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CAPÍTULO 4: UN PODER AJENO

Lukutakinoku_Takuji
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Al despertar, Ark se percató de que se encontraba en el mismo sitio donde el profeta lo había matado, pero este ya no se encontraba allí. Junto a él yacía la espada que había empuñado en el cielo,…

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Al despertar, Ark se percató de que se encontraba en el mismo sitio donde el profeta lo había matado, pero este ya no se encontraba allí. Junto a él yacía la espada que había empuñado en el cielo, pero no se parecía en nada a lo que había visto; más bien era una espada común, cuyo único detalle especial era un logo que se encontraba en la parte que conectaba el mango con el acero. El logo era un círculo pequeño del cual se desprendían seis pétalos y, en la mitad de la separación de cada pétalo, salía una línea que se dirigía hacia arriba; en la parte de abajo brotaban dos líneas que también se dirigían hacia arriba, dando la impresión de una flor siendo arropada. Ark toma la espada con sus manos y la guarda en su vaina. Mira para todos lados buscando a Yuan y Raen, los cuales estaban recostados boca abajo. —¿Qué pasó? —pregunta confundido. Yuan golpea el rostro de Ark. —Maldita sea, Ark, no vuelvas a hacer eso —dice enojado. —¿Qué te pasa? —Ark se soba el cachete, que ahora está rojo. —Casi nos haces creer que habías muerto —dijo Raen. —Por eso pregunto. ¿Acaso no morí? Sentí como todo mi cuerpo se quemaba de adentro hacia afuera; después de eso estaba en el cielo y tomé con mis manos esta espada —Ark desenvaina su espada y se la muestra. Yuan lo mira confundido y Raen igual. —Sí que te dieron un fuerte golpe, ¿eh? Ahora podrás presumirles a las chicas que sobreviviste al ataque de un profeta de oraciones santas. —No entiendo nada. —Solo diré que ganamos. Cuando recibiste ese ataque del dragón o lo que sea, las figuritas de luz dejaron de aparecer por un momento y, junto a Yuan, acabamos de matar a los bandidos que quedaban. Con el profeta ya agotado de haber utilizado tanto poder contigo, pudimos matarlo. El problema es que estabas desmayado, casi como muerto, lo cual nos entristeció un poco, pero mírate: vivito y coleando. —Ah, con que solo me desmayé. —Bueno, trabajo hecho. Agarremos lo que tengan estos cadáveres y volvámonos a Zetex. *** Obtuvieron muchos beneficios de aquel encuentro, 10 Pascales de plata y 23 de bronce. No hubo ninguno de oro, pero saben, eran bandidos y que tuvieran uno de esos dejaba mucho que pensar. Se llevaron los caballos que eran unos 7, suficientes para pagar la deuda que Raen tenía. Los cadáveres los dejaron a la intemperie, quemaron las tiendas y algunas pertenencias sin valor. De resto se llevaron lo que parecía valioso. Después de eso cabalgaron por el camino hacia Zetex, cada uno en un caballo. A toda la gente que pasaban a sus alrededores la saludaban, más estas no respondían a sus saludos, si no que los miraban hostilmente y con resentimiento. Algo había pasado. Raen había dado la idea de ir hacia la finca donde habían esparcido los primeros rumores, quería ir a dejarles algunos regalos para que vieran su triunfo frente a los bandidos, y ¿por qué no? Pasar la noche con una chica, pero cuando llegaron a la finca notaron algo extraño. La finca estaba en ruinas y sus cultivos habían sido incendiados, además de que no había animales vacunos en los establos. Los tres se apresuraron al interior. Necesitaban saber qué era lo que había pasado. Tras entrar vieron a tres mujeres, eran las hijas del dueño y su esposa. Las tres tenían sangre en sus caras y sus ropas estaban rasgadas. Cuando los vieron se llenaron de una ira incontrolable y se abalanzaron sobre ellos. —Todo es su culpa, ¿Por que tuvieron que venir a llenarnos la cabeza de falsas esperanzas? Son ustedes unos malditos que traen miseria— La señora empezó a llorar Sus hijas no voltearon a ver a Raen, ellas habían apartado la vista y estaban cubriendo sus pechos con sus manos. —¿Pero qué pasó?— preguntó Raen. —Los bandidos— Contestó entre lágrimas— Vinieron días después de que ustedes hablaron sobre capturarlos, dijeron que nosotros estabamos apoyando a su captura y nos quitaron todo, mataron a mi esposo e hijo, abusaron de mí y de mis hijas….Por favor larguense o vendrán a matarnos— Era por eso que las demás personas los miraban con tanta hostilidad, ellos creyeron que fue por esos tipos que todo esto había pasado y…. tenían razón, fue por ellos. El plan salió bien, pero perjudicó a quienes intentaban ayudar. —No tienen de qué preocuparse, ya los acabamos— Las mujeres solo siguieron llorando — Y eso de que sirve ¿Eh? ¿Va a traer a mi esposo e hijo de nuevo? ¿Voy a recuperar la dignidad mía y de mis hijas? Fueron ustedes los causantes de todo esto, malditos aventureros, porque eso es lo que son. Raen estaba triste, pero no podía hacer mucho por ellas, así que solo pidió disculpas y les dejo todo lo que habían obtenido de su misión. Al menos él tenía un buen corazón, decidió no pagar sus deudas para ayudar aunque sea poco, a estas pobres almas en pena. Este pequeño gesto hizo que Ark y Yuan lo respetaran y lo vieran como una clase de persona diferente, un aventurero que pese a sus errores, intentaba ayudar a las personas tal como él se los había dicho. *** Los tres volvieron a Zetex tristes por lo que había pasado, puesto que aunque lo habían conseguido, el triunfo no se sintió dulce, si no más bien amargo y vacío. Como es de costumbre para Ark y Yuan, este sentimiento, bueno o malo, no duró prácticamente nada, ya que al poner un pie en el pueblo, tres soldados y un oficial se les pararon al frente. Era algo normal, pues en el pueblo siempre se mantiene monitoreado a cada persona que entra o sale. —Papeles— Raen saca de su bolsillo un trozo de papel amarillo, el cual le entregó al oficial. —Papeles —pidió el oficial a Ark y Yuan. —Eh, no sé de qué nos está hablando —contestó Ark, confundido, a Raen—. —¿Qué? ¿Cómo que no sabes? ¿Acaso no tienen pap…? —dijo Raen, aterrado por la revelación—. Oficiales, creo que... a mis compañeros se les quedaron en nuestro viaje— —Ah, conque no tienen registros. Ahora mismo vendrán con nosotros al cuartel— —Espere, hombre, no— intentó persuadirlos Raen. —Muy tarde. Soldados, llevenselos— Raen no pudo hacer mucho para evitar esta situación, puesto que cerca de ellos se encontraban aún más soldados. Jajajaja, lo más raro que podías observar, imagínate cómo debe de sentirse que tus dos amigos, que te habían ayudado en momentos cruciales de tu vida, ahora eran llevados por una organización poderosa sin que tú pudieras hacer nada. El rostro de Raen lo decía todo mientras los observaba alejarse. “¿Pero qué pasó?” era lo que estaba pensando, pues todo sucedió tan rápido; como podrías estar si después de salir de un trabajo totalmente exitoso, con algunos altibajos que bajaron la moral y que, de la nada, tu segundo grupo sea separado de la forma más random posible. Sin duda, era totalmente extraño. Como prisioneros fueron tratados y llevados al cuartel. Yuan venía quejándose todo el camino, hasta que un soldado le dio un golpe para que se callara “Pero que falta de respeto, me voy a quejar con la real audiencia de Ahet imbéciles””. Cuando llegaron al cuartel, les quitaron sus trajes y los vistieron como a ellos. —Oigan, espérense, esto es una violación a mi privacidad— dijo Yuan, tratando de defenderse—. —Nel, men, aquí te joden si te pasas de mamón, ¿Como es eso de que nos va a reportar con la real audiencia? No vamos a pasar eso por alto— contestó un hombre que tenía acento de Mercon, la provincia norte del reino—. —¿Qué traes ahí?— le dicen a Ark mientras le quitan su espada—. —Eso es mío, la conseguí con demasiado esfuerzo— replicó Ark—. —Esto ya no te pertenece— mira la espada, que está reluciente—. Pero mira qué bombón tienes, ¿de dónde la habrás sacado? Sir Toper estará feliz con esta arma— dijo el oficial que estaba monitoreando el requizo—. —Pónganse esto y salgan hacia el patio, está al fondo a la izquierda— Ark y Yuan se dirigieron a donde él les ordenó y vieron cómo un gran grupo de jóvenes se encontraba prácticamente en la misma situación que ellos. Pensaron en escapar del lugar, pero el cuartel estaba lleno por todos lados de soldados y alguno que otro Guardia Real, así que descartaron este plan de inmediato. —Entonces, ¿así es como reclutan a soldados? —dijo Ark —. —Ni siquiera nos preguntan si queremos, qué desgraciados— Los dos son empujados por soldados hacia la formación general, en donde un Guardia Real, ubicado en una tarima, les habla. —Todos ustedes aquí presentes tienen el gran honor de ser parte del ejército de Ahet-Mit; por ende, los entrenaremos para que sean guerreros habilidosos y diestros en combate. Conocerán la grandeza de servir—. El tipo hablaba con autoridad y arrogancia—. Primero que nada, su estado físico tendrá que mejorar notoriamente; después entrenarán combate cuerpo a cuerpo con las armas que les daremos. Los que tengan habilidad con las oraciones podrán unirse al grupo de profetas del cuartel. Hoy iniciaremos con algo suave: recorreremos 20 kilómetros— La cara de los jóvenes lo decía todo. Veinte kilómetros podrían ser difíciles para algunos, incluso para Ark y Yuan, puesto que estos nunca se centraron en tener una buena resistencia, sino en la fuerza de sus brazos y piernas. Recorrieron todo el pueblo y sus veredas aledañas, bajo un sol que no perdonaba y unos oficiales que no colaboraban. El pelotón siempre estaba cansado y sudado; no había misericordia de nadie. Un joven cayó al suelo, extenuado y sin aliento. —Levántate, imbécil— le decían los oficiales—. —No puedo, señor— le respondió con todo su aliento restante—. Estoy muy cansado— —Recibirás un buen castigo apenas lleguemos al cuartel. Tú, llévalo— señala a un joven del pelotón—. Así continuaron hasta cumplir los 20 kilómetros, casi al borde del colapso. Ya en el cuartel los mandaron a comer al comedor, un espacio amplio, con paredes un poco sucias y suelo resplandeciente. Mucha gente se encontraba reunida; la fila para la comida era larga y la mayoría de las mesas se encontraban ocupadas. Un oficial mantenía vigilado aquel lugar. El señor que atendía el restaurante era un hombre serio, gordo, con el rostro maltratado por peleas; su mirada, siempre fría y penetrante, te hacía replantear tu existencia misma. Les pasaron un caldo muy espeso junto con un trozo de pan, carne y un vaso de tinto serrano. Se sentaron en una mesa donde había más hombres, puesto que en todos lados se encontraban las mesas ocupadas. Mientras comían, nadie decía nada: un silencio completo, solo el ruido de las cucharas azotando el plato y el masticar de los hombres. —Dios mío, esto sabe horrible; es preferible comer lo que te sirve Carmencita que esto— dijo Yuan—. Al acabar, entregaron los platos y volvieron al patio, donde se encontraban otra vez todos los jóvenes. —Todos ustedes estarán pensando: “¿Ya es momento de dormir, mi señor oficial?”. Pues les digo que no. Uno de los suyos no pudo completar el entrenamiento; por ende, ninguno de ustedes descansará hasta que él complete los 5 kilómetros que le faltan— Hubo un abucheo general. —Además de esto, cada uno de ustedes tendrá que hacer aseo a las letrinas del cuartel, así que muévanse— Todos empezaron a insultar a aquel pobre joven que, con fuerzas de flaqueza, se mantenía trotando todo el patio. Mientras tanto, los demás agarraron trapos y jabón para empezar la tarea más complicada del cuartel: limpiar el lugar de las inmundicias. Con mucha fuerza de voluntad, aquellos jóvenes limpiaron, con la nariz tapada, cada una de las letrinas, dejándolas totalmente limpias, como si fueran nuevas. Cuando volvieron, tuvieron la sorpresa de que aquel joven todavía seguía dando vueltas. —Dime, soldado, ¿qué no debes hacer?— —No debo caerme e insultar a mi oficial— —No te oigo— —No debo caerme e insultar a mi oficial— —¿Eres un…?— —Tonto idiota— —Ya vas aprendiendo. Todos ustedes esperen a que nuestro querido amigo acabe de completar otros 5 kilómetros— El inconformismo y el cansancio se podían observar en las caras de todos los jóvenes. —Qué pirobo ese man— dijo Yuan, cansado—. —Ah, tengo mucho sueño— replicó Ark—. Cuando el joven acababa de trotar, cayó al suelo, derrumbado, sin poder pararse. —Cárgalo y partamos a su habitación; será la única vez que les enseñaré el camino— Cuando llegaron, todos se aventaron a la cama dispuestos a descansar, puesto que eran las 12 de la noche. Pero un grupo de jóvenes, con rabia hacia aquel que los había jodido tanto, lo empezaron a insultar y a no dejarlo dormir. Algunos incluso empezaron a tirarle el fruto de su coquetería y pasión, otros cualquier clase de objetos que tuvieran a su disposición. La noche fue larga y hostil para aquel pobre sujeto. —Eres un imbécil. Idiota. ¿Cómo no vas a poder recorrer eso? Inepto, pulgoso, escoria de la vida. Si te pones faldita, no sospecharía que fueras hombre. Sería épico que te mataras. Miren a la princesita, ¡oh sí!— le decían—. —¡¿Qué es eso blanco?!— gritó el joven—. A las 5 de la mañana llegó el oficial para levantarlos y seguir con las rutinas de ejercicio. Todo era brutal y cansador, un entrenamiento fuerte y agotador. Algunos no lo aguantaban y hacían pasar al pelotón como el más ridículo del cuartel. Pero Ark y Yuan no se rindieron: el bosque de Lino Blanco no formaba débiles. Así transcurrieron dos meses. *** Una tarde, el oficial que le había quitado la espada a Ark se dirigía a paso apresurado, pero elegante, hacia la oficina del Guardia Real Sir Toper. Pocas veces había hablado con él, puesto que en Ahet-Mit las clases jerárquicas estaban bien marcadas. El camino hacia su oficina estaba bien decorado, con lámparas colgando en los corredores, cuadros de su familia y paredes muy bien adornadas. Todo esto fue por petición del Guardia, que era joven y ambicioso. Venía de una familia adinerada de la capital, muy cercana a la familia del Rey, era poderosa y próspera. —¿Qué es lo que quieres? —preguntó el Guardia con cierta repugnancia—. Espero que sea algo urgente, porque no pienso perder mi tiempo hablando con basuras como tú. —Señor, he encontrado algo que creo que le va a gustar —sus palabras eran de un respeto que se ganaba más por el miedo que por admiración—. Le muestra la espada. —No me muestres porquerías, hombr… —se queda mirando el símbolo de la espada—. Pásamela. El oficial se acerca y se la entrega. —Este logo… no creo que sea… —saca un libro de su biblioteca y lo abre—. No puede ser, no lo creo. —¿Qué pasa, mi señor? —¿Dónde la encontraste? —La tenía un muchacho que metimos a la fuerza al ejército por no tener papeles, nada especial. Le traje la espada porque está hecha de acero y es muy raro encontrar algo así, encima de que el logo le da un toque especial, podría ser de algún artesano antiguo. Sir Toper observaba con intensidad el arma en sus manos. —Vete, necesito estar a solas. —Sí, mi señor. El oficial se va, dejando a Sir Toper solo. Con voz sensual y coqueta, Sir Toper le habla a la espada: —Mira a quién tenemos aquí. Pocos libros en este Reino te nombran… la Espada del Fuego Eterno, perdida hace más de 200 años, empuñada solo por el grande, el único, el hombre que unió a todos los pueblos bajo un mismo reino, el tipo que murió en la gloria. —Sir Toper la acaricia—. Tan poderosa, tan elegante… mírate ahora, en mis manos. Se pone a observarla y mira el sello que tiene en la empuñadura. —Este es el grabado del creador. Se pone a agitarla y a jugar con ella. —¿Cómo hago para activarte? Y fue así como el Guardia Real conoció la majestuosidad de la que Ark disponía. Todas las mañanas se encerraba en su oficina y leía todos los libros relacionados con ella, que contaba en la biblioteca. Se había enamorado de un arma sensual, linda y admirable, poderosa y deseable, inquietante, perfectamente hecha, todo lo que un hombre podía desear de una mujer. Porque sí. así la empezó a ver Sir Toper, no lo culpo. Yo también me hubiera puesto así si la tuviera en mis manos. —Con que gracias a ti el señor Goten pudo calentarse atravesando las altas montañas del centro del país… pero ¿cómo lo hacía? ¿Cuál era su secreto? ¿Que tenía él para que la espada lo respaldara? En su escritorio había libros regados por doquier. —A ver, a ver… ja. También estuviste en la conquista noro-occidental de Mercon y en la expansión hacia el noreste. Sin duda, solo tu presencia hace estremecer a cualquiera. Eres tan sensual… —Sir Toper mira su arma con ojos de lujuria—. Incluso hay escritos que dicen que estás bendecida con un ángel femenino que aumenta el poder del portador. —Suspira—. Si tan solo me mostraras más de ti, si tan solo te desnudaras y me dejaras tomar todo tu poder, sería el hombre más feliz y poderoso de Ahet. «Claro que no. El creador dijo que debía entregar mi corazón solo al elegido, y él es ese tonto de Ark», habló una chica con un rostro tan hermoso como te lo pudieras imaginar. Su cabello era largo y de color naranja, sus curvas prácticamente perfectas, al igual que sus senos. Su vestido era blanco y sagrado. Sus muslos carnosos producían ganas de morder y babear encima de él. Ella era la voz de la espada, aunque Sir Toper no la podía escuchar. —Si fueras una mujer de verdad, seguro estarías enamorada de mí. Qué lástima que solo eres un simple objeto. «Estúpido». En las tardes, antes de que el sol se ocultara, Sir Toper salía de sus aposentos a practicar con dicha arma. Según él, esta era la forma para poder hacerse uno con ella. Necesitaba que la espada lo reconociera y lo viera como su amigo, ya que según escritos, la espada era capaz de rechazar a su portador. Alguien tuvo que haber sido el estupido que no reconoció su poder y la hizo de menos o el portador simplemente no era digno de portarla. El no quería pasar por eso, deseaba demostrar porque él era digno de ser el líder de su familia cuando su padre muriera y que mejor manera que dominar una de las armas que ayudó a forjar este reino. Fue en una de esas tardes cuando el pelotón donde estaba Ark pasó cerca de él y lo vio moviéndose con mucha velocidad, atacando con rapidez a oficiales que entrenaban con él. Uno a uno caían sin representar mucho problema para Sir Toper. —Señor, usted es demasiado fuerte para nosotros. ¿No cree que ya la espada lo eligió? —dijo un oficial adolorido por sus golpes.— —No seas imbécil. Esta espada es mil veces más poderosa; esto no es nada comparado con su verdadero poder. Los jóvenes, cansados después de una rutina de ejercicio pesado, se pusieron a observar al Guardia Real y su entrenamiento. —¿Quién es ese? —preguntó Yuan. —Es Sir Toper, el encargado de este cuartel —dijo Cristopher, el joven que condenó al pelotón a ser lo peor del cuartel, el tipo que los había hecho dormir a medianoche el primer día de entrenamiento—. Un joven que no sobrepasa los 25, muy aclamado por las doncellas de la capital. Su familia, los Hutspot, es una de las más poderosas y adineradas del reino, muy cercana al Rey; dueños de las compañías pesqueras de The Uty, además de que controlan las vías hacia el sur del Reino. —Ah, alguien con suerte. Y mira, Ark, tiene tu espada. No entiendo por qué entrenaría con esa cosa que le quitaste a un bandido. Ark mira y la observa. —Vamos, sé que puedo despertar el poder de esta espada. Yo sé que me amas —dijo Sir Toper. «Ah, ahí está Ark. Creo que ya es momento de que sepa qué clase de damisela va a poseer». En ese instante, el grabado del creador empieza a brillar y la espada comienza a ser recubierta por fuego. —¡Sí, sí! —decía Sir Toper—. ¡Lo logré, el poder es mío! En ese instante, Sir Toper, de un golpe, suelta una gran llamarada de fuego; de otro, rompe la armadura de Son-Ru (el material más fuerte forjado en el Reino). Su poder era tanto que la tierra del suelo empieza a quebrarse y el fuego brota de ella. Todo el poder lo cubría a él y a la espada; todo el cuartel podía presenciar su grandeza. —Mira qué poderoso es Sir Toper. Con cualquier arma la puede convertir en destrucción total —dijo Cristopher. —Sí… eso veo —contestó Ark con cierta tristeza, pues él sabía que ese tremendo poder jamás lo iba a poseer. Había sido un tonto al creer que lo que había visto fuera real o para él. —Vamos a descansar, ya completamos lo que se nos impuso —dijo Yuan. Los tres se retiraron hacia las habitaciones del cuartel. «¿Por qué se ve tan triste? ¿Acaso no le gustó mi poder? Hmph, que se vaya. Al final de cuentas, ni siquiera me valoró cuando me entregué a él. ¿Y tú qué? ¿Sigues creyendo que este poder te pertenece? Pues ya basta, no estoy de humor para esto. A quien debo asombrar ni siquiera me voltea a mirar». La espada dejó de brillar y su poder menguó. —Ya veo, todavía no puedo mantenerla funcionando. Me falta estudiarla un poco más.— Asintió— Con esta espada opacaré todo el que vaya en contra de la realeza, escalare dentro de la nobleza como el gran guerrero prometido, seré el más fuerte de los Guardias y solo así el Rey me pondrá como jefe del ejército —alza la espada hacia arriba—. «¿Qué haces, idiota? No te voy a mostrar mis panties». La chica se cubre su entrepierna. *** Después de unos meses de entrenamiento físico, los jóvenes ya tenían más músculos y se veían con más optimismo, su autoestima había aumentado y se creían los hombres más fuertes del mundo. Es la maravilla de ver los resultados del ejercicio. Incluso Ark y Yuan se sentían bien consigo mismos, el sufrimiento y cansancio de sus músculos, no había sido en vano. Todas las flexiones, las sentadillas, las caminatas sin descanso, todo valió la pena. Incluso cuando Cristopher los condenó de nuevo a una noche de perros. Ese tipo no podía mantener callada su lengua, cada rato maldecía a sus superiores. Nadie le ponía cuidado ni atención, solo los tontos de Ark y Yuan que el día después de la primera noche se les dio por hablar con él, al principio también lo querían insultar, pero Ark al ver lo que le habían hecho, abogo por él para que Yuan no lo golpeara, después de eso el chico jamás se les despego, iba con ellos a todas partes, comían juntos, dormían cerca, incluso los demás integrantes del pelotón corrieron un rumor de que los tres se escapaban par hacer un trío en los baños. La gente del ejército es rara. Cuando veas a uno no lo mires a los ojos y solo corre de ellos. Pero no nos distraigamos de la historia. La cuestión es que un día cuando habían acabado un entrenamiento duro Cristopher dijo sin medir la fuerza de sus palabras; —Ojala el general me chupe las bolas después de esto, solo así valdrá la pena tanto ejercicio— Ark y Yuan asintieron sin entender lo que Cristopher había dicho, —Si…. ¿Espera que?— Ya era muy tarde, un oficial los había escuchado y los reprendió en el mismo instante — Ustedes tres, malditos maleducados, quítense la ropa y demen 50, lo mismo para todo el pelotón— La cara de los demás era…. bueno, ustedes lo comprenderán, una combinación de rabia, frustración, cansancio y sed de venganza . —Y eso no será todo, van a darle las vueltas a todo el cuartel gritando “No tengo huevas pa complacer a mi vieja” y no pararan hasta que yo lo diga— No crean que la humillación llegó hasta aquí, también los hicieron correr por todo el pueblo de Zetex, pasando pena a un nivel mayor, porque los oficiales y demás soldados ajenos al pelotón, tenían la orden de que con un cinturón, les golpearan su trasero. Fuera de eso, la noche de aquel día, fue por mucho, la peor que hayan pasado Ark y Yuan. No pudieron dormir, les aventaban cosas, los golpeaban sin que pudieran hacer nada, incluso algunos vomitaban en unos recipientes y se los arrojaban en el rostro. No fue nada lindo. Pero dejemos todo eso atrás, ahora ya tenían músculos y estaban en su mejor momento. Cristopher ya había aprendido la lección y Ark y Yuan no se juntaban con él en los entrenamientos. Todos estaban reunidos en el patio del cuartel. —Han pasado la primera etapa de su entrenamiento, ahora tendrán su práctica con la esgrima; los convertiremos en máquinas asesinas —dijo el oficial en la tarima—. Todos los jóvenes dieron un grito de alegría. Todos ellos mostraban su espíritu de combate; en cambio, Ark y Yuan solo estaban deseando salir de este lugar. La primera clase la instruyó un hombre alto y fornido. No tenía armadura, pero se podía observar que era ágil; los estampados en su traje reflejaban los méritos militares que se había ganado. —Buenos días, yo soy Lean Yenus, el gran espadachín de Zetex. Ustedes, a partir de hoy y los próximos meses, serán entrenados bajo mi criterio —estira su mano y señala a alguien—. Tú, dime qué sabes de la esgrima. Cristopher, que había estado relajado sin prestarle atención, ahora se pone tenso y nervioso. —Eh… la esgrima es algo muy bonito que nos enseña a valorar la vida. —¿Pero qué mierda de respuesta fue esa? Todo el pelotón, 50 flexiones de pecho, ¡ya! Todo el pelotón murmura entre ellos, probablemente maldiciendo a Cristopher. —Perdón —dijo él—. Cuando acabaron de hacer las 50 flexiones, Lean retoma la palabra: —La esgrima tiene muchos estilos, cada uno con sus estructuras y bases. Puedes ser un animal salvaje que solo ataca, puedes ser un cobarde que solo defiende, puedes ser un maldito asesino que solo acecha en las sombras, como dice mi chiquita princesa —empuña su espada sin sacarla de su vaina—. Puedes hacer con ella lo que tú quieras, pero hoy harán lo que yo les digo, así que les enseñaré solo a atacar. Un chico alzó la mano. —¿Por qué también no nos enseña el arte del bloqueo y el contraataque? —Porque eso es solo para cobardes. Si puedes atacar o hacer alguna jugada sucia en el proceso y matas a tu oponente primero, no tendrás la necesidad de defenderse de sus ataques. Aunque claro está, que si ustedes saben atacar, también sabrán cómo defenderse de esos ataques. Y así inició el entrenamiento del pelotón. Claramente, este modelo de entrenamiento generaría desbalances para un combatiente: solo atacar sin saber cómo defenderse correctamente solo proporcionará la muerte en un combate donde te acechen. Se necesitaba un balance entre todas las técnicas; un espadachín completo dominaría cada técnica por igual. Aunque también tenía sentido lo que Lean decía: en una batalla real, lo más probable es que tu enemigo esté abrumado por la conmoción del momento y puedas aprovechar esto para hacer un ataque veloz sin darle tiempo de reaccionar. “Pero bueno, esto parece basado en el estilo de Raen, porque claramente él no sabe defenderse correctamente, tanto así que Yuan tuvo que intervenir para que no muriera.” Pensó Ark. “ Supongo que fue aquí que su hermano aprendió lo básico para luego enseñarle a él” Sin duda, esta manera de pelear solo daba para dos cosas: la primera, abrumar a tu contrincante sin darle tiempo de pensar; y la segunda, utilizar a estos hombres como carne de cañón con la esperanza de que al menos se lleven a uno con ellos. Los primeros días solo fueron practicar posturas y corregir errores. Después, cuando ya dominaban las posturas, empezaron a batirse en duelo unos con otros con espadas reales, así que sí había sangre en los patios de entrenamiento, mucha para ser solo entrenamiento. Había días que incluso parecía un campo de batalla. También les enseñaron uno que otro truco para obtener ventaja en el campo de batalla. Claramente, estos hombres no sabían qué era luchar con honor. Una de estas tácticas era muy típica: rociar arena o alguna cosa en la vista de tu oponente para así poder atacar sin que pudiera defenderse. Otras ya eran muy específicas, como quitarle la muleta a una abuela para que se cayera en medio de la calle, generando confusión, y utilizar esa misma muleta como distracción arrojándola hacia tu oponente para luego realizar un ataque de verdad con tu espada. Esto parecía más anécdotas que estrategias por parte de Lean. Yuan destacó entre los demás. Su fuerza bruta hacía que su espada fuera más como un martillo que golpeaba algo lindo y delicado. Su rudeza era bastante; incluso cuando no podía bloquear un golpe, utilizaba alguna parte de su cuerpo como escudo. Sacrificaba su cuerpo con tal de ganar, lo cual hizo que se ganara el respeto de Lean, que observaba cada duelo para dar su opinión. —Esa es la esencia de la esgrima: atacar sin piedad a tu enemigo. No importa que una parte de tu cuerpo sea dañada en el proceso, tienes futuro, hijo —dijo Lean—. Vas a ser un buen soldado; incluso podrías llegar a ser oficial. Ark, en cambio, era ágil con sus pies y veloz con sus ataques. Aunque claro, si su enemigo era quien tomaba el ritmo en el combate, fácilmente podría ser derrotado. Los rivales con los que Ark se enfrentaba casi no tenían posibilidad contra él; sus ataques eran mucho más rápidos de lo que ellos podían imaginar. Una técnica refinada y precisa, con la intención de asesinar a su oponente con un solo golpe. Lean vio esto y se intrigó. —Bien, amigo, tu técnica es rápida y refinada. Dime, chico, ¿alguna vez fuiste cazador? En tus movimientos con los pies se nota que estás desesperado por acabar rápido con tu presa y huir del lugar. —Sí, estuve sobreviviendo en Lino Blanco la mayor parte de mi vida. Huí del lugar por una mejor vida. —Genial. Lino Blanco siempre ha sido un filtro para alguien que quiera ser grande. A veces, cuando quieres graduarte como Guardia Real, te mandan ahí para que sobrevivas un mes entero. No he tenido la oportunidad de estar ahí, pero muchos de mis compañeros han muerto defendiendo una caravana de comerciantes que va hacia ese pueblo que hay ahí. Sabes qué, batámonos en duelo: quiero mirar qué tan bueno es alguien que se crió en un lugar así. En aquella tarde, Sir Toper observaba la Espada en su oficina. La acariciaba con amor. —«Oye, ¿qué haces? Solo el elegido tiene permiso de tocarme. Hmph. Si me dejo tocar de todos, van a decir que solo soy una cualquiera»— La espada se enciende y quema los dedos de Sir Toper. —Sí que eres arisca, ¿eh? Pero estoy avanzando en saber cómo funcionas; en cualquier momento podré dominarte y serás toda mía. Con cara de enojo y brazos cruzados entre sí, la chica sigue reprochando: —«Soy una chica que solo pocos llegan a dominar, y tú no estás entre ellos.» Sir Toper comienza a abrazar la espada. —Tú eres toda mía, señorita del fuego divino— —Suéltame, estúpido— Aquella escena fue interrumpida por un oficial. —Señor, le llegó una carta del Rey —se la extiende—. Sir Toper suelta la espada, un poco avergonzado. Habían interrumpido su intimidad. —¿No te he dicho que primero debes tocar la puerta antes de entrar? —le grita—. —Lo siento, señor— Sir Toper toma la carta sin vacilar y la lee en su mente: “Joven Sir Toper, es necesario, por su cercanía al camino de ascenso a la capital, que dirija a un pelotón de hombres a exterminar un grupo de tigres alterados con magia. Sus colmillos son muy valiosos para nosotros y necesito que los traiga hacia mí. Espero obtener lo que pido rápidamente. Posdata: Son muy peligrosos.” Con cierto mal genio leyó esto, puesto que sentía que él era demasiado para hacer este tipo de misiones insignificantes. Su ego lo dominaba más que cualquier emoción que lograra sentir. —Alista un pelotón para partir mañana —dijo Sir Toper, resentido—. —Sí, mi señor— Antes de que el oficial saliera, le dice: —Procura que sean novatos para que vayan aprendiendo sobre todo esto— —Le tengo el grupo listo, mi Sir— El oficial sale de la oficina y Sir Toper vuelve a tomar la espada. —Este es el momento perfecto para observar si puedo dominar tu poder— —«Este es el momento perfecto para que te mueras. Si no puedo estar con Ark, prefiero estar encerrada en una cueva oscura sin nadie a mi alrededor»— De vuelta en el patio, se estaba dando un duelo muy grato de ver —Vamos, pelea. Creí que eras más fuerte, solo eres un débil sin honor ni gloria —le decía Lean con cada estocada de su espada—. Todos los del pelotón estaban viendo el duelo entre su profesor y un alumno cualquiera. Ark solo se resignaba; no quería ganar, pues su plan era demostrar que no era lo suficiente para estar en el ejército. Cuando Ark cae al suelo por un golpe de Lean, aparece el oficial. —Señores, es momento de que prueben todo lo que han aprendido en su entrenamiento. Mañana saldremos a la batalla, así que alisten todo lo necesario— —Al fin llegó el momento —dijo Lean—. Voltea a ver a Ark y lo mira con desprecio—. Si sigues así, serás el primero en morir en esta misión. No te contengas, sé que lo puedes hacer mejor— Al parecer, Lean sabía del talento de Ark y que él no lo quiso utilizar completamente. Ark se levanta y va donde Yuan y Cristopher. —Qué paliza te dieron —dijo Cristopher—. Se nota que sí es el instructor— —Sí, se ve que es fuerte —contestó Ark—. *** A la mañana siguiente, todos estaban reunidos con bolsos tácticos a sus espaldas en el patio del cuartel. Eran unos 100 jóvenes listos para lo que sea a lo que los fueran a mandar. Sir Toper se encontraba en el segundo piso, en un edificio al frente del cuartel. Todos murmuraban entre ellos, ¿quién no? La primera misión que les tocaba como miembros del ejército real sería comandada por el jefe del Cuartel de Zetex. Claramente era para estar feliz, ¿no? Dabas tus primeros pasos acompañado de alguien grande. Con autoridad los miró y les habló: —Soldados de nuestro glorioso ejército, regocíjense porque hoy saldrán por primera vez a defender su nación. Hoy saldremos a buscar a aquellos que osaron atemorizar a nuestra gente. Hoy pelearemos con lo que nunca debió existir. Hoy ustedes dejarán de ser niños y se convertirán en hombres. Las palabras del Guardia Real contagiaron de emoción a todos, que gritaron a todo pulmón. —Mi asistente les dirá todo lo que necesitan saber. El oficial empezó a dar las instrucciones. —Formarán grupos de a cuatro integrantes para que pasen las noches en tiendas; será una cobija por grupo... Ark y Yuan dejaron de poner atención. —Al fin podremos escaparnos de estos manes —dijo Yuan sin que lo escucharan—. —Por lo que parece, tendremos que buscar a unos animales, lo que significa que iremos a un bosque o pradera, así que tendremos ventaja al sabernos mover en ese entorno. Será fácil burlarlos, esto es pan comido. —¿Eso quiere decir fácil o difícil? Con lo complicado que es comer pan en este lugar. Al cabo de un rato, el pelotón partió del lugar. Todo el día estuvieron caminando por el camino que los conducía a la capital. Justo cuando el sol empezaba a ocultarse, llegaron a la zona de ascenso hacia las montañas. Ahí el oficial dio la orden de alistar el campamento. —Alisten todo, señores, es momento de descansar. Cristopher, que se encontraba muy cansado, se derrumbó. —Por fin, mis piernas ya no podían más. Este tipo claramente no había nacido para ser soldado ni algún guerrero, menos para aventurero. Parecía ser un vago que encontraron por ahí y se lo llevaron solo para decir que había buenos números en el ejército. —Ayúdame a alistar el campamento, Yuan —dijo Ark, sacando unas varas de su bolso—. Cristopher se paró y les ayudó. En un par de patadas ya tenían todo hecho. Aunque no era muy bueno en todo, Cristopher mínimo colaboraba en cualquier cosa, vagamente, pero al menos ayudaba, y eso era algo. —Uy, esto está muy pequeño, tendremos que dormir muy juntos —habló Cristopher—. —¡¿Qué?! Esto no puede ser —dijo Kareli, la muchacha que añadieron al grupo—. No dormiré tan pegada a ustedes, chicos mugrosos. —Qué suerte tengo, dormiré al lado de una chica —dijo Yuan riendo—. Kareli se sonrojó y volteó la cara. Ark sacó del bolso de Yuan un trozo de carne y un pedernal. —Kareli, ve y trae algunas ramas para la fogata. —¿Desde cuándo eres el jefe del grupo? —contestó furiosa—. —Desde siempre. Kareli se fue y obedeció. Ella era una muchacha a la que la gracia femenina no le colaboró demasiado; un poco seca en todas partes. Su cabello era largo y de color grisáceo, un poco descuidado por el trato del ejército. El rostro era lo más rescatable, puesto que era lo más hermoso de ella. Cuando Kareli trajo las ramas, Ark prendió rápidamente la fogata y empezó a asar la carne. Con la carne ya lista, la repartió entre los cuatro. —Vaya, está muy rica —dijo Cristopher, deleitándose a grandes mordiscos—. —Dale las gracias a Yuan, él sabe asar muy bien la carne —contestó Ark—. —No es por nada, pero sé cocinar muy bien —dijo Yuan—. —Oigan, chicos, no hemos tenido la oportunidad de conocernos muy bien por el tema de los entrenamientos y esas cosas, pero me gustaría saber más de ustedes. Digo, vamos a estar en el pelotón mínimo dos años, no haría mal conocer gente en ese tiempo —dijo Cristopher—. Kareli fue la primera en responder: —Soy hija de un padre mercenario y una madre pescadora. Cristopher y Kareli miraron a Ark y a Yuan. —Yo soy Ark, no sé quiénes son mis padres. Yuan respondió lo mismo. —Uy, a ustedes la vida no los trató bien que digamos. ¿Por qué se unieron al ejército? —continuó Cristopher con su interrogatorio—. —No teníamos algo que ellos llamaron papeles y nos metieron a la fuerza. —Ya veo. A mí fue porque me pillaron garabateando una pared pública. No me arrepiento de haberlo hecho. —Yo no tenía más opción que entrar. Mi madre murió y mi padre se volvió alcohólico tras no poder superar su muerte. Necesitaba ganarme la vida y me metí aquí. Después de eso nadie siguió hablando. Cuando acabaron de comer, los cuatro se metieron en la tienda. No era muy amplia; de hecho, iban a dormir bastante apretados. Si alguno de los cuatro tenía un sueño erótico, los demás lo iban a sentir… Esto iba a ser incómodo para Kareli, que lo expresó apenas vio el lugar. —Yo no puedo dormir así, esto va a ser perverso. —Ya entra, que nadie te va a hacer nada —contestó Ark—. Kareli, con cara de vergüenza, entró y se ubicó a un lado de Cristopher. Los dos podían sentir cada parte de su cuerpo. —Lástima que eres tan plana, sería una dicha sentir unos senos apretando mis brazos. Kareli se sonrojó y le dio una cachetada. —Cállate, idiota. El día siguiente llegó y Sir Toper habló con todos ellos. —Muchachos, buenos días para todos. Sir Toper se veía resplandeciente. Su armadura color vino tinto brillaba bajo la luz del sol, su cabello ondeaba con el viento y su sonrisa cálida brindaba confianza entre las personas. —Ay, pero qué hermoso es Sir Toper —dijo Kareli con las manos en el rostro—. Sir Toper la miró con indiferencia y continuó: —Cada grupo de ustedes buscará en los alrededores de esta zona unos tigres que fueron alterados mágicamente; son un poco peligrosos, así que tengan cuidado. Los líderes tendrán que reportar lo que haya sucedido con lujo de detalle. “Manada de inservibles”, pensaba Sir Toper antes de salir del lugar. Para él, todo el que no fuera un Guardia Real no merecía de su tiempo ni sus palabras, fue por esta misma razón que el gran general del ejército real, lo mandó a que comandara el cuartel de Zetex, él necesitaba experiencia en manejar soldados. —Claro que sí, mi amor, yo te busco lo que sea —dijo Kareli—. —Ya deja la tontería y vámonos —contestó Ark, jalandola de un brazo—. —Pero qué chulada, hazme tuya, por favor —decía mientras era arrastrada—. Toda la tarde estuvieron buscando en la parte rocosa de la montaña sin poder ver ni escuchar ningún tigre o algo por el estilo. Solo estaba presente el ruido del pueblo y uno que otro hombre a caballo que iba hacia la capital. —Por aquí no hay nada —repuso Kareli—. Está aburrido, es mucho más interesante pelear contra peces en The Uty con mi familia. —Miremos el lado bueno, no tendremos que pelear contra monstruos —habló Cristopher, relajado—. El sol empezaba a ocultarse en la lejanía. Ellos estaban a unos cuantos metros de altura, pues tuvieron que escalar un tramo de la montaña. Este lugar tenía una vista hermosa; incluso podías observar el pueblo de Zetex desde allí; este no era muy grande, más bien parecía una manada de casas que parecían hormigas en el suelo. Las praderas verdes mostraban un poco de su esplendor, más no todo, algunos árboles tapaban la majestuosa vista, pues había una arboleda rodeando todo el macizo montañoso que protegía la capital del reino. —La noche ya va a caer, será mejor que nos devolvamos al campamento —dijo Ark—. —Oye, ¿y tú qué hacías antes de entrar al ejército? Solo nos dijiste que no tenías madre ni padre, y yo sí dije hasta de qué trabajaban ellos. Mínimo toca igualar la balanza con información, ¿no? —preguntó Kareli—. Ark suspiró. —Soy un cazador de Lino Blanco. —Oh —contestó sorprendida—. Con que eres de ahí… Mi padre me contó mucho sobre ese lugar. Dijo que era tenebroso y peligroso, pero al parecer es mentira. Mírate, te ves muy debilucho. Si nos batiéramos en duelo, yo tendría las de ganar en todo momento. Ella puso los brazos en jarra, adoptando una posición de arrogancia. —Tonta. —¿Oye, qué dijiste? Pude escucharte. Si tienes un problema… Ark dejó de prestarle atención. Ahora estaba observando a Yuan, que tenía la vista perdida mirando los árboles. Ark se le acercó para preguntarle qué estaba observando. Yuan le dio un codazo cuando lo sintió cerca. —Mira —le señaló con el dedo un muro de humo que iba subiendo rápidamente—. —El campamento… Ark salió corriendo, y detrás de él estaban los otros, intentando seguir su ritmo. —¿Qué pasa? —preguntaban, pero Ark solo seguía corriendo. —Los demás…. Deben estar peleando o algo por el estilo— Contesto un poco fatigado. Al parecer, a Ark sí le importaban las personas… ¿o por qué estaba corriendo tan desesperadamente hacia el campamento? Fácilmente podría escapar ahora que todo estaba en caos, pero ese no era el motivo. Que se jodieran las personas de este reino. Lo que a él le importaba era recuperar la espada. No sabía por qué, pero sentía que no podía dejar esa arma en manos de cualquiera. Las palabras que había escuchado en el cielo habían hecho eco a través de su alma. Un impulso que nunca antes había sentido lo consumía. No sabía por qué, pero ahí estaba, empujándolo a que recuperase lo que se le había dado. Cuando llegaron, vieron caos y desgracia. Algunas tiendas estaban quemadas; había manos y piernas regadas por el campamento. De la nada, Ark fue embestido por un tigre que deseaba con grandes ansias probar su carne. Ark forcejeó con él, pero fue en vano. Los dientes del tigre, que brillaban de un color parecido a la perla de amatista, se acercaban cada vez más a su rostro. Fue gracias a Yuan que, de un golpe con el mazo que el ejército le había dado, logró salvar a Ark. Yuan le dio la mano y lo ayudó a levantarse. Ark desenvainó una espada y se dirigió rápidamente hacia un tigre que se estaba comiendo vivo a un soldado. Degolló al tigre en un instante. —¿Estás bien? —se agachó a revisarlo, pero se percató de que ya era demasiado tarde, y el soldado dio su último suspiro—. Ark entonces lo dejó y siguió con el deber que se le había impuesto: tomar nuevamente la espada. Sus golpes eran limpios y precisos, no necesitando más de dos para acabar con cualquier tigre. Mientras tanto, Yuan se la pasó reventando cráneos y aplastando cuerpos; se podía escuchar el gemir de los tigres con cada golpe devastador de su mazo. Un tigre intentó abalanzarse con todo hacia Yuan, pero este puso su mazo de por medio, haciendo que el tigre lo mordiera. La fuerza de sus dientes incrementó drásticamente, empezando a tornarse más brillante el color de sus colmillos, al igual que su columna vertebral y sus garras. Poco a poco, el mazo de Yuan se iba lacrando hasta que ya no pudo resistir más y el hierro se rompió en pedazos. El tigre cayó a unos metros de Yuan, quien, con total rapidez, se abalanzó contra él, logrando sostener su cuello y, poco a poco, lo fue ahogando hasta la muerte. Cristopher y Kareli estaban peleando juntos. Ellos sabían que sus fuerzas no iban a bastar para derrotarlos por separado, así que mientras uno bloqueaba los ataques del tigre, el otro se encargaba de darle el golpe mortal. Entre más tiempo pasaba, más fuertes se hacían los tigres, puesto que al probar la sangre su poder aumentaba. Fue tanta la masacre que el propio Sir Toper se encontraba luchando con la Espada del Fuego Eterno. Esta no reaccionaba a su empuñado, pero aun así la habilidad del Guardia Real con las armas causaba grandes bajas entre los tigres. A las 8 de la noche cayó el último tigre. De los 100 jóvenes que habían sido entrenados, solo el grupo de Ark y tres más habían sobrevivido. Había muerto el oficial que los entrenó, pero todavía se encontraban vivos el Guardia, su oficial de confianza y otro oficial más. —Los que quedaron, muevan el campamento 100 metros a la derecha. No vaya a ser que la pudrición de estos cadáveres nos consuma. Cuando acaben, traten sus heridas y luego váyanse a dormir. Mañana les diré qué más hacer. Ark y Yuan no se encontraban heridos, pero sí cubiertos de sangre ya coagulada y, encima de eso, estaban sudados. —Huelo horrible. ¿Será que se nos permitirá bañarnos? —dijo Yuan. —Yo creo que sí. Saca un poco de agua para los cuatro —contestó Ark cargando una caja—. Pero eso será después; por ahora movamos el campamento. Los dos se esforzaron en organizar lo que había quedado del campamento, con el cansancio de la batalla ahogándolos en cada respiración. Fue una tarea complicada. —Con esta poca agua no nos alcanzará para lavar la ropa, solo será para limpiarnos —dijo Kareli preocupada. —Se duerme sin ropa —contestó Yuan alegre. —¡ESO NUNCA! —gritó Kareli. —Sí, apoyo la idea —dijo Cristopher. —Eso no es posible, Ark, di algo. —Dormiremos sin ropa. —¡¿Qué?! —Pero cada uno en tiendas diferentes. Hay muchas tiendas que quedaron desocupadas. —Eso está bien, me gusta la idea, al fin un poco de privacidad —contestó Kareli más relajada. Con las tiendas ya puestas y cada uno limpio, se fueron a dormir. Al siguiente día, Sir Toper los despertó a todos a las 6 de la mañana. —Soldados, sé que la masacre de anoche fue devastadora y desmoralizante, pero ya estamos en la recta final. Solo les pido un poco más de su fuerza. Es necesario que a cada tigre se le quiten los colmillos para traerlos de vuelta a Zetex. Háganlo no por mí, sino por su Reino. Con estas palabras alentó de gran manera a los soldados restantes, pero a Yuan y Ark este hombre les generaba mala espina. Los dos se fueron caminando aparte de los demás. —¿Para qué necesitarán los colmillos? —preguntó Yuan mientras se los quitaba a un tigre. —Quién sabe, pero me imagino que será para algo de magia. Se ven muy poderosos —respondió Ark, a un lado de Yuan, quitando los colmillos. —Sabes, no entiendo por qué no huimos ayer cuando todo estaba en caos. —Yo tampoco lo sé. Solo corrí hacia el campamento sin ningún motivo aparente. Los cadáveres tanto de los soldados como de los tigres empezaron a atraer moscas y buitres. Poco a poco el ambiente empezaba a volverse nauseabundo y muy desagradable. —Ay, qué porquería de olor —decía Kareli con las manos en la nariz—. Esto huele peor que tú, Cristopher. —Es lo que tu noviecito nos pone a hacer. Sujeta la cabeza mientras le arranco los colmillos. Con rostro de desagrado, Kareli lo hace. —¿Chicos, ya acabaron? —les gritó Ark. —Nos falta uno —le contestó Cristopher. —Los esperamos en el campamento. Ya todos habían acabado, dejando los colmillos en unas bolsitas de piel al lado de la fogata principal del campamento. En ese momento, Sir Toper sale de su tienda y va hacia donde están los colmillos. —Con que esto es lo que necesitas, mi rey —dijo en voz baja, casi imperceptible—. Se ve poderoso, espero que me recompenses muy bien. Merodrak, ven aquí. Necesito que hagas algo... Todos los soldados sobrevivientes se encontraban celebrando al lado de las tiendas de Ark y Yuan. Estaban riendo, disfrutando, gozando de haber sido aquellos pocos que podrían contarle una historia a sus nietos. Pero la alegría no duró mucho: sin previo aviso, los oficiales llegaron y, con gran habilidad, dejaron a los siete soldados inmovilizados. El poder eléctrico de Merodrak los había dejado paralizados, mientras que el otro oficial los iba amarrando. —¿Qué pasa? ¿Qué sucede? —preguntaba Ark intrigado. Un golpe lo dejó callado. —Cállate, basura —dijo Merodrak. —¿Qué te dijo Sir Toper que les hagamos? —preguntó el otro oficial. —Que los matemos. Nadie debe saber de los colmillos. —¿A la chica también? —No, a ella la dejaremos viva para estar con ella más rato... Kareli se estremece tras escuchar esas sucias declaraciones que cualquier hombre repugnante haría. “A ve, María, ombe… ¿cuándo será la vez que nos dejen disfrutar de algo tranquilamente?”, pensó Ark. “Yuan, colabórame en esto. Sé que sabes lo que debemos hacer en estos casos; lo practicamos bastante en el bosque”. Yuan lo voltea a mirar con aquella vista de cómplice que tiene un plan bajo la manga. “Lo sabía, jaja. Recuérdame comprarte pan después de esto”. Yuan, con su fuerza, logra liberarse del corrientazo eléctrico y ataca a Merodrak, inhabilitando su poder por unos instantes, suficientes para que Ark pueda atacar al oficial que apenas lo estaba amarrando. Con su espada desenvainada, se pone en posición de combate al lado de Yuan, mientras que los dos oficiales se encuentran en lo mismo. —Buena esa —dice Ark. —Lo practicamos mucho en Lino Blanco. Eran el mejor dúo que pudiera haber en este reino. Cada uno se complementaba muy bien y sabían qué hacer en cualquier situación adversa. —Qué incompetente eres, Merodrak. Ni siquiera puedes matar a un par de inútiles —Sir Toper sale de su tienda—. Te mostraré cómo se hace. Sir Toper desenvaina la Espada del Fuego Divino y se acerca lentamente a Ark y Yuan. Estos se ponen en posición de combate, listos para cualquier movimiento. —Ni siquiera se molesten en defenderse. El que empuñe esta espada siempre tendrá las de ganar. Tanto es su poder que el mismo rey Agamayok le temía. Ni siquiera yo he podido dominarla al cien por ciento. Deben sentirse orgullosos de morir bajo el filo de esta cosa. —«¡¿Qué estás haciendo?! No voy a lastimar a quien es dueño de mi corazón. Estás bien estúpido» La espada empieza a brillar como la vez en la que estaban en el campo de entrenamiento. —Sí, observen su poder. ¡Espada del Fuego Eterno, dame toda tu fuerza! —Sir Toper apunta la espada hacia el cielo para que vean su gloría y luego vuelve a su posición original para iniciar el ataque. Pero cuando Sir Toper blande la espada para atacar a Ark, quien logra esquivar el primer golpe, la espada empieza a moverse con tanta fuerza que Sir Toper no puede controlarla y sale de sus manos hacia Ark, quien la tomó entre las suyas. —«¡Ah! Qué manos tan suaves.» Este gemido hizo que Ark mirara hacia la dirección de la espada. Al parecer, él sí podía escucharla. —«¿Por qué me miras así? ¿No te acuerdas de que soy la voz que te habló en el cielo? Qué falta de memoria tienes. Bueno, ¿qué esperas? Suelta esa porquería de espada que tienes en la mano derecha y empúñame con amor y valor, tu amada te está esperando.» Ark simplemente obedece: suelta la espada que tenía en la mano derecha y empuña la espada con esa mano, pues era su dominante. “La espada me rechazó…”, pensó Sir Toper al ver que la espada sí funcionaba con Ark de manera simple. —Esto es imposible. ¿Por qué la espada eligió a un don nadie como tú? Alguien que ni siquiera puede comprender su majestuosidad. Tú no eres nadie comparado conmigo. Sir Toper se sentía humillado, dolido, avergonzado. En su pequeña mente no era posible que un don nadie fuera más importante para la espada que él. Tales sentimientos de impotencia, los utilizo para desatar toda su ira. —Si yo no la puedo tener, nadie más lo hará —desenvaina su hacha de batalla y se llena de un aura blanca a su alrededor—. —«Bueno, al parecer sí se ve poderoso, pero vamos… tú debes saber controlar mi poder, ¿cierto?»— Habló una hermosa voz a través de la espada— —Creo que no, pero ahí miro cómo lo hago. —¡¿Qué?! ¡Espera idiota! Y así es como inició una gran pelea. Sir Toper y Ark se atacaban mutuamente con golpes tan rápidos que, si parpadeabas, te los perdías. El furor del Guardia Real se podía ver en sus ojos, que se tornaron blancos. Cada movimiento de su hacha generaba una especie de aire blanco que se movía al baile de su arma. En cambio, Ark solo resistía. —Mírate, ni siquiera la sabes utilizar. ¿Por qué te escogieron a ti si yo soy mucho mejor que tú? —decía Sir Toper furioso. En una de esas, Sir Toper retrocede para agarrar impulso y, con un movimiento veloz, ataca a Ark. —¡La victoria es mía! Pero Ark logra bloquear el golpe. “No puede ser, Enserio tu mi chica del fuego eterno¿Quieres ayudarlo a él en vez de mi?” El rostro de Sir Toper se inundó de tristeza, que luego se volvió a enojo “Entonces haré que caigas junto a él, maldita traicionera” Ahora tenían los dos poderes forcejeando entre sí: blanco y rojo luchando por obtener la victoria, el elegido de las cenizas contra el bendecido desde la cuna. A Sir Toper lo consumía la ira de su orgullo herido, lo que hacía que no pensara con claridad sino con impulso y en una pelea a muerte donde todo se decide por algún error del rival, esta falta de claridad mental cobraba caro. Fue en ese instante que Ark mueve rápidamente su espada, desviando la trayectoria del hacha, y con su mano izquierda agarra el rostro del Guardia. Sus manos ejercieron un gran calor que le quemó el rostro para luego aventarlo al suelo con todas sus fuerzas, quebrando la tierra que estaba a su alrededor. Con un brinco hacia arriba, Ark se eleva en los aires y, empuñando la espada con ambas manos, y recita: —Que el infierno sea testigo de tu poder… sello del destierro... En ese instante, todos los recuerdos de sus victorias venían a su mente: las veces que de niño les ganaba a sus competidores y se burlaba de ellos. —Nunca alcanzarás mi poder, idiota —decía Toper niño. —Una más, dame una oportunidad más —suplicaba el niño derrotado. Recuerda claramente cómo derrotó al príncipe del Reino del Verde Paraíso, humillante para su oponente y glorioso para él. Los aplausos de la gente que se encontraba en el Coliseo de la Miseria, las mujeres ovacionando su nombre con amor. “¿Por qué no me elegiste a mí? ¿Acaso fue mi arrogancia, mi deseo de tomar todo para mí? ¿Acaso fue por abusar del amor que me dieron las mujeres que se entregaron ante mí? Lo admito, sí fui arrogante, fui perverso, pero… ¿por qué él? Una escoria que no tiene renombre, un estúpido que ni siquiera valoró tu poder. No lo entiendo. En todos los aspectos soy mejor: educación, entrenamiento, estratega y visionario. Pero aun así no bastó. El tipo me venció en un parpadeo. Ja. Creo que ahora sí entiendo lo que me dijo mi madre: de nada te sirve ser bueno en todo si pierdes tu alma en el proceso. Entonces fue eso. Perdí mi alma por mi esfuerzo de obtener mis deseos. Perdóname, madre, por entenderlo cuando ya no me queda tiempo”. El cuerpo de Sir Toper, tras recibir el golpe mortal, se convirtió en cenizas que eran llevadas por el viento… CAPÍTULO 5: MISERICORDIA POR AMOR «Vaya, sí que acabaste rápido esta batalla. ¿Serás igual en la cama?» —Para ser un arma santa, sí que eres muy candente... «¿Y qué mal dije? Te volviste conmigo uno en cuerpo y alma cuando tomaste la espada. ¿Luego no es lo mismo cuando una persona tiene sexo?» —Tch… La tranquilidad de un combate terminado fue interrumpida por el sonido del metal. Ante sus ojos, Merodrak y otro oficial estaban luchando contra Yuan y le estaban ganando; incluso se podía observar la sangre que caía del rostro de Yuan mientras él se mantenía en pie. Ark arremete contra ellos. Primero cayó Merodrak, que es