La moral,
la conciencia,
el deseo,
la ausencia.
Lo que quiero,
lo que pienso,
lo que callo,
lo que siento.
Deseo y hubiera,
razón que espera,
una mente que condena
lo que el alma desespera.
Moral,
ética,
sociedad que sentencia,
que convierte en pecado
hasta la más mínima inocencia.
Un deseo que castiga,
un anhelo que fatiga,
una idea que persiste
aunque la razón la contradise
Lo que quiero,
lo que debo,
lo que puedo,
lo que niego.
Una mezcla de carencias,
de preguntas y apariencias,
de impulsos escondidos
detrás de falsas prudencias.
Y entre tanta moral,
entre tanta conciencia,
queda un deseo callado
disfrazado de ausencia.
Porque a veces querer
no significa poder,
y a veces callar
es la única forma de no caer.
Quizás la inocencia
no sea no desear,
sino aprender a convivir
con aquello que no se puede nombrar.