Tal vez mañana sonaría mi alarma igual,
pero nadie esperaría que la apagara.
Mi taza seguiría donde la dejé,
y mi cama guardaría el calor de alguien que ya no volvió.
Quizás mi nombre aparecería un rato en alguna conversación,
entre un "¿lo has visto?" y un "seguro está ocupado".
Después el silencio haría su trabajo,
como siempre lo hace con las cosas que deja el tiempo.
Mis mensajes quedarían sin respuesta,
las fotos seguirían acumulando polvo
y mi risa se convertiría en un recuerdo
que cada día costaría un poco más escuchar.
Las calles no cambiarían de lugar,
el metro seguiría llegando a la misma hora,
la lluvia seguiría cayendo sobre los mismos techos,
como si el mundo nunca hubiera sabido que existí.
Quizás alguien entraría a mi habitación,
miraría mis cosas por unos segundos
y entendería demasiado tarde
todo lo que nunca preguntó.
¿Qué pasaría con los "después hablamos"?
¿Con las promesas que nunca encontraron un mañana?
¿Con las palabras que guardé por miedo
a decirlas cuando todavía había tiempo?
Tal vez nada cambiaría.
Y ese pensamiento pesa más
que cualquier despedida,
Pero también existe otra posibilidad.
Que alguien, al notar mi ausencia,
descubra que una persona nunca fue tan pequeña como parecía.
Que entienda que hay silencios que hacen demasiado ruido
cuando dejan de estar.
Porque a veces creo que no hago falta,
hasta que un asiento queda solo,
un saludo deja de llegar
o una voz deja de responder.
Y entonces comprendo
que nadie desaparece por completo
mientras exista alguien
que todavía me recuerda y aun así
hay noches en las que la idea vuelve,
se sienta al borde de la cama
y pregunta en voz baja:
"¿De verdad alguien notaría la diferencia?"
No sé responderle.
Porque hay abrazos que nunca llegaron,
mensajes que jamás fueron enviados,
y personas que prometieron quedarse
hasta que encontraron un lugar mejor donde estar.
Uno aprende a fingir que todo está bien.
A sonreír sin ganas.
A decir "estoy cansado"
cuando en realidad lo que pesa
es algo que no tiene nombre.
Pero si desapareciera hoy,
también desaparecerían
las palabras que aún no escribo,
las personas que todavía no conozco,
los lugares que aún no descubro
y las versiones de mí
que todavía no tienen oportunidad de existir.
Quizás el futuro guarde algo
que hoy soy incapaz de imaginar
Tal vez una conversación,
una risa inesperada,
un abrazo sincero
o simplemente un día tranquilo,
de esos que llegan sin hacer ruido
y, sin darse cuenta,
empiezan a reparar lo que parecía roto
Así que, por ahora,
sigo aquí
No porque tenga todas las respuestas,
ni porque el dolor haya desaparecido.
Sino porque aún quiero descubrir
qué pasaría
si, en lugar de desaparecer hoy,
decidiera quedarme
un día más.