Año 742 E.U.
Desde nuestro encuentro con aquel barco abandonado no he podido dejar de pensar en la última anotación del diario que encontré. «Mañana cambiaremos el rumbo». Una frase bastante peculiar para ser lo último que alguien decidió escribir antes de desaparecer.
No encontramos rastro alguno de su tripulación, y aunque algunos de mis hombres prefieren creer que simplemente abandonaron la embarcación, hay demasiadas cosas que no encajan. Por ahora, no tiene sentido perder el tiempo buscando respuestas que el mar no parece dispuesto a darnos.
Nuestra prioridad sigue siendo llegar a puerto y reabastecernos antes de continuar el viaje... O al menos eso es lo que sabe la tripulación.
Lamentablemente, el mar tenía otros planes.
La tormenta nos alcanzó durante la tarde, sin darnos tiempo suficiente para prepararnos. El viento cambió con una rapidez alarmante y las olas comenzaron a golpear el casco con una fuerza que dificultaba mantener el rumbo. Di la orden de recoger las velas y asegurar las cuerdas, pero ni siquiera eso fue suficiente para evitar los daños.
En medio del caos, Masón cayó por la borda.
Ordené a los hombres que buscaran en el agua mientras intentábamos mantener el barco a flote, pero no conseguimos encontrarlo. Por un momento pensé en hacer girar el timón y regresar por él, aunque hacerlo en aquellas condiciones habría puesto en peligro a toda la tripulación.
Edmund tuvo que recordarme lo evidente: si perdíamos el barco, no podríamos salvar a nadie.
No me agrada abandonar a uno de mis hombres a su suerte, y mucho menos sin saber si sigue con vida. Sin embargo, no podía permitir que el resto corriera la misma suerte por una decisión precipitada.
La tormenta duró horas. Cuando finalmente comenzó a ceder, estábamos agotados, el barco había sido desviado de su rumbo y Masón seguía desaparecido.
Creí que lo peor había pasado hasta que Nathaniel divisó tierra en el horizonte. Una isla que no figura en nuestras cartas de navegación.
No sé qué encontraremos allí, pero existe la posibilidad de que las corrientes hayan arrastrado a Masón hasta sus costas. No pienso descartarla sin comprobarlo.
He ordenado acercarnos y preparar una embarcación para desembarcar. Mañana buscaremos a Masón. Espero que siga con vida.