Y un día pensé ligeramente, bajo la sospecha de tu indiferencia —que siempre he de mencionar—: pensé y pensé: no te escribiré más.
Y me resultaba ridículo: escribes a una persona cuya atención no es dirigida hacia ti. Y me parecía ilógico, precisamente eso: ir en contra de la lógica.
Solo cuatro estrofas, solo eso prometo. Después de un tiempo, no te escribiré jamás; solo cuatro estrofas, y esta es la tercera.
Solo cuatro estrofas, solo eso prometo: solo cuatro estrofas, de cuatro o hasta seis versos. Después haré espinelas detallando cada sombra; después te haré un libro si la inspiración me sobra.
— Jorge Guzmán