El amor caminaba confundido, dando tumbos sin saber qué dirección tomar. Y no era porque le faltaran caminos, sino porque al buscar dentro de mí, no encontró ni una sola gota de afecto; me halló tan vacía como la misma soledad. Se asustó de mi desierto y huyó.
Por eso, cada vez que intentaba enamorarme, solo sentía anestesia y vacío. Hoy me pregunto en silencio... ¿será que el amor nunca fue diseñado para mí, o será que primero debo aprender a habitarme de nuevo?