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La última huella

Lguada
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Cada vez que alguien preguntaba por el antiguo bosque del norte, las respuestas eran siempre las mismas: 'No hay nada para ver. Es peligroso entrar. Mejor no vayan.' Nadie daba explicaciones."

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Capítulo 1

El viaje

Las vacaciones de invierno acababan de comenzar cuando la familia Benítez decidió viajar a San Jerónimo.

No era un destino famoso. No tenía parques de diversiones, playas ni centros comerciales. Su principal atractivo eran los senderos de montaña y la tranquilidad del lugar.

La familia estaba formada por cuatro personas.

Javier Benítez, de cuarenta y cinco años, era arquitecto. Le gustaban los lugares históricos y siempre llevaba una cámara de fotos.

Marina Benítez, de cuarenta y dos años, trabajaba como profesora de Historia. Cada vez que visitaba un pueblo nuevo intentaba averiguar cómo había sido fundado y quiénes habían vivido allí.

El tercer integrante era Tomás, de catorce años.

Le interesaban los mapas antiguos, los rompecabezas y los misterios sin resolver. En su habitación tenía libros sobre expediciones, civilizaciones desaparecidas y casos históricos.

La menor era Lucía, de once años.

Mientras Tomás prefería investigar, Lucía disfrutaba dibujar paisajes y animales.

El viaje comenzó a las siete de la mañana.

Después de cuatro horas por la ruta, el paisaje empezó a cambiar.

Los edificios desaparecieron.

Las montañas comenzaron a rodear el camino.

Los árboles eran cada vez más altos.

Cuando finalmente apareció el cartel que decía "Bienvenidos a San Jerónimo", Javier redujo la velocidad.

—Parece que el tiempo se hubiera detenido —comentó.

Marina observó las casas de madera.

—Eso mismo pensé cuando encontré este lugar en una guía de viajes.

Entraron al pueblo.

Había una plaza con una fuente de piedra, una iglesia muy antigua, una biblioteca pequeña y una estación de tren cerrada desde hacía muchos años.

No parecía haber mucho movimiento.

Algunas personas caminaban por las veredas, pero todas miraban con curiosidad el automóvil de los visitantes.

Tomás notó ese detalle.

—¿Se dieron cuenta de que todos nos están mirando?

—Debe ser porque no reciben muchos turistas —respondió Javier.

Estacionaron frente a una posada llamada El Descanso del Valle.

El dueño era un hombre de unos sesenta años llamado Ricardo.

—Bienvenidos. Tenía preparada su habitación.

Mientras les entregaba las llaves, Ricardo miró a Tomás.

—Si van a recorrer el pueblo, hay un lugar al que no deberían ir.

Tomás levantó la vista.

—¿Cuál?

—El bosque del norte.

—¿Por qué?

Ricardo tardó unos segundos en responder.

—Porque es fácil perderse.

No agregó nada más.

Tomás esperaba una explicación, pero el hombre cambió de tema y comenzó a hablar sobre los horarios del desayuno.

Esa respuesta le pareció extraña.

Más tarde, la familia salió a caminar.

Recorrieron la plaza, visitaron una panadería y entraron a una pequeña librería de libros usados.

Mientras Marina hablaba con el dueño del local, Tomás observó un estante lleno de fotografías antiguas del pueblo.

En una de ellas aparecía un grupo de personas delante de la estación de tren.

En otra, un puente de madera que ya no existía.

Pero hubo una imagen que llamó especialmente su atención.

Mostraba un grupo de adolescentes junto al cartel del bosque del norte.

Al dorso de la fotografía alguien había escrito:

"Excursión escolar - Agosto de 1998."

Solo había un detalle extraño.

En la imagen podían verse ocho chicos.

Sin embargo, debajo de la fotografía estaban escritos solo siete nombres.

Tomás volvió a contar.

Uno...

Dos...

Tres...

Ocho.

Faltaba un nombre.

Le mostró la foto al librero.

—Disculpe... ¿quién es el chico que no aparece en la lista?

El hombre tomó la fotografía.

Durante unos segundos permaneció en silencio.

Luego respondió con tranquilidad.

—No lo recuerdo.

Guardó la foto en un cajón.

Y, por primera vez desde que habían llegado al pueblo, Tomás tuvo la sensación de que alguien acababa de ocultarle la verdad.

Continuará en el Capítulo 2...

Thoughts

  • LauraLetras

    Ese detalle del chico que falta en la foto... no sé si es lo más inquietante o si es que el pueblo entero está conspirando para que nadie se entere qué pasó.

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