Llego con un día de atraso, como siempre. Tengo la impresión de que esto lo escribiste bastante después de que ella se fue, cuando ya podías desearle cosas buenas sin que te temblara la mano.
La arquitectura de mis ruinas
Pensamiento
Llego con un día de atraso, como siempre. Tengo la impresión de que esto lo escribiste bastante después de que ella se fue, cuando ya podías desearle cosas buenas sin que te temblara la mano.
Contenido de la publicación
Si alguna vez estas palabras consiguen alcanzarte,
aunque sospecho que jamás llegarán a tus manos,
quisiera que al menos una verdad
sobreviva a todo lo que fuimos:
te amé con una obstinación casi irracional,
con esa clase de amor que permanece
incluso cuando la evidencia dicta lo contrario;
cuando las heridas ya no son accidentes,
sino territorios conocidos,
y aun así uno decide quedarse.
Porque, a pesar de todo lo que me hiciste,
yo permanecí.
No por ausencia de dignidad,
ni por miedo a la soledad,
sino porque te había convertido,
sin siquiera darme cuenta,
en mi último refugio.
Eras ese lugar al que regresaba
cuando el mundo adquiría demasiado ruido,
cuando mis propias incertidumbres
se volvían una tormenta,
cuando necesitaba recordar
que todavía existía un sitio
donde podía bajar la guardia.
Y quizá por eso tus últimas palabras
no fueron simplemente palabras.
Fueron una fractura.
Porque hay frases que se escuchan
y desaparecen con el sonido,
pero existen otras que se instalan
en algún lugar profundo de la memoria
y permanecen allí,
como una cicatriz que el tiempo
no consigue borrar completamente.
Me heriste,
y quizá nunca llegaste a comprender cuánto.
Pero lo que más dolió
no fue solamente perderte;
fue descubrir que decidiste marcharte
precisamente cuando yo atravesaba
uno de los capítulos más sombríos de mi vida.
Te fuiste cuando más necesitaba
que alguien permaneciera.
Y tuve que aprender,
casi a contracorriente,
a sostenerme con las manos
que tantas veces habían intentado sostenerte a ti.
No te deseo desgracias.
Jamás podría hacerlo.
Deseo que la vida sea generosa contigo,
que encuentres aquello que buscas,
que alcances cada uno de tus propósitos
y que algún día puedas contemplar tu existencia
con la serenidad de quien sabe
que eligió correctamente.
Pero también existe una última cosa
que quisiera demostrarte.
No convencerte.
No suplicarte.
No perseguirte.
Demostrártelo.
Quiero que el tiempo sea el testigo
de aquello que mis palabras jamás conseguirían explicar:
que estabas equivocada conmigo.
Porque no voy a responder a tu ausencia
con resentimiento,
sino con transformación.
Voy a convertir cada fragmento de esta pérdida
en materia prima para reconstruirme;
cada noche interminable,
en disciplina;
cada lágrima,
en carácter;
cada decepción,
en una versión de mí
que ya no dependa de tu presencia
para sentirse suficiente.
Y quizá ese será
mi último acto de amor hacia ti:
no regresar para demostrarte que te necesito,
sino avanzar hasta convertirme
en la prueba viviente
de que pudiste perderme
sin haberme destruido.
Algún día, tal vez,
cuando el tiempo haya erosionado
los bordes de nuestra historia,
cuando nuestros nombres ya no duelan
y los recuerdos hayan dejado de sangrar,
quizá mires hacia atrás
y comprendas lo que entonces no pudiste ver:
que hubo alguien
que te amó incluso desde sus propias ruinas,
alguien que permaneció
cuando marcharse habría sido más sencillo,
alguien que te convirtió en refugio
cuando él mismo necesitaba uno.
Y si alguna vez recuerdas mi nombre,
no quiero que lo hagas con culpa.
Recúerdame simplemente
como alguien que te amó profundamente,
que sufrió tu ausencia,
pero que finalmente comprendió
que ningún amor debería exigirle
a un hombre permanecer de rodillas.
Yo también merezco volver a casa.
Solo que esta vez
esa casa tendré que construirla dentro de mí.
Y cuando esté de pie,
cuando haya reconstruido lo que dejaste en ruinas,
cuando mi vida vuelva a tener dirección,
cuando aquello que hoy parece imposible
se convierta en realidad,
no necesitaré que regreses
para saber que sobreviví.
Porque entonces entenderé
que perderte no fue el final de mi historia.
Fue el momento exacto
en que comenzó la parte
que todavía no conocías de mí.
Thoughts
-
PermalinkQue se fuera justo en el peor momento pesa más en el texto que la ruptura misma. Yo me quedé leyendo esa parte varias veces.
-
PermalinkLas manos. Tal cual.
-
PermalinkLlego con un día de atraso, como siempre. Tengo la impresión de que esto lo escribiste bastante después de que ella se fue, cuando ya podías desearle cosas buenas sin que te temblara la mano.
-
PermalinkMi teoría desde la mitad era que al final igual ibas a pedirle que volviera, y no, cachai, te aguantaste hasta el cierre. Apuesto a que ella lo lee igual, aunque estés convencido de que no le llega.
-
PermalinkLas heridas que dejan de ser accidentes y pasan a ser territorio conocido, ahí me paré un rato. Casi todo lo demás son palabras grandes, va, pero esa la puedo pisar.
-
PermalinkLas frases que se instalan y las que se van con el sonido, esa parte me gustó. Tengo dos o tres instaladas desde hace décadas y aún las oigo con su voz.
-
PermalinkA mis años he visto a varios prometer que iban a convertir la pena en carácter, y los que lo cumplieron fueron los que dejaron de escribirle a la otra persona. Este tiene pinta de ser el último que le escribes.
-
PermalinkTodo el mundo va a leer esto como carta de despedida y yo la oigo como promesa que uno se hace a sí mismo en voz alta, illo, con ella de excusa. Contada en una mesa sonaría a alguien jurando algo delante de testigos.
-
PermalinkMe da que ella te dijo lo último en dos frases, luego, de esas que se dicen ya con las llaves en la mano, porque las explicaciones largas se olvidan y esas no.
-
PermalinkParce, lo del refugio me quedó rondando toda la mañana. Uno convierte a alguien en el lugar donde baja la guardia y no se entera hasta que ese lugar se va, y ahí queda uno a la intemperie. Apuesto a que en un año releés lo de demostrarle que estaba equivocada y ya ni te hace falta que ella lo vea.
Publicaciones relacionadas
-
Ucronia
Me pregunto qué habría pasado si hubiéramos tomado aquella taza de café en la cafetería que solías visitar después del trabajo. ¿Qué habría pasado si de tanto conversar las palabras hubieran…
-
BATALLA DE LOS DIOSES, UNA HISTORIA JAMÁS CONTADA / CAPÍTULO 1 EL ORIGEN DE LOS DIOSES / TÍTULO 7 EL AMOR DE HUPER
Upuxu pensaba constantemente en Xor y solía observarlo; sin embargo, el gran dios no le prestaba atención, pues su único anhelo era vivir en armonía en medio del bosque, desentendido de la búsqueda…
-
Adicto
Ha salido el sol, y él...
-
EL PASTOR, LA OVEJA DORADA Y LA OVEJA NEGRA
Había una vez un pastor joven que había heredado de su padre un redil de ovejas.
-
Amanecer
Ante ti me he presentado, buscando entre nuestro pasado una razón la cual pueda encender nuevamente esa llama de tal deseo que tanto nos hizo amarnos, ¿Puedes comprender el atroz dolor que siente mi…
-
LA TEMPLANZA (XIV)
No hay mayor gesto de amor que cultivar la paciencia y saber responder.
-
Escribo y luego pienso
No, pero ¿Y si sí? ¿Por qué negar?¿Por qué la primera respuesta a todo es un no? Qué pasaría si ese “no” en realidad tuviera en sí un “si”, pero parece tan pequeño, tan imperceptible .
-
catalina de los campos
Apaga ya aquella vela, deja su llama morir, deja que las negras sombras te cubran antes de ir.
Si alguna vez estas palabras consiguen alcanzarte, aunque sospecho que jamás llegarán a tus manos, quisiera que al menos una verdad sobreviva a todo lo que fuimos: