Si la idea de un falso amor
es la reconquista de tu propio corazón,
el deseo de tu paciencia flotará
y te dirá una y mil veces
lo tanto que dejarás atrás.
Cada huella que marcó tu corazón
se desvanecerá tras tanto dolor;
aquel que administró cada ilusión.
Si es tan fácil romper la maldición
que profesan tus plegarias,
¿por qué nadie se arriesga a quedarse?
A quedarse a tu lado.
A entender
la pureza de tus actos, de tu amor,
de cuánto abandonas por la misma ilusión.
¿Acaso es tan difícil percibir
la carencia que dejó tu pasado?
La realidad con la que aún vives ese pasado.
Una verdad llena de mentiras,
sostenida por una falsa fe,
aquella que no te deja volver
y solo te resbala hacia el verdadero final,
donde sola te has de quedar,
aferrada a la firmeza
que juraste no abandonar;
donde a ti primero te obtendrás,
sin elegir a quien confunda
caprichos inmensos
con la necedad de un lienzo.