Había comenzado el mes de noviembre, la época de mayores actividades de fin de año, organizando eventos, planificando agendas, se venía todo como siempre solía ser, sin embargo, Gabriel, el pastor y mentor de la iglesia no paraba de pensar mucho más allá de lo que estaba viendo.
Su corazón estaba inquieto, veia una iglesia grande por la cual él había orado hace tiempo, pero algo lo inquietaba.
Paso días ayudando y orando, pero no había respuesta, no entendía porque no estaba tranquilo, sabía que algo Dios le quiera decir, pero no lograba entender.
Esa semana, arranco con los preparativos, para arreglar la iglesia, junto con los hermanos se prepararon para ir, fueron muy pocos. Cómo siempre, no le cambio el día trabajo, a las horas, cuando todo estaba avanzado, empezó a caer uno que otro, cuando casi ya estaba todo terminando y los que habían ido no paraban de quejarse, sino era críticas sobre lo mal que estaba echa la iglesia, se quejaban de los hermanos que no habían ido.
Otra vez la inquietud, otra vez el no comprender.
Está vez, Dios hablo, solo fue una directiva y le dijo que la iglesia lo acompañara en oración. Lo cual fue lo primero que hizo, desde el púlpito pidió a una congregación entera, que lo acompañe en oración.
Había estipulado un día solo del día y así fue, muy motivado puso su alarma, se durmió temprano, se levantó antes que sonara, porque estaba muy emocionado y no quería que nadie se quedar afuera, era muy temprano y entendía los riesgos, pero al llegar se dio cuenta que no había nadie y ahí la respuesta de su inquietud, la iglesia no estaba enfocada, uno podría pensar que prematuro es pensar algo así por un día que no fueron, pero la realidad es que no fue ese día, fueron meses y meses, donde Gabi, estaba solo. La parte de diagramar, hacer, era algo que la iglesia había asimilado muy bien, como Marta la amiga de Jesús (Mr 10:40 ) que no paraba de hacer limpiar y acomodar, sin embargo, era el tiempo de ser como María y la iglesia no lo entendía, le costaba mucho dejar la agenda para estar con Jesús sentados a los pies del maestro. Era un tiempo que debían estar y sin embargo, eran muy pocos. El tiempo de oración, vino para quedarse, pero Gabi seguía solo.
Hasta que un día inesperado, algo paso