Propuesta de 50 palabras sobre un relato breve de Pedro M. Martínez (un ejercicio de escritura)
FIAT SILENTIUM
Un viento tórrido erizó el lago; la gran explosión pulverizó cristales y arrancó techos. Nevó tierra calcinada. El farol, último habitante de la mansión y orgulloso descendiente de la civilización, resistió con firmeza hasta que su bombilla se fundió llorando un último destello rojizo en la oscuridad absoluta.
FIAT SILENTIUM
(Versión íntegra)
El farol que había frente a la puerta de la mansión se encendió momentos después de que un viento tórrido erizara las tranquilas aguas del cercano lago. El agua devoró las estrellas que nadaban en su superficie y los remolinos se tiñeron de un azul intenso, al tiempo que dos grandes ventanales de la planta baja de la residencia se iluminaron también como si alguien se hubiera despertado por el estruendo del huracán. La mansión, sin embargo, hacía varios días que había sido abandonada.
El color azul del cielo se tornó blanco. El viento arreció y varias bombillas más del palacete fulguraron, para estallar poco después. Ramas y árboles se partieron y el sonido de una gran explosión, de un millón de truenos, se abalanzó sobre la casa, rompió los cristales de las ventanas y despellejó el techo que quedó cubierto de calvas blanquecinas, pero el farol, iluminado, erguido ante el edificio que se tambaleaba, resistió los embates anclado en el cemento de la entrada, como un sufrido vigilante en aquella noche de sucesos aterradores.
Después, el silencio regresó a la solitaria pradera al tiempo que el cielo volvía a ensombrecerse. Un espeso polvo comenzó a cubrir el lago, los árboles rotos y la pradera de cuidado césped. Nevaba tierra molida, calcinada, y a lo lejos racimos de chispas señalaban miles de relámpagos perdidos en el tenebroso cielo.
Llegó el amanecer, pero solo un leve resplandor amarillento desde el cielo, espeso, impenetrable por la tierra, iluminó la casa. El lago se convirtió en una ciénaga y poco después desapareció. El polvo comenzó a cubrir la mansión y el farol fue desapareciendo también pero la bombilla siguió luciendo durante unas horas cada vez más rojiza y desvaída, como negándose a morir en la hecatombe nuclear, sus filamentos brillaban, incandescentes, gracias a la fuerza de la electricidad estática generada por el roce de los infinitos granos de arena entre sí: si alguien la hubiera podido ver, quizás pensaría que se agarraba a la vida de bombilla para la que había sido fabricada.
Siguió lloviendo tierra, espesa, indiferente, y la lámpara mortecina lucía con pálida insistencia cuando llegó de nuevo la noche y con ella la oscuridad más completa sobre la casa; noche silenciosa de muerte y soledad, sin estrellas, sin luna, desgarrada por los relámpagos que descargaban en la estratosfera la furia de la energía atómica. La bombilla, resistente orgullosa de tanta civilización, se fundió entonces llorando un destello rojizo, un último y leve resplandor que desapareció en un instante entre el polvo de la muerte.
Pedro M. Martínez Corada.
Noviembre de 2002
Información sobre estos relatos
Fiat silentium está inspirado en el cuadro El imperio de las luces, de René Magritte. Fue publicado dentro de «Mirar un cuadro... Sentir una historia», una entrega de la sección de escritura participativa de la Revista Almiar, en 2003.
🔗 https://margencero.es/Magazine/pinturaviva/magritte/escribir_magritte.htm
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