EL REGRESO DEL GENIO DEL FÚTBOL
Capítulo 1: El chico que dejó el fútbol
El avión aterrizó en el aeropuerto de Tokio poco después del mediodía.
Liam permanecía sentado junto a la ventana, observando cómo Japón aparecía poco a poco bajo las nubes.
Habían pasado varios años desde la última vez que había vivido allí.
Ahora tenía dieciséis años y estaba regresando al país donde había nacido.
Pero no regresaba por vacaciones.
Regresaba para empezar de nuevo.
—Japón... —murmuró.
A su lado, su madre, Emily, lo observó.
—¿Estás bien?
Liam apartó la mirada de la ventana.
—Sí.
Emily sabía que aquella respuesta no era completamente cierta.
Su hijo había cambiado mucho durante el último año.
Antes era un chico alegre, competitivo y apasionado por el fútbol.
Ahora casi nunca hablaba de ese deporte.
Y había una razón.
Adam.
Su mejor amigo.
El chico con quien Liam había compartido prácticamente todo.
Los dos habían comenzado jugando juntos en Estados Unidos.
Después tuvieron una idea.
Crear su propio equipo.
Lo llamaron Invictus.
Al principio eran solamente dos chicos con un balón y un sueño.
Pero con el tiempo, Invictus creció.
Liam y Adam consiguieron reunir jugadores increíbles.
Entrenaron durante horas.
Perdieron partidos.
Ganaron otros.
Y poco a poco comenzaron a convertirse en uno de los mejores equipos juveniles de Estados Unidos.
Hasta que llegaron al número uno.
Pero entonces todo cambió.
Adam falleció.
Desde aquel momento, Liam dejó de jugar.
No volvió a entrar a una cancha.
No volvió a entrenar.
Ni siquiera quería mirar un partido.
El fútbol, que alguna vez había sido su felicidad, ahora solamente le recordaba a su mejor amigo.
Por eso había decidido regresar a Japón.
Quería alejarse de todo aquello.
Quería olvidar.
Aunque en el fondo sabía que olvidar a Adam era imposible.
Después de recoger sus maletas, Liam salió del aeropuerto junto con sus padres.
Hiroshi, su padre japonés, esperaba junto al automóvil.
—Bienvenido a casa, Liam.
Liam sonrió ligeramente.
—Gracias, papá.
Emily colocó una mano sobre el hombro de su hijo.
—Tu nueva escuela comienza mañana.
—Lo sé.
—Seiryu Academy es una escuela bastante grande.
Hiroshi sonrió.
—Y tiene muchos deportes.
Liam levantó una ceja.
—¿Muchos?
—Básquet, tenis, tenis de mesa, béisbol, hockey...
—¿Y fútbol?
Hiroshi lo miró.
Liam se quedó callado.
—También fútbol —respondió su padre.
Liam desvió la mirada hacia la ventana.
—No me interesa.
Emily y Hiroshi intercambiaron una mirada.
Ninguno dijo nada más.
Al día siguiente
Liam llegó temprano a Seiryu Academy.
El edificio era enorme.
Había estudiantes caminando por todas partes.
Algunos llevaban uniformes deportivos.
Otros conversaban entre ellos.
Liam caminó por los pasillos observando cada rincón.
—Así que esta es mi nueva escuela...
Primero pasó por el gimnasio.
Escuchó el sonido de una pelota rebotando.
—¡Pasala!
Después vio a varios estudiantes jugando básquet.
Continuó caminando.
Más adelante encontró las pistas de tenis.
Luego las mesas de tenis de mesa.
Después pasó cerca del campo de béisbol.
Seiryu realmente parecía tener un club para cada deporte.
Liam siguió caminando.
Hasta que escuchó algo diferente.
¡PUM!
Un balón golpeó una pared.
Liam se detuvo.
Después escuchó un grito.
—¡PASÁ!
Otro grito.
—¡A LA DERECHA!
Y después...
¡PUM!
Otro balón salió disparado.
Liam suspiró.
—Fútbol...
Durante unos segundos pensó en continuar caminando.
Pero algo dentro de él hizo que se acercara.
Llegó hasta la cancha.
Y se quedó observando.
El equipo de fútbol de Seiryu Academy estaba entrenando.
Liam miró el partido.
Un jugador recibió el balón.
Intentó hacer un pase.
La pelota terminó fuera de la cancha.
—¡¿Qué haces?! —gritó otro.
—¡Perdón!
Liam observó al arquero.
El delantero disparó.
El arquero se movió tarde.
Gol.
Pero ni siquiera había sido un buen disparo.
Liam se llevó una mano a la cara.
—¿En serio...?
Siguió mirando.
Otro jugador intentó regatear.
Se tropezó.
Uno quiso hacer un pase largo.
La pelota terminó en otro sector de la cancha.
Liam comenzó a sonreír.
—Esto es horrible.
Intentó contener la risa.
Pero no pudo.
—Je...
El capitán del equipo lo escuchó.
Se giró inmediatamente.
—¡Oye, tú!
Liam levantó la cabeza.
—¿Yo?
—Sí, tú.
El capitán se acercó.
—¿De qué te estás riendo?
Liam miró alrededor.
—De nada.
—¡Te vi riéndote!
—Bueno... quizás me causó gracia.
El capitán frunció el ceño.
—¿Te parece gracioso nuestro entrenamiento?
Liam se encogió de hombros.
—Un poco.
Los demás jugadores comenzaron a murmurar.
—¿Quién se cree que es?
—Debe ser nuevo.
—Ni siquiera pertenece al equipo.
El capitán dio un paso hacia Liam.
—Si eres tan bueno, entonces ven y enséñanos a jugar.
Liam dejó de sonreír.
—No.
—¿No?
—No voy a jugar.
El capitán quedó confundido.
—¿Entonces por qué te ríes?
Liam comenzó a darse la vuelta.
—Porque sí.
—¡Espera!
Liam siguió caminando.
—¡Te estoy hablando!
Pero Liam no se detuvo.
El capitán apretó los puños.
—¡Cobarde!
Liam se detuvo.
Durante unos segundos permaneció de espaldas.
Aquella palabra le molestó.
Pero no por lo que el capitán pensaba.
Liam miró sus propias manos.
Recordó cuando esas mismas manos sostenían un balón junto a Adam.
Recordó las tardes entrenando.
Recordó los partidos.
Recordó a Invictus.
Y entonces cerró los ojos.
—No soy un cobarde...
El capitán escuchó.
—¿Qué dijiste?
Liam abrió los ojos.
—Dije que no voy a jugar.
—¿Por qué?
Liam tardó unos segundos en responder.
—Porque dejé el fútbol.
Todos quedaron en silencio.
El capitán lo miró con incredulidad.
—¿Cómo alguien puede simplemente dejar el fútbol?
Liam bajó la mirada.
—Yo pude.
Y comenzó a caminar nuevamente.
Nadie sabía quién era.
Nadie sabía qué había hecho en Estados Unidos.
Nadie sabía que aquel chico había sido una de las mayores promesas juveniles del fútbol estadounidense.
Nadie sabía que había creado Invictus junto a Adam.
Y nadie sabía por qué había dejado de jugar.
Liam salió de la cancha.
El capitán se quedó observándolo.
—¿Quién demonios es ese chico?
Uno de los jugadores respondió:
—No lo sé.
El capitán miró hacia donde Liam había desaparecido.
—Pero quiero saberlo.
Mientras tanto, Liam continuaba recorriendo la escuela.
Intentaba pensar en cualquier cosa menos en fútbol.
Pero entonces escuchó una voz detrás de él.
—¡Liam!
Se dio la vuelta.
Una chica de su clase se acercaba corriendo.
—¿Eres Liam, verdad?
—Sí.
—Soy una de tus compañeras. Me dijeron que eres nuevo.
—Ah.
Ella sonrió.
—¿Te puedo enseñar dónde están las aulas?
Liam asintió.
—Claro.
Mientras ambos caminaban por los pasillos, Liam miró por una ventana.
Desde allí podía verse la cancha de fútbol.
Los jugadores continuaban entrenando.
El balón volvió a rodar por el césped.
Liam lo observó durante unos segundos.
La chica notó su mirada.
—¿Te gusta el fútbol?
Liam permaneció en silencio.
Después respondió:
—Antes.
—¿Antes?
Liam apartó la mirada.
—Ya no.
La chica no insistió.
Pero Liam sabía que aquella respuesta no era completamente cierta.
Porque aunque había dejado el fútbol...
el fútbol todavía no lo había dejado a él.
Y tarde o temprano tendría que regresar.
Aunque todavía no estaba preparado.
Aunque todavía no quería hacerlo.
El nombre de Liam pronto comenzaría a escucharse por toda Seiryu Academy.
Pero esta vez...
no como un estudiante nuevo.
Sino como el jugador que cambiaría para siempre la historia del equipo.
Continuará...