LA VEJEZ
En el crepúsculo de la vida avanza,
el miedo asoma con su aliento frío.
Cada arruga cuenta una balanza,
un eco antiguo de lo que he vivido.
Los ojos que miran, reflejo en pena,
el tiempo implacable, su paso cruel.
La flor que se marchita, ya no suena,
un murmullo de lo que fue y no es.
Los sueños se ocultan tras sombras tenaces,
el suspiro tierno de un alma agazapada.
Los años se arrastran, dejando enlaces,
promesas doradas, buenos y malos amores .
El recuerdo es canto que duele en el pecho,
una danza lenta de risa y de llanto.
La vida se aferra, en su frágil trecho,
y el reloj, irónico, nunca está en tanto.
Luz en el ocaso, un regalo vivido,
la risa que suena, aunque el cuerpo ceda.
En la memoria hay un fuego encendido,
un abrazo eterno que nunca se quiebre.
El miedo se disfraza de sabiduría,
pues en cada instante, hay un nuevo amanecer.
Los días que pasan, pueden deprimirte o tener armonía,
y aunque el cuerpo tire, me niego a caer.
La vejez es maestra en su cruel arte,
y ofrece al lamento un nuevo destello.
En cada nostalgia hay un dulce estandarte,
historias que abrazan en un solo sello.
El tiempo no es enemigo, es un aliado,
un compañero fiel que va a la par.
Aprender a querer lo que hemos sembrado,
es hallar en la vida su verdadero hogar.
Entre los susurros de la memoria,
se teje la esencia de lo que fue.
La vida es un cuadro, una dulce historia,
donde el miedo a la vejez se torna en fe.
¡Oh muerte! Eres de la vejez
su inseparable hermana.
Vistiendo el ropaje de quien te espera.
En el crepúsculo de la vida avanza,
el miedo asoma con su aliento frío.
Cada arruga cuenta una balanza,
un eco antiguo de lo que he vivido.
Los ojos que miran, reflejo en pena,
el tiempo implacable, su paso cruel.
La flor que se marchita, ya no suena,
un murmullo de lo que fue y no es.
Los sueños se ocultan tras sombras tenaces,
el suspiro tierno de un alma agazapada.
Los años se arrastran, dejando enlaces,
promesas doradas, buenos y malos amores .
El recuerdo es canto que duele en el pecho,
una danza lenta de risa y de llanto.
La vida se aferra, en su frágil trecho,
y el reloj, irónico, nunca está en tanto.
Luz en el ocaso, un regalo vivido,
la risa que suena, aunque el cuerpo ceda.
En la memoria hay un fuego encendido,
un abrazo eterno que nunca se quiebre.
El miedo se disfraza de sabiduría,
pues en cada instante, hay un nuevo amanecer.
Los días que pasan, pueden deprimirte o tener armonía,
y aunque el cuerpo tire, me niego a caer.
La vejez es maestra en su cruel arte,
y ofrece al lamento un nuevo destello.
En cada nostalgia hay un dulce estandarte,
historias que abrazan en un solo sello.
El tiempo no es enemigo, es un aliado,
un compañero fiel que va a la par.
Aprender a querer lo que hemos sembrado,
es hallar en la vida su verdadero hogar.
Entre los susurros de la memoria,
se teje la esencia de lo que fue.
La vida es un cuadro, una dulce historia,
donde el miedo a la vejez se torna en fe.
¡Oh muerte! Eres de la vejez
su inseparable hermana.
Vistiendo el ropaje de quien te espera.
Maracaibo, 05/05/2025
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