Adela, si algún día el tiempo rompe
la voz con que pronuncio que te quiero,
y el aire se me vuelve prisionero
antes de que tu nombre yo lo nombre,
aun así te diré cuánto te amo
con aquello que quede todavía:
con la sangre encendida, con el alma,
con la última luz que habite el día.
No he venido a ofrecerte paraísos
ni a cubrir mi verdad con falsos velos;
¿cómo habría de prometerte cielos
si conoces mis lágrimas y abismos?
Soy un hombre marcado por la vida,
por noches que dejaron cicatrices,
por recuerdos amargos y felices,
por victorias pagadas con heridas.
Pero al llegar tú, Adela, comprendí
que también se regresa del pasado;
que un corazón herido y fatigado
puede volver a comenzar así.
Porque así es como te amo: sin medida,
sin término, frontera ni final;
como se ama aquello que es tan hondo
que ninguna palabra dice igual.
Si caigo, son tus manos las que encuentro;
si me pierdo, tu luz señala el día;
si el mundo se transforma en sombra fría,
tú enciendes la esperanza aquí, en mi centro.
No soy un hombre perfecto, bien lo sabes,
pero mi amor es firme y verdadero;
ha resistido noches y combates
Y seguirá siendo tu compañero.
He contemplado el rostro del espanto,
He llevado sobre mí pesadas horas;
pero tú, con las manos protectoras,
Hiciste de tu pecho mi descanso.
Cuando el cuerpo se rinde de cansancio
y el alma ya no puede contenerse,
Tú tomas esta mano entre las tuyas
Y todo encuentra un motivo para ser.
Si un día me abandona la energía
y vence la agonía mi resistencia,
Te amaré con el alma y con la vida
Que todavía quede en mi existencia.
No te prometo el día de mañana,
pues nadie es dueño del reloj incierto;
te prometo este instante verdadero,
Esta hora que en tus brazos se hace eterna.
Te prometo que, venga lo que venga,
Seré tu compañero en el camino,
El hombre que comparte tu destino,
Tu amor, tu amante y tu presencia fiel.
Adela, si algún día ya no puedo
decirte con mi voz cuánto te quiero,
contempla largamente mis pupilas:
Verás tu nombre escrito en su silencio.
Mi amor no necesita de la voz,
ni del cuerpo, ni el aire, ni los días;
vivirá junto a ti cuando no exista
El tiempo que gobierna nuestras vidas.
Y cuando de mi historia solo queden
mi recuerdo, mis libros y estos versos,
En ellos hallarás mi amor intacto,
Venciendo la distancia y el silencio.
Porque mi amor se quedará contigo,
más allá de mi voz y de mi suerte;
más allá de los límites del tiempo,
Para siempre, Adela… y más allá.