¿Alguna vez has sentido que realmente eres tú, en tu plenitud, disfrutando de todo tu ser?
Quizás nunca nos hemos detenido a preguntárnoslo.
Durante siglos aprendimos a ser lo que era políticamente correcto. Lo socialmente aceptable. Lo que nuestra familia esperaba. Lo que nuestros mayores consideraban bueno, digno o correcto.
Y quizás ni siquiera podamos culpar a quienes nos enseñaron a hacerlo. Ellos también aprendieron de la misma manera.
Aprendimos a comportarnos, a callar, a elegir, a desear incluso. Aprendimos qué partes de nosotros podían mostrarse y cuáles era mejor esconder.
Y así, casi sin darnos cuenta, fuimos construyendo una versión de nosotros mismos que pudiera ser aceptada.
Pero ahora parece que las puertas están abiertas.
Nos dicen que podemos elegir. Que podemos ser quienes queramos. Que podemos cambiar, reinventarnos, empezar de nuevo.
Pero entonces aparece una pregunta mucho más difícil:
¿Cómo sabemos quién queremos ser cuando durante tantas vidas nuestra alma aprendió a ser aquello que los demás aprobaban?
¿Cómo distinguir un deseo propio de uno que heredamos o se nos fue impuesto en el inconsciente?
Quizás encontrarnos no sea inventar una nueva versión de nosotros.
Quizás sea algo mucho más profundo:
quitar, poco a poco, todo aquello que nunca fuimos.
Y tal vez, en algún momento, mientras escarbamos en lo que no somos, ocurra algo extraño.
Sin pedir permiso.
Sin buscar aprobación.
Sin preguntarnos si está bien
Sentimos lo vibramos ese gesto esa vos Interior….
La primera vez que fui yo.