Era una tarde de invierno en la que el cielo parecía deshacerse contra el cristal. La lluvia, fina y persistente, repicaba contra los ventanales del ala oeste del hospital, empañando la vista de un mundo que seguía su curso allá afuera.
Se encontraba en el piso 11, en la unidad de Nefrología. La habitación era un cubo de frialdad absoluta, con paredes de un verde pálido y clínico que parecía absorber la poca luz que lograba filtrarse. La puerta, una pesada estructura de madera, guardaba una pequeña claraboya circular; un ojo de vidrio que permitía espiar el ajetreo silencioso del pasillo, recordándome que, aunque estaba acompañado, seguía aislado.
Dos camas grandes estaban allí,. En el aire, una mezcla asfixiante de medicina química y el rastro punzante del cloro hospitalario lo dominaba todo, impregnándose en la piel y en el pensamiento. Era un olor que no solo limpiaba las superficies, sino que parecía querer borrar cualquier rastro de calidez humana.
Entró una enfermera a colocar tratamiento médico indicado a las 10 de la noche, le tocaba el turno al paciente de la cama "B", La enfermera pasa de largo dejando la "A" detrás.
le pregunto... - hoy no hay tratamiento? - me puedes dar algo para dormir???
La enfermera le dice, - permítame hablar con el doctor de turno.
Le replicó de nuevo: - es que no puedo dormir y eso me ayudaría mucho a descansar!
Pasaron 15 minutos la enferma regresó y colocó un tranquilizante.. lo que hizo relajar y concebir el sueño, ya eran las 12pm en la reloj de la pared verde y en pocos minutos me dormí repentinamente!!!
"Desperté en un corredor de paredes blancas y al final una pared lateral de ladrillos rojos de huecos que traspasaba la luz,, lo que permitía que la brisa pase entre sus estrechos y rozará mi cara, pero una angustia pésima se apoderó de mi cuerpo, mi corazón latía fuerte. Percibía imágenes de personas a sosiegos, gritando, desesperadas, pidiendo auxilio, otras discutiendo entre si, algo interior decía que era un momento en peligro, la adrenalina sube, el tiempo indicaba que pasaba algo o que algo grave iba a suceder, sentía como al acecho esperando algo..."
Mire la pared verde y eran las 5am, aún oscuro en el cielo que veía por la ventana, dos días después dieron el alta en el hospital.
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Tras la recuperación, el tiempo dejó de ser un goteo lento para convertirse en un torrente. Los dos años siguientes, del 2021 al 2023, se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos; la vida, con su inercia imparable, nos envolvió en una vorágine de cambios, rutinas y nuevas oportunidades. En medio de ese ritmo frenético, llegó la mudanza a un nuevo apartamento. Fue un proceso de cajas, ruidos y adaptaciones, hasta que un día, el caos se detuvo de golpe.
Sucedió al fondo de la cocina. Mientras terminaba de organizar el espacio, mis ojos se posaron en la pared del fondo y el corazón me dio un vuelco. Allí, frente a mí, se erguía con una textura inconfundible esa pared de ladrillos vistos, rústicos y terrosos. Era la misma pared, exacta en color y forma, que había habitado mis sueños febriles en aquella fría habitación verde del piso 11.
Lo que una vez fue una alucinación o un anhelo en la unidad de Nefrología, se materializaba ahora en el centro de mi nuevo hogar, como un puente imposible entre el dolor del pasado y la asombrosa realidad del presente.
Fue algo asombroso e inexplicable, un "dejavu" enclavado y vivido dos veces.
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Noviembre de 2024 llegó con un aire pesado, cargado de una amenaza que no tardó en materializarse. Lo que comenzó como una infección respiratoria se transformó rápidamente en un asalto total contra mi sistema; una complicación feroz que arrastró a mis riñones al borde del abismo. Mi vida, que apenas un instante antes se sentía sólida, empezó a desmoronarse.
El cuerpo, antes mi aliado, se convirtió en una máquina descontrolada y ajena. Me movía como un sonámbulo en una realidad distorsionada, habitando un espacio donde las leyes de la física parecían no aplicar. Estaba profundamente descompensado; el mundo se volvió un lugar sordo, con los oídos tapados por un zumbido denso que me aislaba de los demás, y una visión borrosa que transformaba las luces en manchas inciertas.
Cada paso era una lucha contra la gravedad. En medio de esa niebla sensorial y el pulso errático de mi propio organismo, emprendí el regreso forzoso: el rumbo inevitable hacia los pasillos blancos y el olor a cloro. La hospitalización ya no era un recuerdo, sino el presente absoluto que reclamaba mi cuerpo una vez más.
- Que quería decir la vida en aquel sueño del año 2020?,
-Que relación tiene con lo vivido en el 2024? Premonición?
Ya sabía que algo estaba por pasar y lo confirme cuando vi en mi nuevo apartamento
aquella pared de ladrillos rojos...