¿Temer a la muerte? días antes había pensado cómo sería morir: un escape fácil a la realidad que vivía.
Pero en ese momento todo se estremeció. El techo se venía abajo, las paredes se caían, gritos por doquier... En ese instante, Yo... dudé.
No podía pensar nada. Esa perplejidad cerró mis sentidos: no oía, no olía, no hablaba. Todo parecía detenerse, como si viera una película en cámara lenta. Eso experimenté ante la inminencia de la muerte.
Y entonces tuve miedo. El frío me congelaba, mi corazón se detenía. Supe que no podía hacer nada para salvar mi vida.
Decidí creer, como autoobligándome; lo necesitaba. Decidí que no me importaba si eras mentira, me importaba que podías existir.
Me abracé a mi hermana con todo el amor que pude, como si fuera el instante que más amor había entregado durante mi existencia.
Sé que pude no contar esta experiencia. Una lágrima rueda por mis mejillas ahora y sé que solo yo seré la espectadora.
Algo al fin entendí: que quiero vivir así, amando como toda mi limitada capacidad, no reservar nada para mañana. Esa es la forma más radical de sentirme viva.