Vivimos en un mundo maravilloso, que tristemente hoy se opacado por la delincuencia. Lo que me hizo preguntarme a que se debe esto que se vive, sin etiquetar a la gente entre buenos y malos, mas bien reconociendo que todos llevamos una mochila que pesa, pero no es igual para todos,una carga que pocos pueden comprender. Intento no juzgar, pero tampoco justificar los actos de violencia tan fatales; Pero, ¿qué hay más allá? ¿Qué pasa en la mente de quienes no se tocan el corazón?
Quizás cargan a cuestas el rechazo, el abandono, las burlas y los golpes. En fin, una historia de sufrimiento desde la infancia, sin explicarse por qué les tocó pasar por eso. Al ser la única realidad que conocen, esa mochila se convierte en un peligro. Al fin y al cabo, cargar con tanto dolor desde una edad inocente no debe ser fácil.
¿Niños problema o padres ausentes?
A veces la sociedad los llama "niños problema", pero ¿en realidad lo son? Es verdad que nadie nace sabiendo ser padre, pero se ve con frecuencia a menores abandonados a su suerte por progenitores que prefieren no hacerse cargo de hijos que no fueron fáciles de educar. Al final, en su mayoría, estos jóvenes terminan tomando el mal camino de delinquir.
Para mí, todo comienza en el hogar, en el amor y en la atención que se nos da. Un par de nalgadas, cuando se merecen, son muy buenas a tiempo; hay edades en las que corregir ya es tarde. No se trata de educar con violencia, pero sí de reprender cuando se comete una falta grave, evitando que en un futuro se convierta en algo más grande que se pudo haber prevenido.
Dejemos de culpar totalmente a los partidos políticos o al tan ya atacado sistema, solo para no sentir el peso de la culpa por algo que no supimos o no quisimos ver en su momento por no complicarnos la vida. Paradójicamente, nuestra falta de acción o de madurez termina complicando nuestro futuro a final de cuentas. No se trata de darles de más o consentirlos en todo, sino de asegurarles un trato digno y límites claros.
He conocido a personas que tuvieron una infancia muy difícil y hoy repiten exactamente la misma historia con sus propios hijos. No logro comprender por qué, si a ellos les dolió tanto vivir así, no decidieron darles algo diferente. Por otro lado, también conozco padres que han "cambiado el chip" y son mucho mejores de lo que fueron con ellos.
Cada cabeza es un mundo, eso es bien sabido. Toda forma de vivir se respeta, aunque sea difícil asimilarla (que tampoco tenemos por qué hacerlo). Sin embargo, el dolor ajeno también duele, y quizás por eso yo quiero ir un poco más allá de lo que logro ver a simple vista.
La anestesia digital y el vacío del mañana
Hoy en día, esos "niños problema" quizás han dejado de serlo por un momento: dales una pantalla para que se entretengan y listo. Pero, ¿a dónde vamos con esa dependencia tan grande a la tecnología?
Si hoy ya hay tantos adultos con heridas en el alma, ansiedad y depresión, no me quiero ni imaginar cómo serán las generaciones futuras. Es alarmante ver que su felicidad dependa de ganar seguidores en redes sociales o que consuman su existencia a través de desconocidos en un reflejo digital, olvidando que tienen una realidad propia.
Pero bueno, esto es solo un pensamiento mío. No tiene que ser estrictamente así, aunque tampoco puedo asegurar que no vaya a pasar. La vida es una moneda en el aire; lo único que tenemos seguro es el aquí, el ahora... y la muerte.