Comienza.
A veces tu alma recuerda vestigios de lo que fue en otro tiempo, antes de ocupar su actual posición.
Recuerda su origen.
También sus alas,
su espada,
su inclinación al descenso,
su flexibilidad,
su fuente,
su auténtica estrategia.
Termina.
El duro proceso después del olvido le hace querer quedarse inerte, con dificultad para levantarse y hacer todos los oficios al tiempo, de responder de manera adecuada y de imprimir la imagen esperada.
A veces desea no volver a regresar.
Quedarse donde estaba.
Dar la vuelta y escapar.
No hacerse cargo de su misión encomendada.
Adentro de la esfera se siente atrapada.
Comienza.
La espera por volver a casa se hace insondable.
Como si cada día pesara más que el anterior.
Al día siguiente se prepara y siembra.
Al día siguiente se levanta y cosecha.
A veces la Diosa la toca.
Le dirige la mirada.
Le brinda su aliento.
La abraza.
La consuela.
Y el alma recuerda
que todo evento también va a pasar.
Termina.
Así como la manzana sube a lo más alto del árbol, así también golpea el suelo.
A veces madura, a veces podrida.
A veces se rompe, otras veces es recogida.
Así como cada engranaje es indispensable para el reloj,
cada segundo es indispensable para el minuto.
Y el alma recuerda
que todo evento llegará a su tiempo.
Comienza.
Así como una escultura de oro fue olvidada bajo tierra,
hoy es la reliquia más valiosa en el museo.
Si has hecho tu mayor esfuerzo y no has tenido suerte, confía en que ya vendrá la recompensa.
El alma comienza, vive, termina y recuerda.