Hoy es una de esas noches frías
en las que la melancolía me visita
y me recuerda cuán herida estaba,
cuántas veces intenté volar
y terminé cayendo
en la misma miseria de siempre.
Hundida,
sin fuerzas ni ganas,
luchaba por salir
de aquel lugar que me apagaba.
Y cuando al fin lo conseguía,
me recordaba a mí misma
que incluso las heridas
podían dejar enseñanzas,
que algunas lecciones
llegaban disfrazadas de desgracia.
Porque también me equivoqué,
tomé caminos sin salida,
confundí el amor con la esperanza
y me perdí a mí misma
por estar locamente enamorada.