Una de las cosas más graciosas de la cultura secular moderna es que sigue creyendo a pies juntillas en el pecado original. Solo que se niega a llamarlo así, porque el lenguaje teológico incomoda a la gente educada.
Fíjate en cómo describen al ser humano las instituciones modernas. Estamos gobernados por sesgos inconscientes, moldeados por el condicionamiento de la infancia, manipulados por algoritmos, atrapados en bucles de dopamina, distorsionados por incentivos sociales, cegados por la ideología y, en general, somos incapaces de ver con claridad nuestras propias motivaciones.
sí, exacto...
Cualquier católico que alguna vez pasó por el catecismo...
La persona secular moderna suele imaginar que el cristianismo enseñaba una visión singularmente sombría de la humanidad. Pero la cultura secular de élite suena con frecuencia aún más pesimista. Al menos el cristianismo dice que las personas caídas pueden buscar la verdad, el arrepentimiento, la virtud y la gracia, y reunirse al final con Dios. La cultura secular moderna describe cada vez más al ser humano como un animal permanentemente programable, atrapado dentro de sistemas que apenas comprende.
Un sacerdote medieval advertía sobre el orgullo, la avaricia, la vanidad, el tribalismo, la lujuria y el autoengaño. Un académico moderno advierte sobre el sesgo cognitivo, el razonamiento motivado, los incentivos de estatus, las respuestas al trauma y la captura ideológica.
Vocabulario distinto. Los mismos males.
Lo interesante es ver cómo personas agresivamente antirreligiosas reinventan la antropología cristiana mientras insisten en que han escapado de la superstición. Los cristianos dicen que el ser humano posee una naturaleza dañada, inclinada al egoísmo y al error. La cultura secular dice que los humanos están psicológicamente comprometidos por su cableado evolutivo, el condicionamiento social y los traumas subconscientes.
Incluso la estructura sigue pareciendo religiosa. Confesamos el privilegio. Examinamos el sesgo implícito. Pasamos por rituales de purificación ideológica en el trabajo. Hay profesiones enteras dedicadas a destapar la corrupción oculta que opera por debajo de la conciencia.
El cristianismo se dio cuenta de este problema hace muchísimo tiempo. La verdadera diferencia es que el cristianismo une el quebranto humano con la redención. La sociedad secular ofrece cada vez más diagnóstico sin perdón. Estás condicionado, sesgado, psicológicamente fragmentado, implicado históricamente, cómplice de forma inconsciente y moldeado por sistemas que no puedes percibir del todo. Buena suerte.
Probablemente por eso la cultura moderna no para de crear religiones sustitutas a través de la política, la terapia, la cultura del bienestar y los movimientos identitarios. Por lo visto, el ser humano no puede funcionar sin alguna explicación de por qué somos dignos, dañados, culpables, autoengañados y, aun así, capaces de cambiar. El cristianismo ya tenía una.
Pero la sociedad moderna prefiere redescubrirla poco a poco a través de pódcasts de neurociencia y seminarios de Recursos Humanos antes que admitir que quizá la Iglesia entendió algo permanente sobre la naturaleza humana.