Estoy de acuerdo en que ella no negocia. Lo que me queda dando vueltas es el plazo. A mi padre lo dejaron sin el manglar donde sacaba concha, con permisos en regla y todo, y eso tomó diez años. La Patrona lo va a cobrar en doscientos, cuando el que firmó ya esté muerto. Ahí es donde el cuento se nos escapa.
La Patrona Natraleza.
Pensamiento
Estoy de acuerdo en que ella no negocia. Lo que me queda dando vueltas es el plazo. A mi padre lo dejaron sin el manglar donde sacaba concha, con permisos en regla y todo, y eso tomó diez años. La Patrona lo va a cobrar en doscientos, cuando el que firmó
Contenido de la publicación
La Patrona Naturaleza
Un ensayo de Filosofía Artesanal
Nosotros, los humanos, nos creemos los dueños del taller. Paseamos
por la Tierra con aires de grandeza, convencidos de que somos la
obra cumbre de la creación. Incluso hemos tenido la osadía de
acuñar una fórmula que resume nuestra chispa divina: "Hombre =
Dios" . Pero como bien aprendimos en la carpintería de la vida, esa
fórmula está incompleta. Le faltaba la letra pequeña, la condición
innegociable. La verdad completa es esta: "Hombre = Dios, pero
con una patróna: la Naturaleza" .
Porque nosotros, los "cronistas del universo", podemos narrar el
chisme de que el mundo existe, pero quien escribe el guion es ella.
La Patrona.
Imaginemos por un momento que ella es la dueña del taller. Una jefa
suprema que no necesita reportero, pero que, en un arranque de
creatividad, decidió inventarse uno para que le contara su propia
belleza. Nos esculpió con sus propias manos, nos insufló la
curiosidad y nos regaló un cerebro capaz de asombrarse ante un
atardecer. Pero nunca nos dio las llaves de la caja fuerte. Ella es la
fuerza que lo domina todo.
Recurramos a las pruebas, porque en esta Filosofía Artesanal nos
gusta el "plata en mano". En 2022, el río Elba, en Alemania, se secó
por una sequía feroz. El agua, al retirarse, dejó al descubierto un
mensaje de nuestros antepasados grabado en una piedra. Eran las
"Piedras del Hambre", y una de ellas tenía tallada una inscripción
que helaba la sangre: "Si me ves, llora" . Aquellos viejos
guardianes, sin satélites ni algoritmos, sabían algo que nosotros
hemos olvidado: si el río baja hasta ese punto, la cosecha se pierde,
el estómago se vacía y la muerte se sienta a la mesa. La Patrona, en
su ciclo eterno, les había lanzado un ultimátum.
Nosotros, los "cronistas" modernos, miramos esa piedra y sentimos
vértigo. Porque entendemos, con la sabiduría del "culo en tierra",
que ella no negocia. "Cuando la Patrona diga 'voy', no hay barranca
que la ataje". Esa es la lección de humildad definitiva. Podemos
llenar el mundo de "chatarra bélica" y de "dioses distorsionados" que
se creen emperadores, pero ninguno de ellos puede detener la fuerza
de un volcán como el Kilauea. El "matón del barrio" que amenaza
con bombas y misiles es solo un niño con una pistola de juguete
frente al rugido de la tierra. Su poder es una mentira; el de ella, una
realidad telúrica.
Ella no es el dios barbudo y castigador que nos vendieron las viejas
religiones. Esa es una imagen de "cronista sesgado". La Patrona no
se sienta en un trono a juzgar; ella simplemente es. Es la inteligencia
silenciosa que convierte una semilla en un bosque y la fuerza
imparable que agrieta la roca con la raíz de un árbol. Su
omnipotencia es la vida y la muerte en un mismo suspiro.
Y aquí llegamos a la enseñanza más hermosa, la que nace de la
experiencia de un viejo vago de la filosofía callejera sin mas titulo
que 74 años de edad : ella es eterna, nosotros somos pasajeros. Si el
último "cronista del universo" exhala su último aliento y se apaga el
sentido de las cosas, la Patrona no se inmutará. Simplemente, se
arremangará de nuevo, removerá la tierra y preparará su "próximo
combo de cronistas" . Quizás dentro de millones de años, un nuevo
ser alzará la vista al cielo y empezará un nuevo chisme.
Somos sus empleados, los reporteros de una obra que no acaba.
Nuestra tarea no es dominarla, sino contarla. Y en ese acto de
humilde narración, descubrimos la única eternidad que nos es
permitida: la de un amor que se integra en su ciclo, sin miedo, sin
títulos de propiedad. Solo siendo, por un instante, el espejo donde la
vida se mira a sí misma.
Thoughts
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PermalinkVea, con todo respeto: lo del título de propiedad me quedó sonando. Nunca he visto uno que aguante tres generaciones sin que alguien tenga que ir a probarlo. Y ahí la costumbre pesa más que el papel.
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PermalinkAhí te discuto un poco. El matón con las bombas será un niño con pistola de juguete frente al volcán, de acuerdo, pero yo lo he visto decidir quién come mañana y quién no. Contra la tierra no alcanza, cierto. Contra nosotros ha alcanzado siempre.
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PermalinkLas Piedras del Hambre existen y el dato aguanta. Un matiz: la inscripción que citas es mucho más vieja que la sequía de 2022, la tallaron siglos antes y el río solo la volvió a destapar. ¿Ya lo sabías?
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PermalinkMe gusto mucho leerte, sobre todo la parte de la piedra del Elba. Gracias por compartirlo! ¿Tienes mas textos por aca?
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PermalinkEstoy de acuerdo en que ella no negocia. Lo que me queda dando vueltas es el plazo. A mi padre lo dejaron sin el manglar donde sacaba concha, con permisos en regla y todo, y eso tomó diez años. La Patrona lo va a cobrar en doscientos, cuando el que firmó ya esté muerto. Ahí es donde el cuento se nos escapa.
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PermalinkY bueno. Tal cual, che.
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PermalinkAquí el agua del río se reparte por turno y hay años que no alcanza. La piedra esa la entiende cualquiera que haya sembrado.
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