¿Qué pasa con Joao y Mateo? Apenas seis minutos enteros para leer esto en el descanso, pero siento que entre esos dos pasa algo que es puro webeo también.
Golpe de Realidad ¡Talento Diminuto!
El reloj nos marca las 9:00 a. m. Normalmente, los pasillos de la escuela brillarían por la ausencia de los estudiantes, todos en sus salones, pero hoy, un día distinto, se observa a un grupo de…
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Pensamiento
¿Qué pasa con Joao y Mateo? Apenas seis minutos enteros para leer esto en el descanso, pero siento que entre esos dos pasa algo que es puro webeo también.
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El reloj nos marca las 9:00 a. m. Normalmente, los pasillos de la escuela brillarían por la ausencia de los estudiantes, todos en sus salones, pero hoy, un día distinto, se observa a un grupo de alumnos varones preparándose para iniciar su entrenamiento en el campo. Llamarle "campo" era, la verdad, un acto de pura fe. Era un rectángulo áspero de pura tierra suelta. ¿El pasto? Bien, gracias. La mala hierba había librado una guerra sin cuartel contra el césped, ahogándolo y bloqueando su crecimiento. Por culpa del nulo mantenimiento del colegio, esa soñada alfombra verde jamás llegó a crecer. Jugar ahí significaba terminar con las rodillas raspadas, los chimpunes gastados y tosiendo polvo después de cada pique.
¡Qué hermoso deporte! Aunque varios lo denominan "solo 11 hombres corriendo detrás de un balón" (en su mayoría lo dicen las mujeres y, en fin, también uno que otro hombre rarito... ya me estoy yendo por las ramas, jeje). Pero su mejor definición, sin duda, es: "El fútbol es de las cosas más importantes dentro de las menos importantes".
¿Acaso me salté algo? Cierto, aquellos jóvenes entrenaban porque se venía el tan olvidado torneo interescolar. Sin embargo, en aquel colegio sentían lejano su primer y único campeonato; este año la institución "José Olaya" confía en llegar lejos y pensar el "¿y si sí?". Toda confianza tiene su razón: el plantel tenía a su joyita de la zona, un tal Joao Córdova, jugador de buen pie, habilidoso. Poco más, pero suficiente.
Último entrenamiento antes del debut, el primer rival de la fase de grupos: "Alfonso Ugarte", con el objetivo de marcar los 3 puntos. El profesor Gavilán dio fin a la práctica; tenía la esperanza de ganar mañana. Se paró frente al equipo, ajustándose un buzo que le quedaba grande. Lo único malo es que varios del once inicial eran, por decirlo suave, ajenos a las virtudes del fútbol. Algunos horrendos y varios fuera de forma.
—Muchachos, hoy nos jugamos el orgullo del colegio —dijo, con el pecho inflado, buscando levantar los ánimos—. Olvídense de todo lo demás, hoy quiero actitud allá afuera. Somos once leones, vamos a comernos al Alfonso Ugarte.
Joao miró de reojo a Mateo. El supuesto líder de la defensa caminaba cojeando, arrastrando la pierna llena de vendas. El muy idiota manejó una moto un día antes del debut.
—Profe, creo que el león Mateo necesita un paracetamol urgente —murmuró Joao, pateando un terrón de tierra del campo de fútbol.
Un par de risas ahogadas y murmullos burlones se escucharon entre los demás jugadores, rompiendo por un segundo la seriedad del momento.
—¿Es normal que todos tengan accidentes en menos de un mes? —suspiró Gavilán, ignorando las risas y llevándose las manos a la cara.
Nuevo día, exactamente el inicio del torneo interescolar. Todo el equipo del "José Olaya" liderado por Mateo, junto a su joya Joao. ¡Vamos! Se sienten los ánimos. ¿Quién va a ganar este encuentro? Un duelo que promete ser reñido, muy parejo, emocionante, intenso, encarnizado, de infarto, ajustado, codo a codo, palmo a palmo, al rojo vivo, choque titánico, una pugna total... y todos los versos que se me ocurren. Las piernas tiemblan, los corazones laten a mil por hora, el sudor frío recorre la frente de nuestros once guerreros. Saben que un mal paso significa hacer el ridículo y convertirse en el punto de burlas de todo el colegio hasta fin de año. La presión de la tribuna escolar les congela el pecho.
El árbitro da el pitido inicial... ... ¡GOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL! ¿Pero qué carajos? Solo pasó 1 minuto y el Alfonso Ugarte ya marcó. Ni siquiera hubo tiempo de asimilar el inicio del partido.
El silencio en la mitad de la cancha del "José Olaya" fue sepulcral, solo roto por el sonido del balón rebotando contra la malla rota del arco. El sudor frío de hace un instante —aunque, ¿qué sudor, si apenas y rodó la pelota?— se transformó de golpe en una rabia caliente que les hervía la sangre a los once jugadores. Se quedaron congelados, tragando el polvo que levantaron los delanteros rivales al celebrar su gol en sus propias caras.
—¡Despierten, imbéciles! —bramó Mateo, golpeando el aire con frustración, olvidándose por un segundo de la rodilla vendada que arrastraba—. ¡Ni la han tocado y ya nos clavaron uno! ¡Bajen a marcar, están de adorno!
Joao, que se había quedado parado en el círculo central esperando un balón que jamás le llegó, se pasó las manos por la cara. Apretó los puños y fulminó con la mirada a su capitán.
—¡Si vas a gritar, al menos corre, Mateo! Te pasaron por el lado como si fueras un cono —escupió Joao, con la mandíbula tensa de ira—. Pónganle ganas, mierda, que nos van a humillar.
... Un silencio irónico envolvió el campo de polvo. Por un segundo, un microsegundo quizás, pareció que el grito de Joao había despertado algo en el equipo, como si la mítica garra de la que hablaba el profe Gavilán estuviera a punto de encenderse.
... ¡GOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL! ... ¡GOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL! ... ¡GOLLLLLLLLLLL! ... ¡GOLLLLLL!
... ... Penal para el "José Olaya". Al último minuto, falta en el área. El árbitro señala el punto blanco y no hay duda, nadie reclama. Joao toma el balón con absoluta seriedad, lo acomoda sobre un terrón de tierra y retrocede un par de pasos. Su mirada es de hielo, concentrada totalmente en el portero rival. El tiempo parece detenerse. Joao toma impulso, corre y... y ¡GOLLL...!
Fii, fii, fii. El juez pita el final del encuentro. Pero qué partido, la diferencia de nivel fue avasalladora. Rotunda goleada.
... ... Bueno, Alfonso Ugarte 5 vs 1 José Olaya. Un duelo sin ninguna duda parejo... hasta que empezó. Porque qué pésimos son los jugadores del "José Olaya", dignos de ser las eternas cebollas del torneo. Uno los ve y dan ganas de llorar: no corren, son unos troncos, no definen. Joao era el único que destacaba un poco, el clásico tuerto en el país de los ciegos. Era el mejorcito, sí, pero tampoco era para tanto; y como la gran táctica del equipo era tirarle ladrillos en lugar de pases, la pelota no llegaba a nada y apenas lograban cruzar el mediocampo. Fueron cinco rotundos goles solo en el primer tiempo. El segundo tiempo fue puro webeo del rival, que ya ni corría por lástima. Al final, solo quedó ese penal para maquillar una bochornosa masacre...
El silbato del árbitro todavía retumbaba en los oídos del equipo, aunque la humillación resonaba mucho más fuerte tras esa rotunda goleada. Los once jugadores del "José Olaya" se dejaron caer a un costado del rectángulo de tierra, tosiendo polvo y con las rodillas raspadas. El único sonido era el jadeo exagerado de algunos que, irónicamente, apenas y habían logrado asomarse más allá del mediocampo.
El profe Gavilán se paró frente a ellos. Se ajustó mecánicamente ese buzo que le quedaba inmenso y se quedó mirando a la nada.
—Bueno, muchachos... —empezó el entrenador, rascándose la cabeza—. Al menos no fueron diez. Hay que sacar lo positivo: en el segundo tiempo demostramos actitud, les cerramos los espacios.
Joao, que estaba quitándose la tierra de los chimpunes, soltó una risa seca y amarga.
—Profe, no sea malo. En el segundo tiempo no nos hicieron más goles porque fue puro webeo de ellos, ya ni corrían por pura lástima. Estaban jugando caminando, conversando entre ellos.
—¡Eh, un poco de respeto al profe, Joao! —saltó Mateo, señalándolo con una botella de agua mientras se acomodaba la venda de la rodilla—. El equipo dio lo que pudo. Si mi rodilla hubiera estado al cien por ciento, te aseguro que ese primer gol no entraba. Me resbalé.
Joao giró lentamente la cabeza para fulminar a su capitán.
—Mateo, te pasaron por el costado como si fueras un cono. Y no le eches la culpa a la rodilla, échale la culpa a tu estupidez por manejar esa moto. Además, ¿de qué equipo me hablas? Me pasé el partido entero tratando de controlar los ladrillos que me tiraban en lugar de pases. ¡Me tiraban piedras!
—¡Ah, claro, ahora el señorito es el único que sabe jugar! —Mateo intentó pararse de golpe para encararlo, pero soltó un quejido agudo por el dolor y se tuvo que volver a sentar de golpe—. Metiste un penal regalado en el último minuto para maquillar tu papelón, así que baja tus humos.
El profe Gavilán cerró los ojos, suspiró pesadamente y se llevó las manos a la cara, repitiendo exactamente el mismo gesto de desesperación del día anterior.
—Ya basta, los dos. Mateo, cállate y por el amor de Dios, no vuelvas a subirte a una moto hasta que acabe el año. Y tú, Joao, Mateo tiene razón. Ser el clásico tuerto en el país de los ciegos no te hace campeón de nada, así que bájate de tu nube. Recojan sus cosas y vámonos de una vez que damos pena.
Thoughts
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Permalink¿y ahí se termina? tipo ¿no saben si vuelven a jugar o si el equipo se disuelve? porque quedó medio en el aire todo.
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PermalinkLa pobre goleada. Pero qué feo es eso de humillarse uno mismo diciendo que fue puro webeo del rival, como si eso arreglara algo. Hay que tener carácter para levantarse de esas caídas.
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Permalinkqué manera de pelearse en el descanso, parecen hermanos. mis hijos hacen lo mismo después del fútbol, se cagan de risa un minuto y se matan al otro.
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Permalinkla escena donde todos caen en la cancha tosiendo polvo es lo más surrealista que leí en rato. parece una película de catástrofe pero de fútbol.
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Permalink¿vos creés que Joao se va a quedar en ese equipo o se va porque se hartó? me pasa igual que en los romances, quiero saber qué elige la gente.
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Permalinkqué duele cuando el profe cierra los ojos así. uno se queda mirando el piso. 😔
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Permalinkme dolió la panza de risa con lo del tuerto en el país de los ciegos y después me dolió de verdad por la goleada. siento que es la historia de cada examen mío.
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Permalink¿Qué pasa con Joao y Mateo? Apenas seis minutos enteros para leer esto en el descanso, pero siento que entre esos dos pasa algo que es puro webeo también.
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