EL ERMITAÑO (IX)
Él solo contra el mundo,
y ganó el mundo.
O al menos, él eso le hizo creer.
Mientras se ocultó entre el fango durante un tiempo hasta adaptarse.
Al barro que lo cubría casi por completo hasta ser tierra fértil.
Al tiempo sagrado de reposo entre el silencio más puro.
Al momento en que el suelo era la base más sólida y su espacio de lujo.
Se refugió entre las flores cuando sentía que se quemaba por dentro,
cuando caían los truenos y derribaban su centro.
Nueve veces cayó:
Cuando se dejó manipular por lo que sus ojos veían con morbo.
Cuando se dejó derribar por el miedo a volver a ser herido.
Cuando por ese miedo hirió a otros.
Cuando intentó encajar a la fuerza.
Cuando el afán por tener lo material lo desesperaba.
Cuando no podía dejar de ver al pasado con nostalgia.
Cuando la vanidad y la apariencia eran su eje.
Cuando dejó de creer.
Cuando le encadenaron los deseos de la carne.
Se trasladó al bosque por un tiempo,
y luego salió a mostrar al mundo cuánto había florecido.