La lista arranca en un horno chico y termina en Palestina sin que se note el salto. Así sale cuando uno habla de corrido en voz alta.
Itinerario de lo que falta
Me falta aprender a hornear pan, pero para eso me falta un horno más grande que el que ya tengo porque parece Microhornito.
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Pensamiento
La lista arranca en un horno chico y termina en Palestina sin que se note el salto. Así sale cuando uno habla de corrido en voz alta.
Contenido de la publicación
Me falta aprender a hornear pan, pero para eso me falta un horno más grande que el que ya tengo porque parece Microhornito.
Me faltan dos libros prestados; Juventud en Éxtasis y Los Chicos No Escriben Historias de Amor. Uno de ellos sé que no va a volver, pero el otro espero con ansias tenerlo de regreso.
A mi hermano le hace falta crecer como persona, pero crecer en los valores universales, le hace falta mejorar su temperamento y disminuir su egoísmo. A mí me hace falta aprender a comprenderlo, aunque me parezca imposible.
Me falta un trabajo estable en el que sepa que puedo durar los próximos 40 años de vida laboral que necesito para ahorrar y sobrevivir a la vejez. Me falta disposición y supervivencia neurodivergente para permanecer en un trabajo más de 3 meses.
Me falta orden en mi espacio, unos estantes, menos mesas y menos sillas porque hay más de 40 en casa y solo vivimos cuatro personas aquí.
A mi papá le hace falta expresarse sin miedo, pero sin agresión. Necesita soltar su cuerpo cansado y llorar lo que no llora, lo que no dice y aparenta no sentir. Le hace falta saber que no está solo, aunque diga que él siempre está bien y que nada le importa.
Me falta una mejor luz en la cocina, porque esta casa la diseñó mi papá como se le ocurrió, sin supervisión de un arquitecto cinematográfico. También hace falta una buena limpieza, porque las plagas llegaron con la oscuridad de los deseos malignos de otras personas.
Me faltan unas llantas rodada 26 para mi bici, porque Kika las usa para afilarse las uñas y las llantas están bien ponchadas. A Kika le hacen falta juguetes que sí le interesen, al igual que un rascador y le hace falta salir a jugar más seguido.
A mis papás les faltan sus padres, madres, hermanos… A mi papá le faltan dos hijos y se supone que sería al revés… A mi hermano le faltan algunos amigos y conocidos.
Me falta Nube, Pedro, Filiberto y Liliana; se escaparon un día hacia el cielo, a donde iremos algún día. Al igual que me faltan mis abuelos, mis abuelas, que se fueron antes de verme crecer, incluso sin conocernos.
Me hace falta silencio en casa durante estos días de martilleos en la azotea por reparación. Me hace falta que mis orejeras funcionen más y aíslen el ruido no solo del martillo, sino el ruido del mundo que también me aturde; los carros, la gente, las maquinas, el sonido de las balas retumbando por el país, las bombas, las explosiones y todo eso que hiere al planeta.
Me falta cultivar mi esperanza, pues falta amor en el mundo, porque hay odio de sobra. Nos falta temor de Dios, porque sin pensarlo lo soltamos. Tenemos una carencia horrible de su presencia que se nota desde años luz.
Al mundo le falta mayor humanidad; a las mujeres afganas le falta ser reconocidas como seres humanos, sintientes, con derechos al igual que todas las mujeres del otro lado del mundo. A Israel le hace falta recordar que la paz es el camino. A Palestina le hace falta vivir la paz. A los países bombardeados les hace falta saber que pronto todo va a estar bien y a los opresores les hace falta mirarse al espejo.
A la clase trabajadora le hace falta tener buenas condiciones laborales, desde el espacio físico hasta la seguridad. Hace falta prestaciones que sí se cumplan sin importar cuántos meses lleves laborando; hacen falta salarios dignos, horarios justos, ambientes sanos y encargados congruentes.
Me hace falta sentirme bien durante todo un día. Que la ropa no me haga sentir lo que siento, al igual que la comida que no es de mi casa, que las luces no me lastimen, los ruidos no me asusten, las conversaciones no me distraigan, los cambios no me molesten, la rutina no me agobie.
A la clase trabajadora le hacen falta espacios en donde podamos caber los neurodivergentes y que sepan que nosotros podemos trabajar, que nada nos lo impide y que eso que hacen al no informarse sobre nosotros, son barreras discriminatorias.
A los animales les hace falta poder hablar, porque vamos a prender de ellos y ojalá que así puedan ir ellos a los tribunales y señalar a quienes los maltratan, los odian y los fastidian solo por existir o para la diversión humana. A ellos, que solo hacen sonidos, deberíamos de prestarles la voz humana para congelarnos.
Al mundo le hace falta descansar del mundo individual, para que así puedan recordar que entre todos podemos hacer el cambio, dejando de lado intereses mezquinos. Al mundo le hace falta que se una y avance en la protección del medio ambiente, de los animales y de la salvación de las aguas.
A las mujeres les hace falta ser libres, respetadas, valoradas y tomadas en cuenta. Les hace falta que respeten sus cargos públicos por su intelecto, no por su cuerpo. Hace falta que sus participaciones sean separadas de comentarios en los que solo las encasillan con interacciones emocionales y hormonales.
Al mundo le hace falta el feminismo, y si tú crees que no hace falta es porque entonces haremos lo correcto para eliminar la falta de progreso humanitario que nos ha orillado a formar este movimiento político y social. A mí me hace falta el feminismo. Al mundo le hace falta. Y si crees que no, mira alrededor: por eso existe.
A los políticos les hace falta salir a la calle y vivir con las familias de su pueblo, generar conciencia interna y proyectarlo con decisiones reales que se logren cumplir. Hace falta que escuchen, vean, sientan y comprendan, que accionen y no se detengan en hacer una mejor nación.
A los hombres les hace falta ser ellos, sin apariencias de ser fuertes. Les hace falta llorar, sentir, reír y cantar sin pena. Les hace falta vivir sin ser señalados de debilidad o fragilidad, porque ellos también vinieron al mundo a sentir, pero ellos se lo prohíben y por eso hace falta eliminar el machismo, que ellos sin darse cuenta, también les afecta, aunque no lo reconozcan.
A México le hace falta proyectar lo que se dice que es; un país unido, solidario, acogedor, con personas amables. A este país le hace falta quitarse el machismo, la misoginia, la violencia de nichos y la violencia general. A este país le hace falta que aparezcan más de 130 mil personas en situación de extravío, que todas las mujeres vuelvan a casa al final del día, que los niños no crezcan con padres o madres ausentes. Nos hace falta para que no nos falte nadie.
A las infancias les hace falta ser deseadas, amadas, comprendidas y protegidas, para que ninguna de ellas viva con la sensación de abandono, soledad y tristeza y que cuando crezca no sientan que han sido olvidados. A las infancias les hace falta ser educadas con amor y paciencia, atención y ternura.
Y a ti, que lees esto, deseo que no te haga falta nada para estar bien física, emocional y espiritualmente. Deseo que no te falte el cumplimiento de la constitución y de tus derechos, que no te falte agua limpia, alimentos sanos. Que no te falte la justicia cuando llores y sufras por algo. Que vivas con humildad y humanidad, que seas fiel a tu amor y a su expresión.
Deseo que no te haga falta un hogar, porque una casa la puede tener cualquiera, pero el hogar dentro de esa casa es lo más importantes. Y que en ese hogar el amor crezca, la tranquilidad exista y lo bueno te sobre. Que no te falte tiempo para vivir lo que sueñas, sino que sepas que todos merecemos tiempo de calidad a solas, para atendernos, disfrutarnos y conocernos.
Que en los tiempos de carencia no te haga falta buscar ayuda, porque esa ayuda llegará por sí sola, porque te verán y no dudarán en ofrecerte la mano.
Todas estas son unas cuantas de las cosas que nos hacen falta: a mí, a mi familia, a ti que me lees, al país, al mundo, a las minorías, a los animales y a todo ser viviente. Y hará falta más espacio para seguir enumerándolas, pero ojalá nos sobre muchísimo más espacio para agradecer lo que tenemos… A lo mejor cuando ya no haga falta nada.
Thoughts
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PermalinkLa del hermano está bien repartida: le pide temperamento a él y comprensión a ella misma. Poca gente reparte así.
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PermalinkAy, las 40 sillas.
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PermalinkLa anoté en la libreta negra que llevo en la guantera: el final donde deja de contar lo que falta y desea que sobre espacio para agradecer. Va al lado de una que me dijo un pasajero, que la casa era la gente de adentro.
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PermalinkUf, qué lista.
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PermalinkParce, la parte del papá que necesita soltar el cuerpo cansado y llorar lo que no llora me dejó callado. En mi casa el que aparenta que nada le importa es el que se levanta primero.
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PermalinkYa va la tercera vez que lo leo y me quedé en lo de las llantas rodada 26 que Kika deja ponchadas. Mi grupo se fue directo a la parte del papá que no llora. ¿Tienes más textos sobre Kika?
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PermalinkLas llantas rodada 26 que Kika deja ponchadas y, dos renglones después, los países bombardeados. Me hizo pensar en que las listas honestas se escriben así, sin ordenar por tamaño, tal como van saliendo. Se nota que estabas mirando tu casa mientras la escribías. Gracias por traerla acá.
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PermalinkLa lista arranca en un horno chico y termina en Palestina sin que se note el salto. Así sale cuando uno habla de corrido en voz alta.
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