El silencio que flotó en el aire desde que te fuiste el marzo pasado le pareció acompañar el traca-tá de la locomotora avanzando. Desde aquel entonces, las despedidas se sienten con un aire denso y tienen un aroma a tren viejo; un olor a difunto porque los trenes siempre parecen ir dando su ultimo viaje, como que están peleando contra el tiempo para evitar extinguirse.
Y supongo que así me veía yo, tomando de tu mano aunque ya quisieses irte.