En mi alma hay un lugar iluminado.
Si pudiera invitarte a recorrerlo,
te maravillarías al ver tanta vida,
aunque nadie habite en él.
El cielo es azul,
y los rayos de luz son tantos
que se entrelazan.
El pasto tiene un verde único, jamás visto.
Ese es mi lugar,
donde vuelvo cuando necesito paz.
Cuando el caos me invade
y mi entorno se alborota,
es ahí donde me vuelvo a armar.
Puedo abrazarme sin miedo
porque me veo.
Ahí encuentro la calma de mis días compartidos contigo,
las risas de las tardes de verano,
los almuerzos de domingo.
Ahí estamos tú y yo.
Hay una niña sin heridas,
una mujer íntegra,
y el eco suave de tu voz
que me guía en cada paso.
La presencia que me sostiene
cuando el mundo se vuelve incierto.
Porque contigo me sentía en casa, segura, tranquila...
mi mejor versión salía a tu lado.