismo: «No sirves para nada», o si me habría apoyado.
Sentía que siempre me excluían y me afectaba mucho que mi madre me comparara con mis primos diciendo: «Mira a tus primos a dónde llegaron tan lejos, ¿y tú por qué no haces nada? Siempre intentas hacer algo bueno y lo dejas a medias. Si vas a hacer algo, termínalo». En ese momento sentí como si me hubieran dado un golpe por dentro. Me sentí mal, sentía que en nada era bueno. Jugaba al fútbol y todo me salía mal. Yo era pobre, no tenía nada bueno; miraba a otros ir a los entrenamientos en sus carros mientras yo iba caminando y decía: «Ojalá algún día yo sea así, el fútbol me sacará de esto».
En ese momento intenté cambiar mi mentalidad a una más madura para no sentirme menos que nadie, aunque tenía miedo de volver a sentirme inferior. Cerraron las academias por el fin del verano y tuve que regresar a estudiar. En el colegio era feliz con mis amigos; uno de ellos se llamaba Paolo, quien también jugaba al fútbol y nos volvimos muy unidos. También llegó Justin, otro compañero futbolero, y todo era risa, jugar y estudiar. Terminó el año, estábamos de promoción y la profesora nos pidió poner en un papel nuestros sueños. Yo escribí: «Ser futbolista profesional», como Justin y Paolo.
Al acabar la promoción, en verano tuve que trabajar y a la vez entrenar, pagándome yo mismo los entrenamientos. El profe me dio otra oportunidad, esta vez para el Sport Boys. Ahí conocí a un amigo llamado José. Nos llamaron a los dos, pero al final a mí nunca me llamaron de forma definitiva; creo que el profesor lo pensó bien y dijo: «Él ya me falló». Simplemente no tuve la oportunidad de ir, aun con mi mentalidad nueva.
Pasé a la secundaria en el colegio José Faustino Sánchez Carrión, un entorno totalmente nuevo. Separaron a mis amigos: Paolo estaba en otro salón, mientras que Justin, José y yo compartíamos aula. Conocí también a Yonli y nos hicimos amigos. Había un chico problemático en el colegio que quería pelearse con todos. Por defender o insultar a su prima (que era mi excompañera), me buscó en el baño con su gente y me tuve que escapar porque eran muchos. Paolo vino en el recreo a apoyarme y me demostró su verdadera amistad al querer defenderme.
Un día llegó un comunicado de una convocatoria de fútbol y fuimos los tres: Paolo, Justin y yo. Entramos los tres y éramos felices. A la salida hacíamos "chanchita" para comprar algo de comer entre todos. Vivíamos haciendo chistes, felices. Sin embargo, al acabar el año escolar, en vacaciones tuve que trabajar. En el trabajo me decían cosas feas como "cholo" o se burlaban diciendo que mi dinero era para vicios, pero mi único propósito era ahorrar para probarme en una buena academia.
En 2° de secundaria todo cambió. Baje mucho mis notas por culpa de mis conductas y chistes en clase; me volví el peor del aula y mis padres estaban muy decepcionados. A Justin y a mí nos llamaban "burros", pero a veces teníamos la suerte de que nos sacaran de clase para representar al colegio en fútbol. Sin embargo, perdimos un partido y nunca más nos volvieron a sacar. Una profesora de inglés, Adriana, me pedía llorando que hiciera silencio para poder enseñar. Me sentí muy mal por hacerla llorar. Al día siguiente me peleé a golpes con un compañero que me insultó y la profesora llamó a mi padre, diciéndole que yo actuaba como un animal por arreglar las cosas peleando. Yo ya no era el mismo de antes.
Pasé de año a las justas. Mi amigo Paolo, quien una vez me ayudó en un accidente con un autobús dejándome una cicatriz en el estómago que representa nuestra amistad, se enamoró perdidamente de una chica llamada Abigail. Tiempo después, descubrió que ella tenía otro novio y que él solo era una segunda opción. Paolo se rompió por dentro, empezó a aislarse de nosotros y nunca más nos volvió a hablar. Justin también dejó de ir a entrenar. Me quedé solo.
He estado mis últimas siete noches muy atormentado, algo que nunca me había pasado. Es duro, doloroso, estresante y abrumador. Nunca me imaginé que la soledad fuera tan dura, pero aprendí algo de ella: nunca debí aisralme de la gente sin razón. Vivo solo mis días. Me siento solo incluso cuando estoy rodeado de personas. A veces me digo: «Ojalá nunca hubiese existido el día, que toda mi vida hubiese sido oscura, de noche y sin que exista el amanecer». No entiendo por qué la gente se alegra al amanecer; para mí es aburrido. Me despierto a las 7:00 a.m., me baño y me voy al colegio sin desayunar. Veo a todos sonreír y me digo: «Quisiera sonreír como ellos».
Pero en medio de todo esto, hubo algo que me llamó la atención: una chica. Creo que me enamoré. Esa chica era tan dulce, tenía unos ojos hermosos como jamás había visto. Supe que se llamaba Aracely. Me dijeron que era muy inteligente y una buena chica. Todas las noches pensaba en ella, en sus lindos ojos y su linda sonrisa. Me preguntaba si tendría la oportunidad de estar con ella algún día, pero me miraba al espejo y me decía que soy un chico horrible. Me siento inferior. Ella es perfecta, superior a mí en todo, mientras que yo soy un chico deprimido y lleno de defectos.
Intenté dejar de pensar en ella y dejar de hacerme ilusiones falsas. Pero esas hermosas noches donde me ponía a pensar mirando al techo de mi cuarto eran tan reales que, aun sin estar con ella, dolía. Me dolió darme cuenta de que nunca podría estar a su lado porque ella vive cómoda y feliz, mientras que yo vivo consumido por mis días y mis noches oscuras y querido lector continuaré....
Thoughts
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PermalinkAupa, me lo he leído de un tirón. Me quedo con Aracely y el techo del cuarto, me da que ahí empieza otra historia que todavía no nos has contado.
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PermalinkPues a las pruebas del Sport Boys, la Misilera del Callao, se presentan muchísimos muchachos por cada cupo. Que un profesor lo mandara a usted dos veces, primero a la César Vallejo y luego ahí, quiere decir que vio algo que no le ve a cualquiera. Una mañana de nervios no borra eso.
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PermalinkLo de ir caminando al entrenamiento mientras los otros llegaban en carro lo vi durante años en una cancha cerca de casa: un gurí que cruzaba media ciudad a pie con los botines colgados del hombro, siempre el primero en llegar. Nunca lo ficharon, de repente porque no tenía quién lo llevara a las pruebas. Hoy entrena a los chiquilines de esa misma cancha y le tienen un respeto bárbaro.
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PermalinkEl papel de los sueños que les pidió la profesora al acabar la promoción, con los tres escribiendo lo mismo, me hizo pensar en lo poco que uno se acuerda de esos papeles hasta que alguien los cuenta así, con nombres: Paolo, Justin, José, Yonli. Apuesto a que en la siguiente parte vuelve alguno de ellos. Gracias por compartirlo aquí, en tu primer post!
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PermalinkLo terminamos anoche con mi abuela, en la sala, y cuando llegó lo de la sonrisa linda que te decía la abuela Sofía me paró para decir que eso las abuelas lo dicen para que uno se lo crea toda la vida. Después no habló más hasta lo de Paolo y la cicatriz del autobús, y ahí dijo que un amigo así vale más que cualquier academia. Apuesto a que Paolo no sabe que lo cuentas así.
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PermalinkLeí todo y, sinceramente, me parece muy triste todo lo que tuviste que vivir. A veces la vida nos quita personas, oportunidades y momentos que significaban mucho para nosotros, pero eso no significa que seamos menos que los demás. Espero que algún día puedas volver a sonreír como antes y que no dejes de luchar por tus sueños, porque un fracaso no define quién eres ni todo lo que puedes llegar a lograr. Y recuerda que no tienes que ser perfecto para merecer cosas bonitas.
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