Me regalaste mil y una sonrisas.
Disfrutaste noches despierta,
arropando mis sueños.
Consolaste mis llantos.
Fuiste confidente
de amores imposibles.
Me ayudaste en mis primeros pasos
y nunca de mi lado te fuiste.
Aventureras en tierras desconocidas,
redactamos nuestras anécdotas.
Tacos altos en pies de niña.
Sueños que aún no perecen.
Me incentivas a andar,
trepar y construir.
Aún hoy cuidas de mi corazón,
mi alma y mi cuerpo,
como cuando era niña.
12-8-2001
Vale Fischer