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Génesis ( versión final)

Felipe1606
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Uf, el cordero en llamas.

Uf, el cordero en llamas.

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Génesis

En una ocasión, Abba-Resh, Padre de Todo, dentro del Paraíso, alrededor de una ataraxia celestial, extrañó a Asherah… a su esposa, a la Luz. Y Él, toda una divinidad, le tocaba ser discreto ante tal padecimiento y mostrarse ante su creación con aire sereno, mas su sombra temblaba. De pronto, una punzante idea le había llenado de pesadumbre: la extrañaba a ella o lo que habían sido, una pareja. ¿Qué? No sabía qué anhelaba, si a ese ser etéreo o renunciar a esa pesada soledad que lo oprimía mientras recorría las extensiones cósmicas de lo que Él conocía para dejarse llevar de su poder y, con explosiones siderales, crear lo impensado. Ante aquella punzante incertidumbre, lloró y sus lágrimas no solo se represaron en la Ciudad de Plata, tempestad que apaciguaba con urgencia inmediata su palidecer, porque no deseaba ser descubierto… Y hubo en el Paraíso océanos iridiscentes en donde los ángeles se dejaban llevar hasta que construyeron un muelle, en donde admiraron con paroxismo el infinito como maná, sin preguntarse de dónde venía tal líquido. Pero, sólo Él sabía de dónde provenían tales caudales lunares que traspasaron las fronteras de su hogar y aquellas gotas gigantescas llegaron a lugares tan lejanos y desconocidos del infinito de la existencia como una ola de destrucción, manifestándose así diluvios en cada realidad, en cada mundo tangible, en cada tiempo posible. Polvo y hielo fue lo que quedó el en cosmos del átomo… polvo y hielo que hicieron de la energía exótica allí presente un estallar en donde el tiempo nació por enésima vez. Después de la descarga de su desolación, vino un momento de paz, mas lo asaltó nuevamente la angustia y una culpa pesada apareció en su interior... Él, Abba-Resh, y ella, Asherah, su esposa, entidades preter-supremas, habían olvidado todo cuando ingresaron al mundo de la dualidad, lo tangible e intangible. Por eso, en esa perplejidad del instante, Él temió ser parte de ella. Entonces, la idea del origen que tenía acerca de ella se evaporó: - ¿Y si ella no fue parte de mí? Se sentía indefenso ante tal premisa y al ver la majestuosidad de su esposa, temió ser parte de ella y cambió: Él denigró de su obra y, buscándola con frenesí, la desterró de su Vergel por ser el origen de su vulnerabilidad. Aunque, aquel acto de soberbia solo trajo males para el Supremo, porque al recordar tal evento, sólo veía una traición hacía ella, sensación hecatómbica dentro del pecho de Abba que lo hacía enloquecer. Entonces, Él la añoró mucho más, deseando redención. Pero, qué cinismo. En un lapso dentro de lo atemporal, en su angustia, Él vio un sinfín de realidades posibles donde ella le perdonaría su fechoría y regresaría a su lado. Mas, al verse solo, Dios sintió su fragilidad. Hurgó en su mente y recordó ese amor entre los dos. Aunque el destello de alegría era corto porque se colaba gangrenosamente la envidia y recelo, que contaminó ese sentimiento, haciendo caer nuevamente a Padre en desgracia por su yerro y sintiéndose más miserable. Y, suspirando en ese momento del sin tiempo, Él anheló sólo tenerla ahí, una vez más a la Luz. Sí, tenerla otra vez. Pero, aquello era ya un imposible, ya que Ella, en soledad y secreto, en su exilio creó con paroxismo supremo otra realidad fractal, con millones de realidades compactadas en una inconmensurable vastedad celestial de consciencia, a diferencia de Él, que creaba todo desde la inconsciencia. Ella, ante sí, reprodujo una esencia más bella que la que ambos pudieron crear, creación que le había alborotado aún más sus celos. Pero, le hizo entender una cosa, Ella ya no lo necesitaba. Ella tenía su propio universo y Él ya no era de su interés.

 

Ante su inevitable y abrupta soledad, buscó con urgencia remembranzas cálidas mientras en su interior lacerantes fracturas lo consumían. Y fue ahí cuando se perdió dentro de sí, y su magna mente se volvió en un espacio blanco, hasta que hubo un espasmo que lo sacudió. En su interior, contempló en una visión un motín. Era un recuerdo viejo casi efímero, pero nuevo, como el nacer de una estrella: vio a uno de sus hijos conspirando contra Él. El dolor de su pecho se agudizó más. Antes, todos fueron uno, un curioso ser entelequiático que vivía dentro de un plano inefable. No había necesidad de nada. Todo era armonioso. Pero, en su afán de salir de su confort, aquella criatura se dirigió con curiosidad a los extremos de su realidad y cruzó un umbral prohibido por los de su misma especie. Y al hacerlo, llegó a un sitio donde la energía estaba suspendida dentro de una extensión absurda y ridícula de espacio. De pronto, aquella entidad se vio acosada por la energía de dicho lugar nuevo y, envuelta en luces y fuego, estalló en medio de la mudez del universo apareciendo la materia dentro del tiempo/espacio enésima vez. Después de aquel cataclismo, hubo confusión y simplemente ellos estaban ahí, sin poder recordar nada: Abba-Resh y Asherah. Luego, entre ambos hicieron más explosiones con sus dedos, manifestándose luces majestuosas que hacían girar todas las partículas presentes en cúmulos de polvo y… después de un silencio… el metal y el gas, entre otras cosas se revelaron en la vasta realidad. Desde la aparición de ese ser dentro de la realidad del átomo, lo inmóvil desapareció y todo fue entonces movimiento. Y en medio de ese ir y venir, ellos vieron cómo se extendía hacia todos los lados el plano donde ellos se encontraban. Y fue ahí cuando empezaron los dos a recorrer la materia que nacía y era expulsada con colosal fuerza hacia el infinito, dándoles nombres, formas y sentido. Tras realizar un breve recorrido, ellos se dieron cuenta de que aquel lugar podían también recorrerlo de múltiples formas al doblar dicho espacio/tiempo con sus manos divinas. Aquel acto les permitió introducirse en inhóspitos lugares hasta llegar a una zona llena de armonía. Después de aquello, no había más nada y reinaba una ataraxia total… eso pensaron ellos hasta que vieron una pared polícroma. Aquella barrera era el retorno a su antiguo hogar, pero como habían perdido la memoria, no sintieron interés en cruzarla. Esto no fue porque no sintieran curiosidad, sino porque estaban cansados. Entonces, al ver aquel espacio de avenencia al que habían llegado, decidieron descansar allí y, sintiéndose a gusto, construyeron su nueva morada ahí, mientras su antigua morada se alejaba a la vez que todo crecía. En su nuevo hogar, de la unión de sí mismos, crearon un sin número de seres para acompañarlos. Así nació la Ciudad de Plata, cuyas estructuras eran toda una epifanía quimérica. A medida que aprendían del lugar y de sus capas que la rodeaban, los dos celestiales vieron al otro extremo de donde se hallaban un oscuro paraje que, al detallarlo, lo ignoraron por completo. Pero, aquella zona iba a ser en un futuro el recinto de muchos de sus hijos y de criaturas nacidas del caos-orden.

 

 

***

No solo el sinsabor estaba en el interior de Abba-Resh, también la insatisfacción tocó la esencia de un serafín, Lucifer. Dentro de sus entrañas de luz, vibraba un pensar que ya comenzaba a atormentarlo: el ángel al ser el faro que iluminaba el Paraíso deseó volver a ser uno con todos y regresar a aquella realidad de donde eran originarios. Una idea que cautivó a unos y molestó a otros celestiales… hubo, entonces, algunos querubines, tronos, potestades y demás entidades celestiales que vieron tal pensamiento de Luzbel en un peligroso paradigma. Y, antes de ser alertado por sus más cercanos ángeles, Padre ya estaba listo para apaciguar a su hijo sin intenciones bélicas. Mas sus otros retoños, los demás celestiales no tuvieron la misma intención, como lo fueron los arcángeles. Y ante el malestar de Padre, al verse solo en su ideal de misericordia y de recibir el ímpetu agresivo de Lucifer, cedió al acto determinante de Miguel que ejecutó junto a sus hermanos sin piedad… la expulsión de Estrella de la Mañana junto con todo ángel rebelde que le seguía; desterrándolos a ese otro lugar opuesto en donde la oscuridad reinaba sin intenciones de poder, carente de nombre, carente de luz.

Tras el duro enfrentamiento, los celestiales insurrectos caían como cerillas al averno. Abba-Resh no tuvo tiempo de intervenir, estaba aislado en su desamor, en su dolor, en su soledad. Y en esa desconexión sempiterna, lleno de pena y rabia hacia sí mismo, se desconectó y su mente fuera de sí viajó lejos. Todo era borroso y confuso. Él no podía entender qué pasaba pues todo daba vueltas y vueltas. Y cuando se detuvo el malestar, sintió una paz que para Él duró una eternidad, mas para el mundo biológico duraría nueve meses. Sin saber qué era, los abrió y sus ojos quedaron casi ciegos por la ráfaga de luz que llegaba a sus pupilas color miel. Tras respirar profundo y bostezar por primera vez, Dios se vio en un cuerpo que surgió de propia rabia y de la angustia de su situación… sí, apareció dentro de un organismo material. Entonces, Él cerró sus ojos y analizó su entorno… sintió cómo el agua fluía debajo de todos los presentes en la pesebrera y la escuchó cuando los niños la sacaban en unos jarrones de un objeto al que llamaban pozo. También sintió el aire moviendo todo y pudo ver el mundo desde arriba y desde todas partes, sus montañas, sus bosques… y después de sentir la Tierra, abrió sus ojos y miró con ternura a esas criaturas delicadas y percibió que en su interior se movía algo que hacía tucum- tucum. Y, alzando sus manos, se las llevó a su pecho y lo sintió también… tucum – tucum. En ese escuchar de cosas, Abba-Resh sintió cómo esa fuerza invisible a la que llamaban viento lo movía todo lo que estaba dentro del establo y de pronto, escuchó de la boca de uno de esos seres: - Hace frío, trae una manta por favor José. Aquella voz ya la había escuchado y, alzando nuevamente las manos, la buscó en medio de la luz y el caos del aire, sin perder la fascinación de la brisa, porque nunca la había sentido. Después de que envolvieron al niño en una manta, lo acercaron al fuego de la leña y, de improviso, Él sintió cómo de su cuerpo brotaron unas gotitas y así conoció el calor. Pero, ante el confort de la fogata y su embrujador sonido de la madera quemándose, Abba sintió deseos de llorar, pues, sentía cómo algo dentro de su vientre rugía como león hambriento y, de repente, ante aquel ruido, esa criatura que lo había envuelto en trapos se quitó de encima unas túnicas, dejando ver su pecho y se lo acercó suavemente hacia la boca de Padre hecho carne y Él, sin entender que tenía hambre, comió sin que nadie le dijera qué tenía que hacer… con su boca apretó aquel pezón canela, brotando de él un líquido que lo embelesó. De modo que, mientras él saciaba su necesidad alimenticia con un gusto frenético, su tierno cuerpo le hacía sentir un sinfín de sensaciones que Él experimentó con asombro y deleite. Cuando se sintió satisfecho, su madre nueva (porque nunca había tenido una) lo alzó y lo llevó hacia su hombro y con tiernas palmaditas, Abba produjo un eructo cuyo sonido sus padres alabaron de alegría. Pero, aquel sonido lo dejó perplejo. En medio de una cuna de paja, bajo un techo de madera y alrededor de una simpática compañía, Padre se dio cuenta que aquel nacimiento era una oportunidad para ser un mensajero del amor, dualidad divina, dentro de una realidad ajena a Él, pero que le agradó mucho. Así pues, luego de estudiar todo lo estaba a su alrededor, cerró sus ojos y durmió por primera vez, soñando con su exesposa, su hijo rebelde, con el Paraíso, con todos sus hijos y se dejó llevar de la nostalgia, produciendo una lágrima que bordeó su mejilla y que María secó con ternura a la vez que le cantaba pasajes de la historia de José, no su esposo, sino el intérprete de los sueños del faraón, hijo de Jacob. Aquella musicalidad de la voz de María no solo llenó de placidez los oídos de los dos hombres, sino de todos los animales que estaban en dicha pesebrera, hogar de paso después de un largo e intenso viaje hacia Belén.

 

Entonces, en aquel acto hecatómbico producido por un sentimiento de culpa, de Abba-Resh brotó una semilla que se extravió en los parajes del hiper-cosmos y viajó muy lejos, llegando a un planeta que era llamado la Tierra por sus mismos habitantes. Un lugar ideal para el desarrollo de la vida consciente. Al nacer, un acto ya ocurrido infinidad de veces, sus padres le llamaron Yashua, porque un ángel lo solicitó. Tiempo después, ya de adulto, a este Dios hecho carne, por expresar que lo individual no puede subyugar lo social y que dentro de lo social se podía vivir en armonía al compartir en alegría, los líderes de su comunidad lo catalogaron como un subversivo. Varios judíos metahumanos o, como en aquella época se les conocía: mensajeros divinos, fueron por Él. Mas nada pasó. No le detuvieron. La razón… aquellos super-humanos al oírlo pudieron sentir por primera vez su humanidad. Además, no vieron en Él el verbo de un embaucador, sino contemplaron a un Dios no buscaba gloria alguna y que dentro de su mensaje estaba la noble idea de que el hombre recordara su esencia de criatura y que gozara de todos los beneficios que se tiene como un ser vivo, cuyo interior fue forjado dentro de las estrellas. Fue así que, tras el paso del tiempo, esos hombres divinos le siguieron y fueron más tarde discípulos y seguidores: hombres y mujeres de variadas razas que atendían sus enseñanzas, cognición que desarrolló desde muy chico, pues, en su infancia, su curiosidad se vio saciada y sus conocimientos refinados al acompañar a José de Arimatea, un sireno de plata judío, en sus viajes de comercio. Allí, Yashua conoció el mundo. Este tritón, que era un íntimo allegado a su familia y seguidor de las ideas de Padre hecho carne, le mostró a Yashua naciones que se bañaban en vino y miel. Tierras fructíferas en donde conoció el griego, egipcio entre otras lenguas que le permitieron acceder a un sinfín de información; instruyéndose en los secretos de cada rincón del planeta. Aquellos viajes no tenían fin y los años transcurrieron y Yashua se convirtió en un hombre adulto. De regreso en su tierra, siguió la profesión de su padre y el manejo de la madera fue su labor. Su gusto por enseñar no se esfumó y sus tertulias continuaron en plazas y lugares públicos. A veces, estaba en el campo mostrando lo simple que era la vida y que nosotros mismos nos la complicamos. Y en la enseñanza hacia el respeto, vio que en Galilea sus ideas, nacidas de la reflexión Divina, fueron opuestas al sistema de su cultura, vislumbrando un futuro en donde la muerte podría aparecer violenta e inesperadamente. Desde ahí, Él comenzó a orar en lugares solitarios, en medio del verde y el silencio. Allí, en esos montes, su espíritu rompió las ataduras del espacio y del tiempo para poder dialogar consigo mismo, con aquel que había nacido en épocas diferentes, en planetas inhóspitos, en realidades remotas e ignotas. Entonces, hablaba con Elías, Moises, Buda, entre otros seres humanos y entidades biológicas que no habían nacido en su mundo… todos nacidos de la inconsciencia del Padre. Es decir, Yashua hablaba con otras reencarnaciones de Él de diferentes épocas de la historia y lugares de la existencia.

 

Sin embargo, la historia de Yashua en la Tierra se remontaba mucho tiempo atrás… Las flores de carne son mágicas y misteriosas, bailan con lo desconocido; así son para el varón: un laberinto incomprensible de belleza y misterio… En esa época, hubo una mujer pueril, inocente y obediente a una cultura que más tarde le infundió un miedo que la impulsó a proteger a su hijo, por encima de su fe y sociedad. Mas, cuando su cuerpo advirtió un cambio inesperado, un horror se apoderó de ella. Aún no conocía hombre alguno, no pertenecía a un linaje de divinidad para entonces explicar su nueva condición. Sabía que la ejecutarían, catalogándola como ramera siendo la piedra, el desierto y el olvido su fin. Pero, ante su nervio que la asaltaba punzantemente, no bajó la cabeza y, en soledad, se dejó llevar de la oración. Sus palabras en busca de ayuda y consuelo saltaron por entre las dimensiones y llegaron a un lugar inhóspito. Y aquella energía hecha palabras trascendió el tiempo/espacio y llegaron a la realidad creada por Madre, a su morada: La Ciudad Áurea, un sitio solo para ella y su creación. Incluso, aquel verbo hecho resplandor fue escuchado por Eva y Lilith, que advirtieron el peligro al que ella, María, iba a estar condenada por los caprichos políticos de los hombres. Esa plegaria vibraba sin cesar y vibró la esencia de Luz, cuyo interior palpitó en lamentos porque una parte de sí estaba en dolor. Tras dirigir su percepción al origen de dicho ruego, se dio cuenta que un coro femenino con resonancia le indicaba a dónde debía acudir. Y desde su hogar, lejos de Abba-Resh que dormía dentro de la Ciudad de Plata, Madre, entrando sigilosamente al Paraíso y manteniendo una figura invisible ante su exesposo, caminó en busca de sus hijos, mas nadie le contestó. La veían como una intrusa, una rebelde, incluso sus mismas hijas habían aprendido a verla como una puta. Y ese desprecio se manifestó mucho cuando ellas fueron las primeras en sentirla aparecer y recorrer el Paraíso. Mas no la amenazaron. No porque temieran despertar a Padre de su sempiterno trance, cuya travesía extrasensorial estaba más allá de los confines del Paraíso, sino porque no deseaban gastar energía en algo sin valor. – Que el castigo sea cosa de los hombres… ¡Qué patética! Desilusionada, La Luz iba a retirarse. Pero, Uriel la detiene, un arcángel que escondido estaba porque su corazón etéreo le confundía. Tras aparecer, Asherah se sintió agradecida. Mas, para Uriel la sangre llama, y se presentó ante ella sin importar los reproches que pronto vendrían de sus hermanos. Ella, con urgencia le contó la situación que inquietaba su tranquilidad: en ese preciso instante no material había una mujer en un planeta azul que la necesitaba… que los necesitaba. Mas, Padre la ignoraría porque ahora no era consciente de nada, ni de Sí Mismo dentro del Paraíso. Sin embargo, - ¡Ayúdame hijo a socorrerla! Uriel, consternado, la escuchó. Aunque, no le prometió nada… Padre había manifestado que Ella estaba olvidada para todos y aún dentro de su ser, el arcángel sentía desconfianza. Mas, solo bastó un abrazo. Ella lo envolvió y él contempló la magia de Madre y, en medio de la vergüenza y de las lágrimas, Uriel olvidó las órdenes de Abba-Resh. Aquel sentimiento impuesto por Padre había sido su razón para no aparecer desde un principio cuando apareció Luz. Por ello, tras sonreír, le comentó a su Madre que tenía una idea… Con urgencia, en sigilo y dentro de la Ciudadela Real, Ellos buscaron a un ángel que le gustaba la comunicación y era diestro en ubicar cosas, sin importar el lugar. Era lozano y ágil, precavido e invisible y servicial ante el auxilio. Gabriel era su nombre. Cuando lo encontraron, Gabriel, pese a que obedecía fidedignamente a Padre, sin pensarlo abrazó a Luz, felicitándola primero por su creación y alzando su vestimenta, le mostró a Ella un universo que estaba construyendo… acto que sorprendió a Asherah. Luego, la besó con una felicidad que avergonzó a Uriel por su falta de credulidad por su Madre. Aquel arcángel hermano, sin meditarlo, los ayudó y los llevó a su recinto. Recalibrando su percepción, Gabriel sacó un mapa inefable e incomprensible para Madre y Uriel. Después de tener todo lo necesario sobre su mesa, se sentó a buscar ese lugar que Madre le explicaba. El arcángel, imaginando las voces femeninas que le indicaron el sitio a ella y sobre unos garabatos inscritos en una tela etérea apareció un puntico azul. Tomándolo con sus manos, Gabriel vislumbró que en aquel sitio había vida consciente y que Padre, en el azar de su no Voluntad Divina, es decir, en su trance, nacería allí o ya nació allí… Él les explicaba que era impredecible saber eso porque en la no temporalidad del Paraíso o del mundo espiritual, los eventos del átomo eran subjetivos y permanecían sujetos a la incertidumbre de seres como ellos. Pero, aquello no sería tampoco un problema para las entidades celestiales. Ya localizado el planeta y listo para el viaje, Madre le indicó a su hijo qué debía decir ante esa mujer asustada. Aquello extrañó al arcángel y ante el pasmo, Madre le dijo que ella no podía acompañarlo. Ella estaba en plenitud a diferencia de Padre, cuya esencia incorpórea no estaba sólo en la Ciudad de Plata, sino en muchos lugares… Él se había hecho un fractal de posibilidades dentro de la existencia, haciendo de su particularidad Divina algo menos intensa. De esta manera, que Ella fuera directamente al auxilio de María sería declarar su muerte porque la energía de Luz al aparecer en dicho sitio podría hacer colapsar todo, incluso esa esfera oscura y pesada que hacía girar todo en dicho torbellino de luces, roca y plasma en donde se encontraba ese planeta. –“Baja tu aura” le indicó Ella a él. Comprendida la palabra de Madre, Gabriel dio un solo salto y ya se encontraba frente a ese cúmulo galáctico en donde esa roquilla índigo giraba, junto con otras, alrededor de una sutil bola de luz blanca. Él nunca había visitado tal realidad y, por tal, se sorprendió que todo estuviese en una danza sempiterna que contempló sin prisa. Luego de haberse deleitado con esa belleza bizarra, fue y buscó a aquella mujer. Pero, para su sorpresa, aún no había nacido. También había entendido que debió haber bajado más su aura, ya que, al llegar a la Tierra, la energía divina de su ser angelical se volvió en una titánica fuerza que impactó el suelo, creando un caos y destrucción que él lamentó. Se sintió preocupado, la destrucción era producto de la entropía no de algún Celestial. Ni Dios había destruido nada y él, solo con caer del cielo, había erradicado un gran número de criaturas. Con un gesto de decepción, el arcángel intentó, con su aire Divino bajar las temperaturas, mas ciclones se hicieron presentes y, al ver que su intervención era catastrófica, desapareció. Los dinosaurios habían muerto, pero un nuevo cambio venía. La vida siempre encuentra su camino. Ante esa experiencia no confortante, Gabriel empezó a controlar su ser y redujo salvajemente su vibración. Después de hacerlo, viajó a través del tiempo/espacio para llegar a la fecha y lugar precisos donde aquella dócil mujer llevaba unas semanas embarazada de un ser único. Al conocer a los humanos, le desagradó su carácter flexible. Esa debilidad de corazón le molestó. Mas, cuando vio a María, después de tanto ajetreo, quedó admirado de su esencia Divina y comprendió que esa elfa-híbrida de humanos era todo un ser digno de dar a la luz a su Padre hecho carne.

 

Recordando su experiencia explosiva al llegar a la Tierra, Gabriel tuvo cuidado en no matar a la pobre muchacha con su esencia. Por ello, al ver un cordero mientras comía hierbas, criatura que él veía por primera vez, se le acercó y lo estudió minuciosamente, al instante que el pobre animal temblaba de miedo. Y, moldeando su cuerpo, adoptó su forma. Al hacerlo, todos los animales ahí presentes desaparecieron del susto. Aquella reacción Gabriel no la entendió. - ¡Qué seres más inquietos! Moviendo poco a poco sus paticas, tambaleándose con torpeza ( nunca había caminado), se presentó a María. La mujer estaba despierta. El insomnio la acompañaba cada noche y la cubría con un sudor frío de consternación. Entonces, ella ve cómo una luz se cuela a través de la puerta. Tuvo susto, su mente le indicó con terror que aquel fuego que se acercaba eran las antorchas de hombres que ya empezaban a inquietarse por ella. La luz se introducía más por las grietas de la puerta y ella solo le quedó subir sus rodillas mientras cubría su vientre con las manos. De pronto, una intensa ventisca abrió las puertas de forma abrupta. María, tragando saliva, escuchó un vociferío que decía: – No temas dichosa del toque de nuestro Padre y Madre. Estoy aquí para tranquilizaos. A pesar que el idioma de Gabriel era ajeno al de María, ella lo entendió con cada coma y punto. - ¡¿Quién eres monstruo!? A tales palabras, Gabriel se sintió abatido. Esa no era la impresión que deseaba mostrar. Pero, al notar la luminiscencia que producía su cuerpo, dedujo porque los animales se habían retirado con prisa e intuyó la sorpresa y miedo de dichos seres de carne: él era un cordero, sí… aunque, en vez de tener lana, brotaba fuego de su piel y tal resplandor empezaba a quemar a la pobre virgen. Ante esta situación un tanto problemática, el mensajero divino comprendió que tenía que darse prisa, bajar más su energía ya no podía más y sus flamas ya empezaban a calentar la casa de barro:
 

– No temas María, solo he venido a decirte que eres la mujer más dichosa y que de ti nacerá un Ser magnánimo. Yo, un celestial, he venido de Él, pero nuestro Padre, en su laberinto de culpa, su corazón ha decidido, a escondidas de Él mismo, nacer como un ser de materia. No eres la única que engendra un Dios, hubo muchas más antes de ti dentro de esta realidad y vendrán más… Hoy, en este planeta, en esta época, tú, María, eres su umbral. Siento tu miedo, ya sabías que estabas en cinta y no comprendías qué estaba ocurriendo. No temas a tu cultura, te protegeremos… Mis hermanos y yo te ayudaremos. Ya viendo lo celestial que hay en ti y al ver, en un futuro, como llegarás al lado de nosotros y de Padre en carne y hueso, eres digna de Él. Sé que eres prodigiosa, un universo que almacena la esencia de Madre, en tu carne, y de Padre, en tu vientre. Bendita tú entre todas las mujeres; pues Él renacerá y renacerá siempre… a menos que mi hermano Lucifer realice su deseo. Mientras tanto, goza de la vida María. Vive libremente dentro de este planeta que dentro de mucho tiempo tu civilización le llamará Tierra. Para ello, te ayudaremos, a escondidas de Padre, porque Él no sabe que pronto una parte de Él se hará materia orgánica.


… ante este mensaje, María manifestó confusión. Miraba a aquel cordero parlanchín envuelto de fuego. Pero su observación se vio truncada cuando el ángel continuó su discurso:

- Pronto llegará un hombre mayor. No temas… no te tocará, mas será un buen padre para nuestro Procreador hecho carne humana y será un buen marido para ti. Cuando nazca Él, todo cambiará, porque cuando Yashua diga sus primeras palabras, serán de enseñanza, nobleza y de amor, todo centrado para bien común; será un politólogo excepcional; ya que este primogénito es de Abba y es de todos. Este hombre, cuyo nombre ya te lo dije, José, con su ternura, te amará y tú lo amarás también, y tendrán su descendencia propia después. Te prometo… no estás sola y no sientas miedo. Madre está contigo, y Padre, que será tu hijo, te cuidará mucho, como lo hará también tu futuro esposo.

 

Dichas estas palabras, el ángel desapareció en un sutil pero intenso torbellino de aire y fuego. La paja chamuscada del techo volvió a ser normal junto con todo lo que fue quemado por el arcángel, incluso algunos mechones, pestañas y bellos de María. Sus quemaduras habían desaparecido en el silencio de la noche. La quietud nocturna continuó y el canto de los grillos viajaba con el aire. Los animales salieron de sus escondites y siguieron su rutina noctívaga. Los crujidos de la casa, los tronidos del campo recorrían cada rincón de la casa nuevamente. Y ante esa filarmónica anónima de chasquidos del crepitar de las cosas, María sucumbió más a su estado de vigilia y la reflexión la asaltó en ese instante. – ¿Acaba de hablarme un carnero? Y tratando de entender todo, su vientre se estremeció. Un tacto cálido recorrió su cuerpo y calentó su certidumbre. Entonces, las ovejas y demás animalillos se adentraron a su pieza y rodearon su cama, durmiendo plácidamente. Fue allí que pudo respirar paz y tuvo confianza ciega en aquel extraño ser que había venido a ella para indicarle su providencia. Una sonrisa cubrió su rostro y entre los balidos, mugidos y cacareos de los integrantes de la granja que estaban al lado de ella, María por fin pudo conciliar el sueño y se entregó a él bajo el resonar silencioso de las estrellas.

 

Al día siguiente, María empezó a ver cómo el discurso del ángel se hizo realidad, letra a letra, pues en la puerta de su casa y hablando con su padre, estaba un señor que pedía la mano de ella. Y así, con el cuidado del destino Divino, Dios hecho carne nació tiempo después, ante todos los obstáculos que se le presentaron a María y José. Pero lo que no visualizaron Uriel, Gabriel y Asherah, era que la raza humana podía llegar a ser muy maldita. Nunca pensaron que Yashua, en su benevolencia de mostrar una mejor vida y organización social, fue perseguido. Y cuando ellos desearon ayudar a Yashua para evitar su ejecución, Padre ya había salido de su trance. No estaba molesto con nadie. Él ya conocía toda la verdad. No regañó a sus hijos ni enfrentó aquella que antes fue su esposa, sino que les pidió no intervenir porque Él deseaba expiar su culpa en dicho cuerpo. - Siento su miedo y sentiré su dolor -, les dijo. Descargaré mi culpa en Él para sanar mis heridas. Y así fue, cuando Yashua fue arrestado por su misma gente y fue llevado ante los romanos, Abba-Resh sintió cada latigazo que recibió su versión humana. Lo sintió con tanta agudeza que no desfalleció y acompañó a Yashua en cada momento. Cuando fue puesto en la cruz; castigo predilecto de los hijos de Romulo y Remo, los titánicos gemelos constructores de Roma. Durante el calvario de Yashua, de Padre llegó un éxtasis del dolor cuando le perforan su pecho, atravesando su corazón, brotó agua, como aquella que sintió esa vez bajo sus pies cuando nació. Aquel acto hizo convulsionar la tierra y los cielos se oscurecieron, porque Madre, movió la luna y tapó sobre dichas tierras la luz de sol. Aquellos judíos asesinos y romanos crueles y nefastos no la merecían. Y, para hacerles entender su error, apareció Ella dentro de la Tierra y su energía hizo un cataclismo, manifestando un movimiento que sacudió la superficie.  

 

Mas, lo impensado para los mortales sucedió, porque el cuerpo de Yashua se levantó entre los muertos días después. Pese a que era Padre, Él era también un sapiens y durante su muerte, su curiosidad humana lo llevó a ver todas las formalidades de la existencia a las que pertenecían Ellos. Conoció, con forma humana, el infierno y sintió tristeza y compasión por sus habitantes que vivían en constante sufrimiento auto-impuesto. Y, en ese aprendizaje, quiso volver para enseñárselos a sus discípulos e infundirles a ellos su Palabra con un toque de fuego Santo que les permitió no solo hablar en otras lenguas, sino que también les regaló resiliencia y fortaleza, porque aquel mensaje estaba en contra de muchas ideas radicales que se cimentaban en las leyes corruptas del hombre y que eran menester enfrentarlas, sin importar la cultura. Cuando Yashua terminó su evangelización de la vida, Él retornó al Paraíso ante los ojos de sus discípulos y seguidores. Los cielos se abrieron y las nubes le hicieron la venia para que Él subiera. Dicha iluminación, promovió en ellos un ímpetu por predicar las enseñanzas de Yashua y salieron a enfrentarse al mundo, con júbilo y esperanza sempiterna, porque sabían que no estaban solos.

 

Thoughts

  • chelo

    Uf, el cordero en llamas.

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  • Cristofher

    Se nota el cariño y la convicción con que escribes. El tono épico transmite emoción y el cierre "no estaban solos" es lo más fuerte del pasaje.

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  • rgomez1404

    Reconozco de dónde viene el nombre de Asherah y la discusión larga que hay detrás, y no la voy a dar acá, primero porque no me corresponde y segundo porque me interesa más lo que hiciste con ella. Un Dios que destierra a su mujer por miedo a depender de ella y se pasa el resto del relato extrañándola, eso no se ve seguido. Me quedo con esa parte.

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  • Ines_del_Valle

    De todo el texto, la parte que me quedó dando vueltas es la del establo, cuando el recién nacido descubre el frío, el hambre y ese ruido dentro del pecho. En tantas noches de guardia he visto ese primer eructo que a los padres les da risa, y ponerlo en boca de Dios lo vuelve raro y cercano a la vez. Lo del Paraíso y la Ciudad de Plata me costó más seguirlo. ¿Dónde más puedo leer sobre Asherah?

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  • Felipe1606

    Después de reescribir el apartado seis del capítulo uno, me vi obligado a mirar lo anteriormente hecho por una idea que tuve mientras reeditaba dicho apartado. Por eso, estuve un poco desconectado, espero que lo disfruten... para la próxima publicación, se seguirá con el apartado seis, no publicaré lo que se corregirá en los apartados anteriores, la idea es seguir con la historia, cosa que la tengo hecha hasta el capítulo tres. Cada capítulo tenía 10 apartados, ahora eso se ha modificado. Gracias a la página y a ustedes por el apoyo, eso mitiga mi locura interna cuya lucha aspiro que nunca me gane. Deseo leer y que puedan leer cómo termina la historia. Éxitos.

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  • Adelanto Vencedores vencidos Capitulo 4

    Mañana o hoy a la noche se viene el capitulo 4, como adelanto esta imagen.

  • ¿Destino o casualidad?: Parte IX.

    Mi reflejo en la ventana del asiento 51 del bus que me llevaba a Trujillo a conocer a Hana desnudaba la esencia que brotaba de mi piel en ese instante: era un niño con miedo y empecé a comportarme…

  • Madrugada

    Único ser en pie cuando apenas clarea el alba. La jornada no comienza, aún ni siquiera termina.