No es que falte el techo,
ni el plato en la mesa,
es este vacío que crece
cuando el alma se queda sin respuesta.
No es que no vea tu esfuerzo,
ni las horas que dejás en el día,
pero hay algo en lo invisible
que también se enfría.
Yo no quería todo resuelto,
ni que cargues con mi mundo entero,
solo un “estoy acá”,
solo sentir que no camino en desierto.
Porque cansa el silencio,
cansa hablarle a la nada,
cansa sentirse cerca
y al mismo tiempo tan alejada.
Y sí… tal vez vos también estés cansado,
tal vez no sepas cómo dar más,
pero yo tampoco aguanto este frío
de dos personas que no se saben mirar.
No quiero irme,
pero tampoco desaparecer en esto,
porque amar no es sobrevivir
con lo mínimo puesto.
Si todavía queda algo,
aunque sea chiquito y sin voz,
que no sea el orgullo quien hable…
que volvamos a ser nosotros dos.