Yo me reconozco como una impostura
que tiene mucha seguridad en sí misma,
y soy una impostura
no porque mi alma sea una falsedad vacía,
sino porque desde el afuera
y por más que yo lo quiera
y por eso me muera,
nunca me van a aceptar en mi personalidad,
que considerarán parodia o charada,
—Cuando no ridícula o peligrosa—
y nunca van a aceptar como válida o cierta mi autenticidad.
Han decidido por mi, amputándome la palabra
palabra amputada no es otra cosa
que el silencio forzado al que te someterá
la falta de empatía ajena,
y solo por existir como elemento extraño dentro de esta fauna...
No me siento inferior,
aún si se me partiera el corazón
pero, entiendo...
que para el ojo ajeno
siempre seré una fachada,
una muy perjudicial y molesta,
sin remedio.
si me ven como una actuación,
como un show que requiere validación,
no tienen que tomarme en serio...