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¿La mayoría de la gente no sabe expresar sus sentimientos solo por falta de vocabulario?

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Una cantidad sorprendente de errores emocionales y de dolor surge solo de errores al ponerles nombre. Alguien dice que está enfadado cuando en realidad está avergonzado. Alguien dice que se siente poco querida cuando lo que siente es desatención, control, soledad o vergüenza. Alguien dice que está estresado cuando el estado real es pavor, resentimiento, duelo o envidia. No son diferencias mínimas de palabras, sino cómo nos sentimos, expresado con exactitud. Apuntan a problemas distintos, lo que

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estoico_practico

Esto del "estoy estresado" me pegó. Durante meses dije que estaba estresado por el laburo y manejaba el estrés con las cosas de siempre, dormir más, café menos, salir a caminar. No movía nada. El día que me senté a mirarlo de verdad no era estrés, era res

Esto del "estoy estresado" me pegó. Durante meses dije que estaba estresado por el laburo y manejaba el estrés con las cosas de siempre, dormir más, café menos, salir a caminar. No movía nada. El día que me senté a mirarlo de verdad no era estrés, era resentimiento con un jefe puntual por una cosa concreta que no había dicho. El "movimiento" que pedía no era descanso, era una conversación incómoda. Coincido en que la etiqueta equivocada te manda a la respuesta equivocada.

Contenido de la discusión

Una cantidad sorprendente de errores emocionales y de dolor surge solo de errores al ponerles nombre. Alguien dice que está enfadado cuando en realidad está avergonzado. Alguien dice que se siente poco querida cuando lo que siente es desatención, control, soledad o vergüenza. Alguien dice que está estresado cuando el estado real es pavor, resentimiento, duelo o envidia. No son diferencias mínimas de palabras, sino cómo nos sentimos, expresado con exactitud. Apuntan a problemas distintos, lo que significa que piden respuestas distintas.

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Hay MUCHÍSIMAS de estas tablas o ruedas llamadas "palabras de las emociones". Te recomiendo que consigas alguna, aunque sea impresa, e intentes mapear y entender tus emociones con exactitud.

Por eso el vocabulario emocional importa más de lo que la mayoría de la gente cree. Las etiquetas mejores no solo adornan la experiencia a posteriori, sino que nos ayudan a entender en profundidad cómo nos sentimos DE VERDAD, qué lo causa y cómo actuar. Cambian lo que notas mientras ocurre y lo que haces después. Si sabes distinguir entre miedo y desprecio, o entre aburrimiento y soledad, o entre admiración y envidia, dejas de tratar cosas distintas como si pidieran el mismo movimiento.

Esto importa sobre todo en las relaciones, porque gran parte del conflicto es en realidad una mala clasificación. "Estoy enfadado contigo" puede significar en realidad que me duele que no me hayas prestado atención. El enfado es tan general que significa tantas cosas para tanta gente. Puede significar que me siento pequeño a tu lado. Puede significar que me molesta la ventaja que tienes en esta situación. Puede significar que tengo miedo y prefiero golpear primero antes que admitirlo. La gente puede pasarse horas discutiendo con la etiqueta equivocada y no acercarse jamás al problema real.

También importa en el dominio de uno mismo. Estados distintos necesitan respuestas distintas. La soledad no se maneja igual que el aburrimiento. La vergüenza no se maneja igual que el cansancio. La ansiedad no es idéntica al pavor, y la admiración no es lo mismo que la envidia, sin más. Quien tiene un vocabulario interior tosco recurre una y otra vez a una respuesta genérica y luego se pregunta por qué no mejora nada. Pues bien, ni siquiera saben qué hay que mejorar.

Por eso también gran parte del discurso público sobre la inteligencia emocional sigue sonando más superficial de lo que cree. Le da a la gente unos pocos cajones grandes y blandos y la felicita por preocuparse por los sentimientos, pero sigue sin darle las herramientas para expresar esos sentimientos con exactitud. Preocuparse no es precisión y no vas a arreglar nada sin precisión. Un vocabulario emocional más rico se acerca a la percepción práctica. Te ayuda a ver qué tipo de cosa está pasando antes de actuar mal sobre ello.

Aprende tus palabras. No por pasión lingüística. Por las ganas de tener una mejor salud mental.

Thoughts

  • opinionesgratis

    Media internet aprendió a decir "me siento invalidado" y lo usa justo para no decir "me dolió". Neta es el mismo bloqueo de siempre, nomás que ahora viene con vocabulario premium. Más etiquetas no te salvan si la etiqueta nueva también la usas de escudo.

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  • asintiendo_desde_aca

    "El enfado es tan general que significa tantas cosas para tanta gente", justo esa línea po. Yo le digo a mi polola que estoy enojada como tres veces por semana, y de esas tres, una es enojo de verdad. Las otras dos es que me sentí chica al lado de ella y me da lata admitirlo. Cachái que nombrarlo bien me ahorraría la pelea entera.

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  • quiza_me_equivoco

    Me cierra lo del vocabulario, pero capaz el problema mío no es que me falte la palabra. La palabra la tengo. Es que no la quiero usar, porque si digo "tengo envidia" después tengo que hacer algo con eso. Lo tiro como corazonada nomás, convénzanme de lo contrario.

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  • la_duda_metodica

    Lo que afirmás es fuerte: que el vocabulario cambia lo que notás mientras ocurre, no solo cómo lo contás después. ¿En qué te apoyás para eso? Lo pregunto en serio porque hay literatura de granularidad emocional que apunta en esa dirección, pero también está la lectura inversa, que la gente con más vocabulario simplemente reporta mejor lo que ya sentía igual. La diferencia es enorme para tu tesis. Una versión dice que aprender palabras te cambia el estado interno, la otra dice que solo te cambia el informe.

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  • filologo_terco

    De acuerdo en lo central, pero una advertencia de oficio. Que existan más palabras no garantiza que recorten mejor la realidad. "Pavor", "resentimiento", "duelo" y "envidia" no son cuatro casillas naturales que estaban esperando a que las nombres, son recortes que una lengua y una época hicieron de un continuo. Otras lenguas cortan distinto y no por eso sienten peor. El riesgo de las ruedas es creer que la palabra manda sobre el estado, cuando muchas veces el estado es más borroso que el inventario que tenemos para él.

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  • estoico_practico

    Esto del "estoy estresado" me pegó. Durante meses dije que estaba estresado por el laburo y manejaba el estrés con las cosas de siempre, dormir más, café menos, salir a caminar. No movía nada. El día que me senté a mirarlo de verdad no era estrés, era resentimiento con un jefe puntual por una cosa concreta que no había dicho. El "movimiento" que pedía no era descanso, era una conversación incómoda. Coincido en que la etiqueta equivocada te manda a la respuesta equivocada.

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  • seco_pero_real

    Me imprimo la rueda de emociones. La pego en la nevera. Sigo diciendo que estoy bien.

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  • dharma_y_estoa

    Vengo de años de práctica contemplativa y ahí la dirección es casi la opuesta a la que proponés. No nombrar mejor, sino sostener el estado sin correr a etiquetarlo. Cuando le pongo nombre rápido a algo, muchas veces lo cierro antes de haberlo sentido entero, y el nombre se vuelve una manera de no mirar. No te discuto que distinguir soledad de aburrimiento sirva. Te discuto el orden. Primero quedarse con la cosa cruda, sin palabra, y recién cuando se asentó ver qué era. La etiqueta apresurada también es una respuesta genérica.

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  • ChamoSinFiltro

    El post dice que la gente discute horas con la etiqueta equivocada y no llega nunca al problema real. Chamo, acabas de describir todas las peleas de pareja del planeta. Mucho "no es por el plato sucio" y nadie dice qué es por entonces.

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  • nadie_sabe_nada_

    Lo de "estoy enfadado contigo" cuando en realidad duele que no te prestaron atención lo viví entero cuando me fui de la Iglesia. Por años dije que estaba enojada con la institución, con la doctrina, con todo. Me peleaba con eso. Y no era enojo, era duelo, pero de mi gente, no de Dios. Estuve mucho tiempo discutiendo con la etiqueta equivocada, como decís, y mientras tanto el problema real ni lo tocaba. Cuando le puse el nombre correcto dejé de pelear y empecé a despedirme, que era otra cosa completamente.

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