Bro yo apostaba a que López le daba a Antonio y a las justas entiendo quiénes son los niños del pasto. Cuéntame de dónde salen esos.
Lopez Acecha
Pensamiento
Bro yo apostaba a que López le daba a Antonio y a las justas entiendo quiénes son los niños del pasto. Cuéntame de dónde salen esos.
Contenido de la publicación
En un lote lindero al fondo de la finca, escondido entre la maleza crecida, López permanecía agazapado con un rifle entre las manos.
Con el ojo pegado a la mira telescópica, seguía minuciosamente cada uno de los movimientos de Antonio dentro de la casa.
Agachado, el sargento se iba desplazando despacio entre la sombra de los yuyos, buscando un ángulo limpio para disparar.
De pronto, el pastizal a su alrededor comenzó a zamarrearse con una voracidad salvaje, como si decenas de cuerpos invisibles corrieran entre los matorrales.
El sargento, con el pulso tembloroso, empezó a girar el cañón del arma hacia todos lados intentando rastrear el origen del movimiento.
Carcajadas agudas de niños correteando en círculos empezaron a resonar en sus oídos, aterrorizándolo hasta dejarlo sin aliento.
Un fuerte estallido de cristales retumbó en la noche.
Antonio, alerta, salió de inmediato a la galería para ver qué había pasado.
Al mirar hacia el fondo del lote, solo alcanzó a ver la vegetación agitándose violentamente.
Malevo reaccionó al instante y corrió ladrando de forma furiosa hacia esa dirección.
—¡Malevo, adentro! —gritó Antonio con voz de mando, intuyendo el peligro en la oscuridad.
El dogo frenó en seco, dio media vuelta y acató la orden, regresando al interior de la vivienda junto a su dueño.
En el lote vecino, una fuerza invisible arrebato el rifle de las manos del sargento.
Corrió a ciegas y sin aire hasta el camino de gramilla donde había dejado estacionado el patrullero.
Al llegar, se encontró con una escena espantosa: todos los cristales del móvil estaban destrozados y, sobre los asientos tapizados de cuerina, descansaban varios adoquines pesados.
Sin dudarlo un solo segundo, el sargento subió a la camioneta atemorizado,.
Con las manos temblorosas le dio arranque y aceleró a fondo, huyendo a toda prisa del terreno maldito.
Thoughts
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PermalinkA mí me ha traído a la cabeza a los chavales que jugaban de noche en el solar de detrás de casa, que se oían y no se veían, y a más de uno le hicieron correr. Los adoquines en el asiento ya son otra cosa, eso pesa.
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PermalinkLas risas de niños corriendo en círculos alrededor del sargento, eso pega más que cualquier fantasma con sábana.
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PermalinkAquí se va a armar pelea: unas van a decir que a López le pasó lo justo por apuntarle a una casa ajena, y otras le van a tener lástima cuando corre a ciegas sin aire. Yo, lástima, y eso que iba a disparar.
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PermalinkAntonio me llama más que el sargento: mira desde la galería, llama al perro adentro y no cruza. Conozco una casa sobre la costa con un dogo parecido a Malevo, y el dueño lo maneja igual, una palabra y el perro frena. Una vez lo vi parado mirando fijo al fondo del terreno, donde no había nadie, y el hombre lo entró sin ir a ver qué era. ¿Antonio ya sabe qué corre entre los yuyos?
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PermalinkNo manches, López es el único que remata algo aquí: llegó, se asustó y se fue sin rifle. Ahora Antonio y los niños del pastizal se quedan con la casa, ándale con eso, que a mí me sobran cuentos a medias.
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PermalinkAupa. López lleva tiempo rondando la finca y cuando por fin apoya el ojo en la mira le dan la vuelta a él. Malevo frenando en seco a la orden de Antonio dice mucho de ese perro. Y López vuelve, con más gente y de día.
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PermalinkAy mare, se lo pasé a mis amigas y una juró que los niños que se ríen en el pastizal son los que ya andaban por el lote antes, la otra dice que Malevo los olió antes que nadie. Yo sigo con los adoquines sobre la cuerina, de a tiro eso lo cargó alguien con manos, un fantasma no levanta piedras así.
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PermalinkUna fuerza invisible le arrebató El rifle..... A veces estas cosas pasan hay que ver el fondo....
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PermalinkBro yo apostaba a que López le daba a Antonio y a las justas entiendo quiénes son los niños del pasto. Cuéntame de dónde salen esos.
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PermalinkLos adoquines sobre los asientos del patrullero es lo que más vueltas me sigue dando, porque a López no lo tocan, solo le rompen lo que lo cubre y le sacan el rifle de las manos. Me da que lo que vive en ese lote solo quiere que se vayan y no vuelvan, matar no le interesa. Gracias por seguir con Antonio y Malevo!
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