Es un río helado que recorre de mi pecho hacia mi garganta,
congelándose, enfriando todo a su alrededor.
Mi cuerpo se siente cansado y no sé cómo
es que me siento así:
rara, ausente,
como si la realidad la estuviera viendo desde una caja cerrada,
y yo, espiando escondida dentro de ella.
A veces mi mente se deshila de mi boca,
se desconecta de mi cuerpo.
A veces siento que está secuestrada en una caja de cristal
donde nada oye y nada ve,
mientras mi cuerpo se maneja solo:
camina, habla, se ríe y se preocupa,
pero escondido de ella.
Se escabulle, solo reacciona
sin mandos, sin director;
toma cualquier camino,
no tiene conductor.