Tu cara hermosa, tus ojos bellos,
tus labios del color de una rosa;
verte es un placer tan profundo
que logra estremecer mi alma rota.
Yo, que no creía en el amor,
sin esperarlo me perdí en ti;
y desde entonces, cada día,
te pienso, te anhelo, vivo por ti.
Desde aquel día que un beso te robé,
fue como si Cupido nos hubiera flechado;
como si el destino, en silencio,
ya nos llevara de la mano.
Y la vida nos convenció
de que nacimos para amarnos,
porque con tan solo mirarnos
parece detenerse el tiempo.
Sanaste las grietas de mi alma,
las heridas que el mundo dejó;
y a veces pienso que en otra vida
algo bueno mi corazón sembró.
Tal vez salvé millones de almas,
tal vez calmé el dolor de alguien más,
para que Dios, en su infinita gracia,
te pusiera en mi camino al final.
Y si volviera a nacer mil veces,
mil veces te volvería a buscar,
porque eres la respuesta más hermosa
que mis sueños pudieron encontrar.
No sé qué hice para merecerte,
ni qué milagro me trajo hasta aquí;
solo sé que cuando estoy contigo
siento que el cielo vive en mí.